Ureña (Valladolid)

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Al sureste de Valladolid, por la carretera N-VI, cerca de Peñafiel, surge Ureña, un minúsculo pueblo fortificado que conserva en pie parte de sus murallas. La sorpresa llega cuando el viajero traspasa las viejas y bien conservadas fortificaciones (siglo XIII) que han contemplado en la historia y aún se mantienen enhiestas como un viejo guerrero que se resiste a morir. Entonces, el viajero descubre que en este menudo pueblo de apenas 200 habitantes existe más de una decena de librerías de viejo que reciben visitas y peregrinaciones de turistas cultos. Ureña es la primera Villa del Libro de España, uno de los lugares no turísticos a priori con historia de Valladolid, y que apasiona nada más conocerla. Sigue leyendo

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Villalar de los Comuneros (Valladolid)

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“Castilla y España entera se siente comunera”. El viajero, en su ruta por la España con historia, hace parada en la que está considerada como cuna del nacionalismo castellano y símbolo de la lucha de los pueblos por la libertad. Se trata de Villalar de los Comuneros, un pequeño pueblo declarado Bien de Interés Cultural con categoría de sitio histórico porque pasado tiene mucho, demasiado. De hecho, la mayor fiesta del pueblo es la celebración del Día Nacional de Castilla, que conmemora la derrota de los comuneros el 23 de abril de 1521. Uno de los lugares con más historia de Castilla y, por extensión de España. Sigue leyendo

Simancas (Valladolid)

A través de la carretera N-620, a una decena de kilómetros de Valladolid y a orillas del Pisuerga, que corre paralela al emblemático Duero, aparece, a ojos del viajero exhausto la localidad de Simancas, que algunos historiadores identifican con la ciudad romana de Septimanca, situada en dominio de los vacceos, una tribu celtíbera de la Meseta Norte.

En el año 753 de nuestra era Alfonso I la conquistó temporalmente a los árabes, pero la perdió debido a su posición estratégica en la ‘línea del Duero’. En el 883 Alfonso III la reconquistó definitivamente. En el año 939 Ramiro II venció a Abderramán III en la batalla de Alhandega y consolidó la frontera leonesa.

A partir del siglo XI el municipio de Simancas perdió su posición estratégica y en el año 1255 quedó incorporada al término municipal de Valladolid. El topónimo de Simancas se atribuye a la leyenda de ‘Siete Mancas’, en memoria de otras tantas doncellas del lugar que se cortaron las manos para desanimar a unos moros salaces que pretendían atentar contra su honestidad.

Simancas y el puente medieval visto desde arriba y el pisuerga

Vista de Simancas desde el río Pisuerga./Leofenix

Ya en el siglo XIX, en concreto en 1813, hubo una nueva contienda bélica en Simancas que enfrentó a las tropas aliadas (formadas por españoles, ingleses y portugueses), mandadas por Wellington, contra las tropas de Napoleón en plena Guerra de la Independencia, que se batieron en retirada tras la batalla de los Arapiles.

El hermoso castillo de Simancas (siglo XV), rodeado de murallas y convertido en 1540 en Archivo General del Reino, sirvió de prisión en tiempos de los Reyes Católicos. Construido por el poderoso linaje de los Enríquez, fue cedido con posterioridad a Carlos V y sufrió una gran reforma cuando Felipe II decidió instalar en él sus Archivos Generales y encargó el nuevo diseño a su arquitecto favorito a Juan de Herrera el de El Escorial.

Fortaleza y Archivo de Simancas

Castillo de Simancas./Rabiespierre

En el edificio actual de la fortaleza se distinguen un recinto exterior (pentagonal, guarnecido de torreones cilíndricos y de amplio foso) y el interior, muy transformado para adaptarlo a su función de archivo. Tras su reforma, el castillo es visitable en la capilla de la fortaleza, una de las salas de investigación y la sala de exposiciones. Conserva una interesante colección de joyas documentales sobre los derechos monárquicos y la gestión imperial.

Y es que el Archivo General de Simancas, uno de los más importantes de Europa, merece la pena ser recordado en la visita del viajero. Conserva, nada más y menos, que toda la documentación producida por los organismos de gobierno de la monarquía hispánica desde la época de los Reyes Católicos (1475) hasta la entrada del Régimen Liberal (1834). Es el fondo documental más homogéneo y completo de nuestra memoria histórica de los siglos XVI al XVIII.

templo religioso de El Salvador de Simancas

Iglesia de El Salvador./Trasgo82

El casco urbano de Simancas, declarado Bien de Interés Cultural, invita al viajero a un agradable paseo con algún alto en los bares. Tampoco desagrada un camino hacia la ribera del Pisuerga para contemplar el bello paisaje que se divisa desde la orilla opuesta, con el pueblo y el puente romano de 17 ojos al fondo, aunque en realidad sea medieval.

En la iglesia del Salvador, románica, se conserva un retablo mayor (siglo XVI) de Inocencio Berruguete y Juan Bautista Beltrán; un retablo renacentista, de Antonio Vázquez; un retablo (siglo XVI) de Francisco de la Maza; y una cruz de plata del siglo XVI.

Simancas no es el único lugar con historia recomendable para rememorar la presencia de los Reyes Católicos y descendientes por tierras del antiguo reino leonés. Otros lugares como Arévalo, Tordesillas, Madrigal de las Altas Torres o Toro presentan recorridos con un notable pasado de peso. Ideal para una escapada de fin semana. O varias.

Dónde dormir: Hotel Las Tercias; C/ Tercias, 4; 47130 Simancas (Valladolid); teléfono: 983590482.

Dónde comer: El Mirador de Simancas; C/ de General Arana; Simancas (Valladolid); teléfono: 983590767.

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Canal de Castilla (Castilla y León)

A las afueras de la localidad castellana de Alar del Rey el viajero se ve obligado a detenerse para ver el Canal de Castilla, un río artificial encajado en paredes cóncavas de bien encuadrados sillares. El canal es una de las obras más importantes que dejó en España la Ilustración del siglo XVIII, cuando las autoridades se preocuparon del bienestar y el progreso de los pueblos y no solo por ganar las próximas elecciones y mantener la poltrona.

La idea era abrir un canal que facilitara las comunicaciones interiores e incluso llegara al mar Cantábrico y permitir de esta forma, romper el aislamiento al que estaba sometida la meseta castellana y leonesa debido a su accidentada orografía. Entonces el transporte de mercancías, que dependía de arrieros y carreteros, era lento y caro.

tramo del canal de castilla

El Canal de Castilla a su paso por Medina de Rioseco./Rodelar

Esta tremenda vía fluvial fue ideada por Fernando VI y su ministro más influyente, el Marqués de la Ensenada con la idea de impulsar la economía patria. Las obras duraron casi un siglo, hasta 1849, pero una parte entró ya en servicio a finales del siglo XVIII. El transporte se hacía por medio de barcazas impulsadas por caballos y bueyes que tiraban de ellas desde los arrecifes de la orilla. Llegó a haber hasta 300 de ellas.

El proyecto inicial contempló la construcción de cuatro grandes canales que unirían Segovia con Reinosa, en Cantabria, y llegar al mar por el puerto de Santander. De Reinosa continuaría hasta Calahorra de Ribas (Palencia), para proseguir hasta Medina del Rioseco (Valladolid) por la comarca de Tierra de Campos. Para desembocar en el Río Pisuerga. Pero esta idea se truncó. La obra quedó inconclusa, pero ha legado más de 200 kilómetros de cauce navegable dividido en tres ramales.

obra de ingeniería civil es el canal de castilla

El Canal de Castilla es una impresionante obra de ingeniería./Zarateman

El Canal de Castilla une Medina de Rioseco, Palencia, Valladolid y Alar del Rey. Esta última, a 80 kilómetros de Palencia, supone el límite norte del canal. 75 kilómetros y 24 esclusas discurren más las aguas hasta llegar a Calahorra de Ribas, donde se bifurcan dos ramales. El discurrir fluvial permite al viajero conocer dos parajes de singular belleza monumental: Herrera del Pisuerga y Frómista.

El ramal de Campos, de casi 80 kilómetros de extensión, enlaza Calahorra de Ribas con Medina de Rioseco. A lo largo de este tramo, el viajero puede optar por conocer las maravillas que esconden Monzón de Campos, Paredes de Nava o la propia Medina de Rioseco, conocida antaño como la India Chica por las riquezas que albergó.

Mientras, por el ramal sur la ruta conduce de Calahorra a Palencia, la primera capital por la que se adentra el Canal de Castilla. Medio centenar de kilómetros después arriba hasta Valladolid, ciudad monumental donde las haya donde murió Cristóbal Colón y nació Felipe II. Sin duda se convirtió en la ciudad más importante de la Corona de Castilla durante la Edad Media.

uno de los tantos embarcaderos del canal de castilla

Embarcadero del Canal de Castilla en Medina de Rioseco./Josemanuel

Aquí finaliza el trayecto del Canal de Castilla. Ahora, el canal sirve solo para los regadíos. Como transporte decayó con el ferrocarril y finalmente se cerró a la navegación en 1959. Las carreteras de alrededor y los caminos rurales que bordean el canal permiten en la actualidad que el viajero pueda disfrutar del paraje y la naturaleza a pie, en bicicleta o piragua.

Emitido por La 2 de Televisión Española, este vídeo que os dejo disfrutar a continuación es el primero de una serie de cuatro capítulos que se embarca en una aventura navegable por el Canal de Castilla. Conviene detenerse, respirar hondo y dejarse llevar por unas bellas imágenes que nos recuerdan uno de los lugares con historia de nuestro país:

Dónde dormir: Hotel Vittoria Colonna; C/ San Juan, 2-b; Medina de Rioseco (Valladolid); teléfono: 983725087.

Dónde comer: Restaurante La Cueva; Conde de Vallellano, 6; 34480 Alar del Rey (Palencia); teléfono: 979133066.

Olmedo (Valladolid)

Al sur de Valladolid, por la carretera N-601, a unos 45 kilómetros de la capital, Olmedo, de casi 4.000 habitantes, se alza como principal enclave de la arquitectura mudéjar de Castilla, inmortalizado por Lope de Vega en su tragicomedia de tres actos El caballero de Olmedo. La localidad castellana da la bienvenida al viajero con los restos que aún conserva de muralla y dos solemnes puertas de entrada. La villa presume de ser cuna de caballeros y motivo de inspiración de grandes escritores del pasado.

Hubo un tiempo en que a Olmedo lo apellidaban la Villa de los Siete Sietes por agrupar siete pueblos, tener siete puertas en la muralla, siete iglesias, siete conventos, siete plazas, siete caños de agua y siete linajes. En esta enumeración se advierte de que el municipio vallisoletano es y ha sido un pueblo importante y rico. Ya lo aseveraba este dicho popular: “Quien señor de Castilla quiera ser, a Olmedo de su parte ha de tener”. Olmedo pasó en 1093, a manos castellanas tras ser conquistada a los musulmanes, en concreto al monarca castellano y leonés Alfonso VI, quien repobló la localidad.

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Olmedo conserva su paisaje medieval./Jose Luis Cernadas Iglesias

Olmedo, que viene de olmo porque en su término abundaba este noble árbol, aunque ahora no tanto, es un pueblo de soportales. El viajero debe ir, como es costumbre, a la plaza Mayor, donde se aloja el ayuntamiento y la antigua cárcel, para luego callejear por calles señoriales con escudos blasonados y buscar las iglesias mudéjares de San Miguel y de San Andrés (siglo XIII), con particularidad el ábside de San Andrés, en el que encontrará un recital de lindezas que los albañiles antiguos eran capaces de sacar del ladrillo.

Algunas casas solariegas adornan el casco urbano, como la mansión de los Olmedilla, del siglo XVI. Sin embargo, el principal monumento es la iglesia de Santa María, cuya capilla mayor tiene bóveda de crucería, un retablo mayor plateresco y una bella sillería. La iglesia de San Juan, de estilo gótico-mudéjar, conserva el panteón de la familia Cotes, de sepulcros platerescos.

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Estatua dedicada al Caballero de Olmedo./Lourdes Cardenal

La iglesia del convento de la Merced, barroca, ofrece decoración de gran mérito artístico. Otros puntos destacados que merecen la atención del viajero son la Fuente del Caño Nuevo, la Casa de los Dávila o el Arco de la Villa.

Más interesantes de apreciar son las murallas de Olmedo, que bajo su protección acontecieron dos batallas que llevan el nombre de la villa. En la primera fueron derrotados los Infantes de Aragón y en la segunda se lograría imponer el Pacto de Guisando.

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Numerosos son los monumentos reproducidos a escala en el Parque Mudéjar./El Pantera

Los aficionados al capricho, a la rareza, a la miniatura y al kitsch no tienen que olvidar visitar el Parque Temático del Mudéjar, una didáctica exposición de réplicas a escala de famosos monumentos mudéjares, como el castillo de Coca o las iglesias de Valladolid; además tiene bar restaurante, zonas de recreo, paseos, juegos de agua, lagos y un tren en miniatura. Una loable y didáctica puesta en valor del patrimonio de la zona.

En los alrededores de Olmedo se halla el monasterio de la Mejorada, que cuenta con una capilla funeraria mudéjar que guarda cinco sepulcros gótico-mudéjares. Antes de abandonar la localidad, hacer mención al Festival de Teatro Clásico, que goza de reputación.

Con una estética muy bien cuidada, este vídeo que os dejo a continuación ensalza con argumentos de peso las virtudes que atraen, sin duda, la atención del viajero. Olmedo se configura como un destino ideal para una escapada de un fin de semana de turismo rural, por ejemplo. Yo de ti no me perdería su visita:

Dónde dormir: Hotel Andén; Camino Estación s/n; Olmedo (Valladolid) teléfono: 983601919; hotel@hotelanden.es.

Dónde comer: El caballero de Olmedo; Calle Arco de San Francisco, 2; Olmedo (Valladolid) teléfono: 983601338; info@elcaballerodeolmedo.com.

Peñafiel (Valladolid)

En un punto medio de la carretera N-122, que une Valladolid con la localidad de Aranda de Duero, surge, elegante y señorial, Peñafiel, dominada por la imponente mole de su espectacular castillo (siglo X) Declarado Monumento Nacional, figura entre las más bellas construcciones de Castilla y está repleto de una apasionante historia intramuros.

El castillo de Peñafiel es largo y fino como una daga en la cresta roqueda sobre la que se asienta. Desde muy lejos, en el paisaje llano que abarca las riberas del Duero y el Duratón, la fortaleza y su torre del homenaje avisan que las vides y los trigos tienen dueño. En este castillo se refugió Alfonso I el Batallador acosado por su esposa Urraca de Castilla. También moraron aquí el infante don Juan Manuel (autor de El conde Lucanor y sobrino del rey Alfonso X el Sabio), y el codicioso señor de horca y cuchillo don Pedro Téllez Girón, maestre de Calatrava (siglo XV)

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Castillo medieval de Peñafiel./Numisfiel

El castillo alberga el Museo del Vino, dos planas de exposición que explican al viajero de la manera más didáctica la historia de los caldos, amén de ofrecer un cursillo acelerado de viticultura. El cerro de la fortaleza está minado de bodegas subterráneas, algunas de hasta 200 metros de galerías donde se trata el vino a temperatura constante.

No obstante, antes de la presencia castellana por estas tierras, el origen de Peñafiel se remonta a culturas prehistóricas, al haberse encontrado restos de asentamientos vacceos en los alrededores. Aunque es durante la Reconquista cuando a desarrolla un importante núcleo urbano. Desde su fundación en el año 1013, Peñafiel albergó un gran número de edificios civiles y religiosos de lustre. Así, desde la Edad Media llegó a contar con hasta 18 iglesias, tres conventos y seis ermitas.

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Convento de San Pablo./Zarateman

De la veintena de edificios religiosos que tenía Peñafiel, la mayoría han desaparecido. De la antigua iglesia de San Esteban, en sus orígenes románica, se conserva la torre del Reloj. La iglesia del convento de San Pablo (siglo XIV), construida por el infante don Juan Manuel para servirle de sepultura, guarda en su interior diversos motivos ornamentales junto a ménsulas, escudos y ángeles. Se levantó sobre el antiguo alcázar de Alfonso X,

La iglesia de Santa María muestra un depurado estilo plateresco. En su interior se ve el Retablo de la Virgen de Pajares (siglo XVIII) y un Museo de Arte Sacro con diversas piezas de interés. La iglesia de San Miguel de Reoyo (siglo XVI), de estilo herreriano, presenta portada de medio punto flanqueada por columnas y rematada por un frontón. Tiene pinturas al fresco en el ábside. Por su parte, la iglesia del convento de Santa Clara ofrece una cúpula decorada con yeserías y cuatro retablos barrocos con columnas salomónicas del siglo XVIII.

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La Plaza del Coso./Barcex

Antes de abandonar Peñafiel debe visitarse la plaza del Coso, donde en la Edad Media se celebraban las corridas de toros que perduran en la actualidad. Se encuentra rodeada de edificios antiguos levantados en adobe, piedra y madera, con balcones decorados con motivos florales. En los alrededores de la localidad, varios puentes merecen la atención del viajero: el Puente de la Leona y el Puente de la Judería.

No se puede obviar la destacada presencia que el vino tiene en estas tierras. El castillo domina sobre el cerro sus fértiles tierras, cubiertas de cepas. Los viñedos de Peñafiel marcan el devenir de la vida y la actividad cotidiana de sus lugareños, donde se concentra el mayor número de bodegas de las más destacadas y mejor consideradas de los bien afamados vinos de la Denominación de Origen Ribera del Duero. Toda una delicia visual, olfativa y, sobre todo, gustativa.

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Bodega de Protos diseñada por Richard Rogers./Danidemanu

Una de las más destacadas es la Bodega Protos, que, con más de dos kilómetros de galerías y nada menos que 3.000 barricas, es la mayor de toda la zona. Fueron ampliadas por el popular arquitecto británico Richard Rogers, ganador del Premio Pritzker.

Nada mejor que disfrutar de un pequeño resumen visual de lo que le espera al viajero si tiene la intención de hacer las maletas y emprender rumbo a esta coqueta localidad vallisoletana. Peñafiel es algo más que un referente turístico de la comunidad de Castilla León. Dale al play y disfruta de lo que te espera:

También puedes obtener más información de Peñafiel aquí.

Dónde dormir: Hotel Ribera del Duero; avenida Escalona, 17; 47300, Peñafiel (Valladolid) teléfono: 983873111.

Dónde comer: Restaurante Molino de Palacios; avenida de la Constitución, 16; 47300, Peñafiel (Valladolid) teléfono: 983880505.

Tordesillas (Valladolid)

A escasos 30 kilómetros de Valladolid se emplaza Tordesillas, localidad señorial de lustre y pasado histórico conocida por el tratado del siglo XV que lleva su nombre y que posibilitó que los Reyes Católicos acordaran con el rey de Portugal, Juan II, el reparto de las tierras conquistadas en el Nuevo Mundo mediante una línea divisoria del Océano Atlántico y de los territorios adyacentes.

Emplazada a orillas del río Duero, la villa castellano leonesa, declarada Conjunto Histórico Artístico, traslada al viajero al esplendor de los siglos XV y XVI. Fue aquí donde, en 1509, llegó la reina Juana I de Castilla para permanecer hasta su muerte en 1555.

La porticada Plaza Mayor (donde se ubica el Ayuntamiento), iglesias como San Pedro, Santa María, San Antolín (que tiene tallas de Pedro de Mena) y casas nobles como las del Tratado (declarada Bien de Interés Cultural), donde se ubica el Museo del Tratado de Tordesillas atestiguan su noble pasado y presente monumental. La oferta museística se amplía con el Museo del Encaje de Castilla y León y el Museo de la Radio, con 450 piezas catalogadas.

