Andelos (Navarra)

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La historia nos ha legado el decisivo poso que los romanos dejaron en nuestra península ibérica tras más de siete siglos de dominio y culturización. El patrimonio que transmitieron fue notorio, importante. Y en Navarra no fue una excepción. En lo que se refiere a ciudades, destaca sin duda la antigua Andelos en el despoblado de Andión, cerca de la localidad de Mendigorría. Esta urbe debió ser un cruce de caminos entre las vías que atravesaban la comunidad foral de este a oeste y la que sigue el cauce del río Agra. Sigue leyendo

Balmaseda (Vizcaya)

Entre abruptas montañas, peligrosos cursos de agua y valles inaccesibles se esconde Balmaseda, antaño tierra de condenados, un lugar de prófugos de la justicia. La localidad vizcaína, hoy considerada la ciudad del mueble por su industria predominante, tiene un Puente Viejo medieval (siglo XII), unas cuantas casonas nobiliarias y otras pocas casas torre fortificadas que en otros tiempos fue escenario de contiendas entre banderías.

Se dice en el lugar, una de las villas más antiguas de Vizcaya, que en el siglo XV existió una comunidad judía, pero los villanos se levantaron contra este pueblo por la historia y, en 1483, expulsaron a los judíos y confiscaron sus bienes. En 1559 hubo una peste que asoló Balmaseda y, para cubrir los gastos, los habitantes vendieron las joyas de la iglesia, algunas de las cuales pertenecieron a la antigua comunidad hebrea expulsada.

El Puente Medieval destaca de entre los monumentos de Balmaseda./Javierme

De tiempos más pacíficos hay también casas de indianos que regresaban ricos de América y construían mansiones donde refugiar la vejez y alardear ante sus paisanos. Entre las visitas recomendadas se debe mencionar una a las cuevas de Pozalagua, dotadas de estalactitas concéntricas, únicas en Europa.

El casco urbano resulta de gran interés para el viajero. Sus edificios y calles siguen un orden muy bien diseñado. Resulta apetecible visitar la iglesia de San Severino (siglo XV), de interior gótico y fachada barroca. También es digno de ver el Palacio del marqués de Buniel (siglo XVIII), un edificio de planta rectangular que tiene en su interior una biblioteca y un museo.

Sede del Ayuntamiento de la localidad vizcaína./Javierme

Otro palacio de interés para ser visitado es el de Horcasitas, sede del Ayuntamiento, del que sobresale su hermoso pórtico, o la iglesia de San Juan. El silencio y la tranquilidad que respiran el patrimonio de Balmaseda invita al viajero a disfrutar de un fin de semana de encanto y sosiego.

Enclavada en plena ruta jacobea, Valmaseda albergó un hospital de peregrinos y gozó del privilegio de tener al poeta León Felipe como farmacéutico del pueblo. Hay en la región también monumentos megalíticos como el dólmen de la Cabaña o Carranza o el crómlech de Kanpazaulo o Güeñes, así como cuevas que fueron habitadas en la prehistoria como Venta Laperra, Carranza, Cueva Arenaza o Galdames.

Las boinas son un producto típico de Balmaseda.

En Balmaseda se vanaglorian de fabricar las mejores boinas de todo el País Vasco. Asimismo, todos los años la localidad entera cambia su oficio cotidiano para convertirse en actor en Semana Santa y escenificar la Pasión de Jesús. Aquí se celebra todos los años un tradicional Mercado Medieval, de los más populares del País Vasco. Músicos, cómicos, brujas o fakires conviven con los vecinos del pueblo durante unos días.

Con la clara intención de poder disfrutar de una escapada en este bello hermoso pueblo, os dejo antes con un aperitivo visual en forma de vídeo:

Dónde dormir: Hotel San Roque; Campo de las Monjas, 2; 48800 Balmaseda (Vizcaya); teléfono: 946102268.

Dónde comer: Restaurante Las Piscinas; Calle de la Calzada, 0; Balmaseda (Vizcaya); teléfono: 665737848.

Ronda (Málaga)

Ronda (Málaga) se alza a 700 metros de altitud, en el borde del precipicio formado por la profunda garganta con la que el río Guadalquivir corta la sierra y y que se conoce como “tajo de Ronda”. Este espectacular paisaje se encuentra en el centro de un inmenso circo de montañas de unos 40 kilómetros de diámetro que conforman la Serranía de Ronda, último escalón de la cordillera Bética.

Ronda ha estado irremediablemente asociada al romanticismo que inspiraron los bandoleros, toreros y bellas mujeres del siglo XIX, algo que atrajo a artistas e intelectuales de todo el mundo como Ernest Hemnigway o Federico García Lorca.

Los numerosos hallazgos prehistóricos encontrados aquí hacen suponer que Ronda ya estuvo ocupada en esa época. Entre los restos más importantes sobresalen los dólmenes del Chopo o de Encinas Borrachas y la cueva de la Pileta, con pinturas rupestres del Paleolítico.

La ciudad actual fue fundada por los romanos de Escipión, que la convirtieron en una próspera urbe hasta su conquista por los suevos mandados por Rechila y, más tarde, por los bizantinos, expulsados después por Leovigildo.

En el 711 Ronda fue ocupada por los bereberes, artífices de la actual estructura del casco histórico y de su topónimo Izn-Rand Onda, la “ciudad del castillo”. Ronda fue convertida en reino independiente por los musulmanes, quienes tras la conquista de los Reyes Católicos fueron vendidos como esclavos o expulsados a África.

Dentro de la zona amurallada de Ronda cabe destacar la puerta de Almocábar (del siglo XIII), emplazada al sur de la Medina, uno de los principales accesos a la ciudad malagueña.

En el sector este se localizan los baños árabes (siglo XIII), el recinto termal musulmán mejor conservado de todo el territorio peninsular. En el interior del barrio musulmán se suceden las casas y los palacios, como el de Mondragón.

También resulta curiosa la casa del Gigante (siglos XIV-XV), llamada así por los inmensos relieves de piedra que decoran las esquinas del edificio.

 A través de la calle Armiñán, verdadero eje de Ronda, se llega a la antigua plaza Mayor, hoy Duquesa de Parcent, donde se sitúan los edificios locales más significativos, sobre todo la colegiata de Santa María de la Encarnación, de estilo gótico, renacentista y barroco.

El palacio del Rey Moro, de planta irregular y laberíntica, alberga la mina de captación de agua de origen árabe, una compleja obra que desciende hasta el fondo del tajo aprovechando una grieta en la que se despliega una escalera tallada en la roca de más de 200 peldaños.

En la zona del Mercadillo se debe destacar, sin duda, la espectacular plaza de Toros, la más antigua de España, construida en 1785. De la misma época es el grandioso Puente Nuevo, que permitió la conexión del Mercadillo con el barrio antiguo de la ciudad. Tiene 98 metros de altura y desde sus balcones pueden verse las casas de Ronda “colgadas” en el mismo borde del precipicio.

Aquí os dejo un vídeo que invita a conocer Ronda: