Caesaraugusta (Zaragoza)

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Una nueva firma invitada enriquece el contenido de este blog. Ya van unas cuantas. Y no por ser la más reciente deja de ser menos brillante. En esta ocasión, el autor que escribe en Lugares con historia insta al viajero a descubrir un destino excepcional, repleto de historia, con mayúsculas, y que conoce como nadie porque es originario de sus propias entrañas. Periodista, fotógrafo y escritor, Javier García Blanco ha trabajado y colabora en publicaciones como Historia de Iberia Vieja o programas radiofónicos como La Rosa de los Vientos. Sigue leyendo

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Fuendetodos y la ruta de Goya (Zaragoza)

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Fuendetodos, emplazado en medio de un paisaje desolado, de calor agobiante en verano y de inviernos muy fríos a causa de su altitud (800 metros), es un pueblo de apenas 170 vecinos que no ha cambiado mucho desde que allí vino al mundo un 31 de marzo de 1746 Francisco de Goya y Lucientes. Una placa colocada en la humilde casa de piedra que le vio nacer esa fecha que transformó la historia de la pintura “para honor de la patria y asombro del arte”. Quizás no sea uno de los lugares más turísticos de la hermosa Aragón, pero solo por la historia que aguarda merece la pena su visita. Sigue leyendo

Segeda (Zaragoza)

Numancia pasó a la historia por su enconada resistencia ante el asedio del invasor romano allá por el siglo II a.C en su intento de expansión por la península. Sin embargo, existe otra ciudad celtíbera que fue la desencadenante de aquella contienda y cambió así el rumbo del pasado. Segeda, la mayor urbe prerromana de Aragón, se convirtió en un bastión celtíbero de notable importancia cuya tribu que ocupaba la zona, la de los belos, derrotó al cónsul Quinto Fulvio Nobilior en el 153 a.C. Estos guerreros, aliados a su vez con los arévacos, acabaron con la vida de 6.000 romanos.

La ciudad hoy aragonesa mostró, debido al crecimiento de la población y para defenderse de las invasiones foráneas, su intención de ampliar sus murallas. Este argumento fue la excusa que necesitaron los romanos para iniciar las Guerras Celtibéricas en territorio hispano, que duraron casi medio siglo. El Senado itálico envió a Segeda 30.000 hombres, según las crónicas. Sus habitantes huyeron hasta Numancia. Segeda fue aniquilada y desapareció del mapa. Pero su recuerdo sigue latente.

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Parte de lo poco que queda en pie de la antigua ciudad celtibérica de Segeda./Antonio Pérez Perona

Segeda también cobra más protagonismo en la historia si cabe, al obligar a los romanos a remodelar su calendario el 134 a.C. Según el que imperaba hasta por aquel entonces, el año comenzaba en marzo, que era la fecha elegida para escoger a los cónsules. Pero los romanos lo cambiaron al 1 de enero para poder nombrar con celeridad a Publio Cornelio Escipión Emiliano al frente del ejército con el fin de conquistar la ciudad aragonesa, un lugar con mucha historia

Segeda, en la comarca de Calatayud, se ubica en el yacimiento arqueológico del Poyo de Mara, entre las poblaciones de Mara y Belmonte de Gracián. Sus ruinas son visitables. Y gozó de notable relevancia, pues acuñó moneda propia en el siglo II a.C. Su dimensión llegó a abarcar las 35 hectáreas distribuidas en varias zonas, que la convirtieron en la mayor urbe de su época en la zona norte de la península. Fue más del doble de grande que Numancia.

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El espectacular observatorio astronómico localizado en Segeda

De entre los restos encontrados, tras las excavaciones efectuadas y después de descubrirse la estructura urbana de Segeda, destaca un lagar, el único de la época hallado al norte del Tajo, el más antiguo localizado en Europa (siglo V a.C.), y una mansión de 300 metros cuadrados con patio central y sistema de depuración de agua de boca, denominada Casa del Estrigilo. Parte de los historiadores consideran que ésta pudo haber sido el Senado de la ciudad. Y aún queda mucho por excavar…

Pero por encima de todos, sobresale un santuario celtibérico, el único calendario de ciclo lunisolar conservado desde la antigüedad en todo el Mediterráneo. De planta romboidal y sito fuera de la muralla de Segeda, al aire libre, sus muros se unían con esta plataforma monumental conformando un ángulo de 130 grados, algo fuera de lo común para la arquitectura de la época. Dicho ángulo se alineaba con un cerro próximo, la Atalaya, y su dirección marcaba el solsticio de verano, el día más largo del año. También fue empleado como observatorio astronómico.

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Restos de una fragua en el yacimiento de Segeda./Yurena Rodríguez Rodríguez

Se trata, sin lugar a la duda, de una construcción excepcional, única. Datado del siglo II de nuestra era, el santuario se levantó con la mira puesta en las distintas orientaciones astronómicas. Su hallazgo ha permitido conocer el interés que mostraron los celtíberos por los movimientos rotacionales del sol y la luna como manera de medir el tiempo. Esta tribu contabilizaba el tiempo por noches, y no por días, pero eso no significa que no veneraran al sol. Para ellos, los solsticios y equinoccios eran muy importantes, y tenían ritos y celebraciones para conmemorar esas fechas.

La cercanía del yacimiento de Segeda con la localidad de Belmonte de Gracián la puede aprovechar el viajero para acercarse hasta la iglesia de San Miguel, uno de los destinos no tan turísticos de Aragón. Y si tiene ganas de más, y le apasiona el arte, puede incluir este pueblo dentro de la estupenda ruta por el mudéjar aragonés, símbolo de la convivencia entre árabes y cristianos. De la que Tarazona y Calatayud son dos magníficos exponentes. Todavía quedan muchos lugares para conocer en Aragón.

 

Dónde dormir: Hotel Castillo de Ayud; Avda de la Diputación, 8; Calatayud (Zaragoza); teléfono: 976880088.

Dónde comer: Mesón de las Dolores; Calle Sancho y Gil, 4; Calatayud (Zaragoza); teléfono: 976889055.

Mapa Segeda

Belchite (Zaragoza)

Del pueblo que vio nacer a Francisco de Goya y Cifuentes (Fuendetodos) a Belchite hay una veintena de escasos kilómetros que le merece la pena recorrer al viajero, pues esta localidad de poco más de 1.600 habitantes trabaja para convertir el viejo Belchite, totalmente destruido durante la Guerra Civil en agosto de 1937, en un museo de las consecuencias de la guerra.

El perfil descalabrado de la población sigue en parte en pie pese al tiempo transcurrido. Las ruinas, unas cuantas calles solitarias, una plaza o el esqueleto de la iglesia mudéjar de San Martín, se han degradado bastante, pero todavía son evocadoras como para atraer miles de visitantes. Otros restos visitables son las ruinas de la Torre del Reloj (antigua Iglesia de San Juan), del siglo XVI, las del Convento de San Rafael o las del Convento de San Agustín.

Vista general de la desolada localidad de Belchite./ecelan

En lugar de su reconstrucción, el régimen de Franco decidió crear un pueblo nuevo al lado, para dejar intactas las ruinas del anterior como recuerdo de la contienda y de lo que se consideraron “excesos” del bando vencido. El proyecto que maneja el Ayuntamiento es el de consolidar las estructuras de los edificios más representativos como iglesias, puertas de entrada y arcos.

Mucho antes de ser víctima de la destrucción de la guerra, Belchite perteneció hasta 1118 a la Taifa de Zaragoza. Después fue conquistada por Alfonso I de Aragón, el Batallador. También tuvo lugar aquí otro enfrentamiento bélico de trascendencia para la historia de España: la batalla de Belchite de 1809 en plena Guerra de la Independencia.

Solo quedan en pie ruinas de edificios tras los bombardeos de la Guerra Civil./ecelan

Los franceses ganaron aquella batalla y Napoleón hizo inscribir el nombre de Belchite en el arco del triunfo de París. Un pasado truculento: Y eso sin contar las sangrientas confrontaciones que tuvieron romanos y cartagineses en la zona durante las guerras púnicas.

Belchite se convirtió en uno de los pueblos más prósperos de principios del siglo XX en la provincia de Zaragoza. Entre sus bellos muros de estilo mudéjar llegaron a contabilizarse dos conventos y varias iglesias, símbolo de la buena salud económica de la comarca.

El pueblo antiguo de Belchite es un museo dedicado a los horrores de la guerra./Tamorlan

El antiguo Belchite, que los vecinos abandonaron en los sesenta para trasladarse a la moderna ciudad levantada en sus inmediaciones, es desde hace años un interesante foco de atracción turística. Cerca del pueblo se encuentran dos parajes esteparios de sumo interés ecológico en los que se refugia una fauna y una vegetación muy peculiar: la balsa del Planerón y La Lomaza.

A destacar también el Museo Etnológico y el Santuario de Nuestra Señora del Pueyo. La localidad aragonesa, debido a su particular geografía, ha sido escenario de rodaje de varias películas como Las aventuras del Barón Munchausen o El laberinto del fauno. De Belchite desciende el cantautor catalán Joan Manuel Serrat.

El recuerdo de los desastres del pasado todavía permanece vivo en las ruinas de Belchite. Con la idea de que no se repita una historia tran truculenta en el futuro, el viajero puede disfrutar de otra óptica distinta sobre las consecuencias de una guerra que marcó el devenir de nuestro país. Aquí podéis obtener más infomación si queréis visitar Belchite:

Los restos de la iglesia de San Agustín aguantan como pueden en pie./ecelan

Con un interesante fotomontaje y una ambientación sonora acorde con la calidad de las imágenes, os vuelvo a dejar con la ración semanal de vídeo, en esta ocasión correspondiente a un lugar con mucha historia, Belchite:

fuente: SirJABAT

Dónde dormir: Hotel Capricho de Goya; Paseo Vista Alegre, 5; Fuendetodos (Zaragoza); teléfono: 976143890.

Dónde comer: Restaurante El Pueyo; Camino C, 2; Belchite (Zaragoza); teléfono: 976830827.

Tarazona (Zaragoza)

Enclavada a las faldas del Moncayo, la montaña más alta del Sistema Ibérico, la ciudad zaragozana de Tarazona posee un particular encanto debido al embrujo de su aire mudéjar, que ha sabido plasmarse en unos hermosos edificios amalgama de los muchos siglos de historia que ampara.

Encrucijada de caminos en Aragón, Navarra, Castilla León y La Rioja, Tarazona es una singular urbe mudéjar cuyo casco antiguo ha sido declarado Conjunto Monumental y Bien de Interés Cultural. Mezcla de culturas y religiones, conserva restos históricos desde fines del siglo I a.C.

Panorámica de Tarazona./ Marc Climent

Su devenir histórico queda también impreso en su leyenda, tal como reza el escudo de la ciudad, que fue edificada por Tubal Caín y reedificada por Hércules. Los vestigios arqueológicos, numismáticos y toponímicos indican que existió un asentamiento celtibérico. Con la conquista romana, cuando pasó a llamarse Turiaso, la urbe se amplió con una muralla que la protegió hasta bien entrada la reconquista cristiana.

Pese a la devastación que sufrió Tarazona a manos de los visigodos, terminó convirtiéndose en una de sus fortalezas más importantes. Hacia el siglo VI, la ciudad fue ocupada por los musulmanes. La Reconquista convierte a la ciudad en una mezcolanza ejemplar de convivencia entre cristianos, judíos y musulmanes.

Casco viejo de la ciudad zaragozana./ Zarateman

Tarazona es una localidad episcopal y mudéjar. Su catedral, Monumento Histórico Artístico, es una de las más singulares de las nueve que tiene Aragón, ya que suma al gótico primitivo el mudéjar de sus torres y cimborrio, y su fachada renacentista.

Alejado de la catedral se localiza el Palacio Episcopal y la iglesia de la Magdalena. El primero, que domina desde lo alto la comarca y el término municipal, es del XVI. Ésta última es la primera catedral cristiana de Tarazona tras la conquista de la ciudad a manos del rey Alfonso I el Batallador de Aragón. Posee una majestuosa y esbelta torre mudéjar.

Torre de la catedral de Tarazona./ Martpan

El viajero también puede decantarse por acercarse hasta el Ayuntamiento (siglo XVI) para admirar su fachada, de portada renacentista, que tiene relieves de los seres mitológicos Hércules, Pierres y Caco, así como de la coronación del emperador Carlos V.

También de interés son la Iglesia Parroquial de San Miguel, de estilo gótico y asentada sobre el antiguo solar de la mezquita árabe, la Iglesia Parroquial de Santa Teresa, que protege un sarcófago paleocristiano del siglo III o la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced (siglo XV)

De la Iglesia de San Francisco dicen que fue fundada, según la tradición, por el propio San Francisco de Asís en 1214. Para completar el recorrido religioso, se puede pasar por el Convento de las Carmelitas de Santa Ana, el Convento de las Carmelitas de San Joaquín, el Convento de las Franciscanas de la Concepción, la iglesia de San Vicente Mártir, la de la Virgen del Río, la de San Atilano o la Ermita de San Juan Bautista (siglo XVII).

La ciudad maña, mezcla de culturas./ Miguel Ángel García

Merece la pena visitar, asimismo, la calle de la Judería donde se hallan las casas colgadas, la plaza de los Héroes de África, a calle Mártires de la Tradición Turiasonense (donde se ubica el palacio de los Gil de Borja), o la calle Verde, que alberga la casa de los Linares (siglo XVIII).

La ciudad maña posee también una plaza de toros poligonal del siglo XVIII formada por viviendas que se usan todavía. Se trata de una de las más antiguas de España.

Os dejo con un repaso de la catedral de Tarazona:

Calatayud (Zaragoza)

Calatayud divide su corazón entre el glorioso recuerdo de Roma, la Bilbilis Augusta, patria del gran poeta Marcial, y la potente tradición mudéjar. La localidad zaragozana aparece en el paisaje con el ímpetu de una urbe monumental que manifiesta la fusión de varios estilos.

La superposición de las culturas romana, musulmana y mudéjar que pasaron y dejaron su huella por estos lares confieren a Calatayud, cuyo nombre deriva del caudillo árabe que gobernó esta plaza fortificada, un aspecto único y original en todo el país.

Panorámica de la ciudad de Calatayud./luidger

En el siglo XV se produjeron en la localidad sendos acontecimientos de importancia: la coronación de Fernando II como rey de Aragón en 1461, y la firma, en 1481, de la Carta de Calatayud entre los Reyes Católicos y Fernando de Guanarteme, por la que los reinos canarios se incorporaban a la Corona de Castilla.

La antigua Bilbilis ocupa un cerro que domina el río Jalón. Alcanzó su máximo esplendor en el siglo I de nuestra era. Tuvo foro, teatro, villas, termas, viviendas y recinto amurallado. La visita hay que comenzarla con la subida al conjunto fortificado islámico, del siglo IX, que lo convierte en el más antiguo de su clase en la península.

Colegiata del Santo Sepulcro./Ecelan

Su soberbia colegiata de Santa María (siglos XIV-XVI) abruma al viajero. Llama la atención la torre octogonal embellecida con motivos geométricos de ladrillo. Es una torre conversa que no disimula su antigua condición de alminar. La portada renacentista está elaborada con alabastro.

Otra hermosa torre mudéjar y octogonal es la de San Andrés (siglos XV-XVI), encaje de vanos apuntados, celosías, rombos, cruces y esquinillas, que preside el perfil de la ciudad. El paseo puede proseguir por el santuario de Nuestra Señora de la Peña (siglo XIV) y la colegiata del Santo Sepulcro (siglo XIV), gótico-mudéjar.

Iglesia de San Andrés./zarateman

El patrimonio militar de la urbe maña junta tantos castillos en tan poco espacio que llega a pecar de reiterativo. Destacan el castillo Mayor, la torre Mocha y la puerta de Terrer, con su fuente de los Ocho Caños. El patrimonio civil va igualmente sobrado de palacios y casas solariegas, de entre las que sobresale el Ayuntamiento.

Puerta de Terrer./luidger

Como curiosidad, tampoco debe faltar la visita al mesón de La Dolores, que debe su nombre a la leyenda que se popularizó por toda España gracias a la música, la pintura, la novela, la poesía e incluso el cine. Fue la historia de una moza honesta y generosa que se ganaba la vida en un mesón de Calatayud y de la que varios personajes quedaron perdidamente enamorados.

Interesante vídeo que muestra la recreación virtual de la Calatayud romana:

Sos del Rey Católico (Zaragoza)

Emplazado en el Preprinieo aragonés, entre sierras y barrancos de la provincia de Zaragoza, en pleno corazón medieval de las Cinco Villas, emerge el pequeño pueblo en el que nació Fernando de Aragón en 1452, consorte de Isabel la Católica y príncipe que inspiró a Maquiavelo.

Pocos municipios de España y aun de Europa se comparan a Sos en defensas naturales y artificiales. Sobre una peña que domina el valle, cuenta con un imponente recinto de murallas (siglo XI) al que se ingresa por siete torres puerta y una potente torre del homenaje. En esta se puede visitar el Museo de la Torre, que muestra la evolución de la villa desde la Edad Media.

Su aislamiento natural ha regalado a esta localidad escondida una fisonomía a la antigua usanza. Se trata de un lugar por el que parece no haber pasado el tiempo. En Sos del Rey Católico las piedras se transforman en poesía.

El callejeo empedrado del municipio, declarado Conjunto Histórico-Artístico, nos conduce a sus múltiples casonas nobiliarias (palacio de Sada, Lonja medieval, Ayuntamiento…) dispersas entre más humildes construcciones de arquitectura popular. En concreto, la Lonja toma forma de clásico soportal medieval muy similar a los de otros conjuntos históricos de Aragón, con cuatro arcos apuntados y un aljibe en su interior.

En la iglesia de San Esteban nos topamos con una portada románica de interés y una cripta con excelentes frescos románicos. En su pila fue bautizado el que sería futuro Rey Católico. Sos cuenta, además, con un colosal castillo de época de Ramiro II (siglo XII)

Las vistas que ofrece su parador de turismo dirigidas a los Pirineos, son incomparables. Y su gastronomía, también excelente: ternasco de Aragón, pollo al chilindrón, melocotón de Calanda al vino,… En Sos se rodó la película La Vaquilla(1985) de Luis García Berlanga, en la que actuaron como extras muchos de los vecinos.

Aquí os dejo un nuevo vídeo para que disfrutéis del bello municipio aragonés de Sos. Siempre resulta un placer volver al pueblo.