Cerca de la iglesia de San Antolín, tras unos jardines y dejando caer parte de sus muros al Duero, se erige de forma elegante y desde el siglo XIV el Real Monasterio de Santa Clara, de estilo mudéjar. Fue en su origen el palacio que el rey Alfonso XI construyó en Tordesillas con ocasión de su victoria en la batalla del Salado frente a los benimerines.

En este monasterio estuvo recluida la reina Juana la Loca durante 46 años. De su época se puede contemplar el órgano realejo que le perteneció, así como otras colecciones de pinturas, esculturas o mobiliario diverso.

Cómo no, merece la pena también acercarse a visitar el puente puente medieval, en piedra de sillería con diez ojos de arco apuntado. Y para completar la jornada viajera resulta recomendable, junto al Real Monasterio, contemplar asimismo los Baños Árabes, construidos siguiendo el modelo de otras construcciones similares del siglo XI.

Os dejo un nuevo vídeo resumen de Tordesillas:

Medina del Campo (Valladolid)

La localidad vallisoletana de Medina del Campo merece una obligada visita solo para disfrutar de la historia que encierra en su interior dos espectaculares torres miradores, la de la Colegiata de San Antolín, de 1117, y la torre del homenaje del Castillo de la Mota, de casi 40 metros de altura. En esta fortaleza residió Juana la Loca antes de que el edificio albergara una prisión. Hernando Pizarro, César Borgia o el conde Aranda fueron algunos de sus ilustres reos. Hoy se puede visitar de martes a sábado por cuatro euros.

Por su parte, la monumentalidad de la Colegiata de San Antolín, obra de Juan Gil de Hontañón, custodia el pendón de los Reyes Católicos. Los orígenes del municipio castellano leonés se remontan a la época prerrománica y cuyo auge tuvo lugar en la Edad Media con sus famosas ferias y mercados de amplio renombre internacional.

La mayoría de ellos tenían lugar en la Plaza Mayor, un inmenso espacio abierto acotado por edificios asoportados, plenos de la oferta comercial y administrativa que marcan el pulso local. Aquí se concentran los grandes edificios representativos de los tres poderes tradicionales: el Municipio (Ayuntamiento), la Iglesia (Colegiata de San Antolín) y la Corona (Palacio Real).

En 1978, el casco histórico de Medina fue declarado Conjunto Histórico Artístico. La localidad vallisoletana es, además, la capital de la Denominación de Origen Rueda, importante zona dedicada a la elaboración de vino desde hace siglos en la comarca, donde hay más de 80 bodegas.

Aquella intensa actividad comercial que se desarrolló entre los siglos XV y XVI propició la construcción de numerosos edificios civiles y religiosos. De entre ellos destaca el Convento de Santa María Magdalena, que cuenta con un templo gótico decorado con bellos frescos de Luis Vélez, además de un magnífico Calvario realizado por el escultor Esteban Jordán.

En lo que respecta a la arquitectura civil, uno de los edificios más singulares es el Palacio de los Dueñas, una construcción renacentista provista de un espectacular patio columnado de dos plantas.

Una visita aparte también merecen las Reales Carnicerías, una construcción del siglo XVI autorizada por los Reyes Católicos destinada a la venta de carnes. Para relajarse, nada mejor que dejarse llevar hasta el Palacio Balneario de Las Salinas, a las afueras de Medina del Campo. Sus aguas termales están calificadas como las más mineralizadas del mundo.

La relación de Medina del Campo con monarcas, personajes de la Corte y otras figuras destacadas es, quizás, su mayor singularidad. Aquí nacieron tres reyes aragoneses (Fernando I de Antequera, Alfonso V y Juan II), y también aquí dieron sus últimos pasos Leonor Urraca de Castilla (esposa del de Antequera y reina consorte de Aragón) y la mismísima Isabel la Católica.

Esta última, además, redactó entre los muros del Palacio Real sus últimas voluntades. Un testamento en el que nombraba como regentes de Castilla a su hija Juana la Loca y a su marido Fernando el Católico.

Aquí tenéis otro vídeo que descubre las maravillas del Castillo de la Mota en Medina del Campo: