Colindres (Cantabria)

Encrucijada de caminos entre Santander, Bilbao y Burgos, la historia de Colindres ha estado casi siempre vinculada a su privilegiada situación geográfica. Abierta al mar Cantábrico, la localidad norteña ha sido testigo de unos cuantos acontecimientos históricos de relevancia. No en vano, sus astilleros de Falgote parieron la Pinta y es muy probable que también la nao Santa María hasta el puerto de Palos para su posterior rumbo hacia el Nuevo Mundo, por lo que es bastante probable que algún marinero local acompañara a Cristóbal Colón en su llegada a América.

Fue también en los talleres portuarios de Colindres donde se construyó la Capitana (1868), la nave más grande de la época con más de 1.300 toneladas, que con 500 más que el mayor navío jamás visto hasta entonces tomó parte en la Guerra de Sucesión entre Austrias y Borbones. De los astilleros salieron más de 30 galeones para las armadas reales, así como capitanas y almirantas para las flotas de Indias durante los siglos XVII y XVIII.

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Palacio del Condestable./Dolmanrg

Cruce viario no solo por tierra y mar, Colindres se erige asimismo como paso obligado en el Camino de Santiago, razón por la que Carlos I ordenó la construcción de un hospital en el siglo XVI. Más contemporánea es la relación de Colindres con Gustave Eiffel, el célebre constructor de la torre parisina que lleva su nombre. La empresa del arquitecto galo fue la encargada, en 1882, de idear el puente de hierro de Treto sobre el río Asón, una de las obras más representativas de la ingeniería industrial de Cantabria. Su estructura metálica tiene más de 543 toneladas de hierro forjado, fundido y laminado, acero, plomo y bronce.

Dos siglos atrás Colindres se conviritó en campo de batalla cuando Francia, en plena guerra contra el Imperio español, envió una armada capitaneada por el cardenal de Burdeos, quien fue asignado por el Cardenal Richelieu. También intervino en la toma de Laredo de febrero de 1814, durante la Guerra de la Independencia contra las tropas napoleónicas. Más tarde, en las guerras carlistas, su estratégica situación entre Santander y Bilbao resultó trascendente, como ocurrió asimismo durante la Guerra Civil por la construcción de sus búnquers y su puente giratorio sobre el río Asón.

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Puente de Treto de Colindres ideado por Gustave Eiffel./Desmondrx

Colindres es un pueblo de notable tradición pesquera que cuenta también con una importante industria conservera. En su casco urbano el viajero puede visitar algunos ejemplos de casonas y palacios montañeses. Sobresalen las residencias señoriales levantadas durante la Edad Moderna, como la casa de Agüero, en el barrio de San Juan, de una sola planta y datada en el siglo XVII. En la misma zona se alzan dos interesantes edificios del XVIII: el palacio de Gil de la Redonda y el palacio del Infantado o del Contestable.

Por su parte, en el distrito de La Puerta se pueden contemplar otras tres interesantes construcciones del XVIII: la casa del Valle y la casa de Bartolomé y Felipe de Palacio. Más intrigante y curiosa resulta la visita de las casas del capitán Francisco Gil de la Redonda Velasco y la casa Cachupín, que cuenta en su fachada con una cruz y una calavera con dos tibias acompañados de la inscripción “cual me ves, te verás”.

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Casa Serafina./Zarateman

La arquitectura pública y privada decimonónica y de comienzos del siglo XX también tiene presencia en Colindres, con el ayuntamiento, Villa Amelia y la Villa Luz como emblemas más sobresalientes. De entre el patrimonio religioso del municipio cántabro destaca la iglesia de San Juan Bautista (siglo XVI), de una sola nave y ábside poligonal.

Desde Colindres el viajero puede emprender una breve excursión si sigue el cauce del río Asón, que configura otro de los singulares y hermosos valles fluviales que cruzan la geografía cántara. El río tiene el atractivo de que en sus aguas nadan numerosos salmones para los amantes de la pesca. También de Cantabria resultan de interés la visita de Ramales de la Victoria, el Valle de Buelna o  la comarca de Liébana.

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Iglesia de San Juan Bautista./Zarateman

La importancia marítima y naval de la que gozó Colindres en la Edad Moderna se pone de manifiesto en este vídeo que os muestro a continuación. Su puerto es su emblema y la ventana por la que asoma al resto del mundo. Es un argumento de peso para apuntar la ruta en nuestra agenda viajera:

Dónde dormir: Hostal Montecarlo; Ramón Pelayo, 9; 39750 Colindres (Cantabria); teléfono: 942650163; info@hostalmontecarlo.com; www.hostalmontecarlo.com.

Dónde comer: Restaurante Chef; Calle Santander 16; 39750 Colindres (Cantabria); teléfono: 942652279.

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Pedraza (Segovia)

Los fines de semana se llena de turistas que acuden a disfrutar de sus numerosos restaurantes y tiendas. El trasiego de gentío que acude hasta Pedraza puede disfrutar de un pueblo medieval de buena arquitectura, de los que mejor se conservan en España. No en vano esta villa castellanoleonesa de cine y cordero está declarada Conjunto Monumental. La estampa que luce en invierno bien podría ser un escenario de cuento.

Los romanos la llamaron Petraria por su emplazamiento sobre una gran piedra y, según la leyenda, que carece de fundamento, el emperador Trajano nació en ella. Sus casas solariegas obedecen a la riqueza que durante el siglo XII y posteriores dieron a la villa los rebaños de la Mesta.

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Panorámica de la hermosa villa de Pedraza./Jsanchezes

Señorío de la familia Herrera, más tarde pasó a manos de los Fernández de Velasco, contestables de Castilla. Pero en menos de dos siglos su economía se hundió y Pedraza quedó abandonada. Aparte de su esplendoroso pasado medieval, Pedraza también ha servido de escenario para el rodaje de películas de cine. El primero fue el del filme La barraca de los monstruos, en 1924.

Muchos otros rodajes vinieron después, como La aldea maldita (1929), El escándalo (1943) o El amor del capitán Brando (1974). El propio Orson Welles rodó aquí dos de sus películas; y varias series españolas, como Los desastres de la guerra o las recientes Isabel y Toledo, han hallado en la villa segoviana un inmejorable telón de fondo histórico.

El viajero que la visite puede entrar en Pedraza por la puerta de la Barbacana del siglo XVI, llamada también puerta de la Cárcel por estar junto a ella la antigua prisión. Si ésta se cierra, el pueblo queda protegido dentro de su recinto de murallas. Un paseo por su laberinto de calles umbrías y tranquilas conduce hasta la Plaza Mayor, uno de los mejores ejemplos de Castilla, rodeada de soportales y casas con solanas de madera. Es como entrar en un túnel del tiempo que transporta a la España de los Austrias.

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Castillo de Pedraza./Alberto Pascual

Entre los edificios que se abren a ella destacan los palacios de los marqueses de Lozoya y Miranda. El balcón verde que se divisa lo construyó un vecino en el siglo XIX para contemplar las corridas de toros que se organizaban en la plaza. También la Casa de Pilatos, siglo XVI, y las de Zamarriego y los marqueses de Floresta, que conservan la armonía medieval tan típica de las villas castellanas, incitan a hacerse una foto. De entre la arquitectura religiosa destaca la iglesia de San Juan, con torre románica, y la ermita de Nuestra Señora del Carrascal, extramuros, con una imagen de la patrona de la villa.

Sin embargo, el castillo románico (del siglo XIII y reconstruido en el XV), construido con piedra sillar, antigua residencia de la familia Velasco, es su punto más interesante. Su torre del Homenaje, cuadrada y de tres pisos, destaca sobre el resto del conjunto que en 1929 adquirió y restauró el pintor Ignacio Zuloaga. En él, el artista cuenta con un museo dónde se exponen obras de cerámica, pintura y dibujos suyos, junto a cuadros de otros artistas, entre ellos, un Cristo de El Greco, un retrato de la condesa de Baena, realizado por Goya, y un bodegón flamenco del siglo XVII.

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Plaza Mayor de la ciudad segoviana./Jsanchezes

En esta fortaleza permanecieron recluidos durante cuatro años los infantes don Francisco y don Enrique, hijos de Francisco I. Tiene un puente sobre un profundo foso que una vez sorteado permite al viajero adentrarse en el castillo, antaño hogar de reyes, guerreros o prisioneros. Durante los dos primeros sábados de julio, la fiesta El concierto de las velas ilumina Pedraza y confiere un asombroso aspecto a los interesantes espectáculos de música y danza que se desarrollan en la penumbra de la noche.

A escasos 13 kilómetros, el viajero, si es amante de la naturaleza, puede realizar una escapada hasta el acebal de Prádena, uno de los bosques de acebos más importantes de Europa. La monumentalidad que rezuma cada uno de los rincones de esta villa segoviana se recoge en un magnífico vídeo que los compañeros de Turismo3D han confeccionado. Una cuidada estética que pone de manifiesto el paraíso medieval que el viajero se puede encontrar si visita Pedraza:

Dónde dormir: La Posada de Don Mariano; C/ Mayor, 14; 40172 Pedraza (Segovia); teléfono: 921509886; info@hoteldonmariano.com.

Dónde comer: El Soportal; Plaza Mayor S/N; 40172 Pedraza (Segovia); teléfono: 921509826.

Cardona (Barcelona)

En la linde de Lérida con Barcelona, con las estribaciones prepirenaicas en el claro horizonte, Cardona, emplazada en la comarca del Bagés, se presenta ante el viajero como una pintoresca localidad heredera de un importante e histórico pasado medieval que se remonta hacia el siglo VIII con la construcción de su espléndido castillo-palacio-monasterio.

Estrabón, geógrafo griego algo anterior a Cristo, y Aulio Gelio, escritor romano (siglo II), alabaron como una maravilla natural el filón de sal gema de Cardona, “una gran montaña de sal pura que crece a medida que se extrae”. Los romanos tenían motivos para sospechar que la sal crece a espuertas: llegaron a excavar galerías de profundidad nunca alcanzada en mina alguna.

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Castillo fortaleza de la localidad de Cardona./PMRMaeyaert

El municipio catalán acogió a los duques de Cardona, la familia más importante de la Corona de Aragón, sólo por detrás de la Casa Real, durante el siglo XV. Tres centurias más tarde, Cardona fue uno de los últimos reductos en entregarse a las tropas borbónicas de Felipe V durante la Guerra de Sucesión. Su ciudadela fortificada no pudo ser tomada con posterioridad por las tropas de Napoleón.

El viajero puede visitar ese petrificado mar azul que los lugareños llaman, en un alarde de imaginación, la Salina. Se trata de una montaña de sal gema, óxido de hierro y arcilla de grandes proporciones. Debe además internarse por los lagos subterráneos y admirar los caprichos escultóricos de la naturaleza en las estalactitas salobres de las grutas. Así como visitar el Museu de la Sal y conocer mejor la historia de esta villa catalana.

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Casa Aguilar./flamenc

Cardona es un cerro testigo que guarda la vega del Cordoner. Se presenta desde lejos macizo e impresionante con hasta tres cinturones de muros y baluartes que parecen enroscarse en torno al cerro para rematar, en lo más alto, con dos edificios contrapuestos: de un lado los verticales muros de la colegiata de San Vicente; del otro, la maciza torre mayor del castillo, troncocónica, impresionante a pesar de haber perdido su remate. Es una de las más antiguas torres del homenaje de Europa, que data del siglo XI.

El viajero que se precie acudir puede sentir la fascinación de explorar el laberinto de pasillos que la caótica superposición de estructuras ha ocasionado, desde las tres naves románicas lombardas de la colegiata, con sus alineados sepulcros de los condes y duques de la localidad, a la iglesia del siglo XI levantada sobre los vestigios de un patio romano y, un poco más allá, al claustro gótico. La colegiata tiene una nave central de casi 20 metros de altura, de las más importantes obras del románico catalán.

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Portal de la iglesia de San Miguel./flamenc

Si regresa a la entrada del castillo, después de pasar por el baluarte de San Pedro y por la garita del Diablo, nombres tan antagónicos como evocadores, puede entrar con unción en el pequeño aposento, hoy capilla, donde falleció, en 1240, san Ramón Nonato, miembro de la familia ducal de los Cardona. La fortaleza pertenece al recinto fortificado del siglo IX, hoy habilitado como Parador de Turismo. Su construcción se atribuye a Wifredo el Velloso, donde estacan la Torre Monyona y el Patio Ducal.

Con un casco histórico declarado Bien de Interés Cultural, también la calle Mayor, la plaza porticada y la iglesia de San Miguel merecen ser recordadas en la memoria del viajero si viaja hasta Cardona. Esta última, de estilo gótico, alberga en su interior la imagen Virgen del Patrocinio, una hermosa estatua gótica de alabastro policramado del siglo XIV, dos retablos góticos y una pila bautismal de la misma época.

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Ayuntamiento de Cardona./Jordij

El viajero tiene la opción, asimismo, de conocer los alrededores de la localidad bercelonesa, que tienen multitud de posibilidades para realizar excursiones. Casas de payés y antiguas masías salen al paso en dirección hacia el Parque Natural del Cadí-Moixeró. Cerca, las fuentes del río Llobregat configuran un paisaje que el visitante no podrá olvidar.

Otra escapada al alcance es la del Monasterio de Montserrat, popular por acoger la imagen de La Moreneta, patrona de Cataluña. Se trata de un bello monasterio ubicado en un paraje montañoso de enorme belleza. Tanto si desea alojarse en Cardona como en la capital y las localidades limítrofes de Barcelona, el viajero tiene a su disposición una amplia oferta de apartamentos en esta web a precios muy asequibles.

Si todavía le queda al viajero alguna duda para escaparse hasta Cardona, le obsequio con un interesante vídeo que sin duda acrecentará las ganas por conocerla, con el parador-castillo como principal reclamo:

Dónde dormir: Hotel Cal Violí; Crtra. Manresa, 12; 08261 Cardona (Barcelona); teléfono: 938692984.

Dónde comer: Restaurante Perico; C/ Vall 18; 08261 Cardona (Barcelona); teléfono: 938691020.

Ramales de la Victoria (Cantabria)

En las inmediaciones del río Calera emerge Ramales de la Victoria, cabecera de comarca de barrios típicos y casonas norteñas cuyos orígenes se remontan a la Prehistoria, en concreto a la época del Paleolítico, de lo que dan buena cuenta los vestigios arqueológicos que se concentran a su alrededor. La localidad cántabra también presume de contar con un entorno natural de lustre por ubicarse al pie de importantes picos y montañas.

El hecho de haberse encontrado restos romanos de caminos y puentes en las cercanías de Ramales y su situación estratégica entre la costa y el interior de la península hace pensar a los historiadores que ya era un territorio poblado en la Antigüedad. El origen de la villa tiene lugar hacia el año 1000, documentada en el Cartulario de Santa María del Puerto de Santoña.

Panorámica de Ramales de la Victoria

Panorámica de Gijaba, localidad del municipio de Ramales de la Victoria./Ayuntamiento de Ramales

En Ramales de la Victoria se celebró la popular batalla de Guardamino, en la cual el general liberal Espartero derrotó al ejército carlista del general Maroto. La localidad fue escenario, en 1839, de una contienda que decidió el triunfo liberal en la Primera Guerra Carlista; por ello Ramales se denomina “de la Victoria”. No obstante, el pueblo quedó en ruinas y hubo que reconstruir después los puentes y las casas incendiadas.

El edificio más interesante de la villa es el palacio de Revilladiego, del siglo XVI y que fue propiedad del virrey de México, don Juan Francisco de Güemes y Horcasitas. Otros edificios de esta época son la Casa de Saravia, de estilo clasicista y fachada de sillería, y las escuelas de Gibaja (s. XVII)

De entre la arquitectura civil, dos inmuebles llaman la atención por su estilo clasicista romántico: el Ayuntamiento, construido a principios del siglo XX como conmemoración de la victoria liberal en la batalla de Ramales, y la Biblioteca Juan de Zorrilla San Martín.

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Iglesia de Guadamino.

En Ramales, el viajero puede encontrar tres iglesias parroquiales: la de San Pedro en Ramales (siglo XVIII), San Emeterio y San Celedonio en Gibaja (siglo XV) y Nuestra Señora en Guardamino (siglo XVII). La tradición metalúrgica en las aguas de sus ríos ha dejado aquí en forma de patrimonio varios molinos harineros y antiquísimas ferrerías. También se alzan todavía tres puentes de nombre Gibaja, Puente Viejo de Ramales y Salto del Oso.

La comarca del Alto Asón, a la que pertenece esta localidad norteña, es conocida internacionalmente por la calidad y cantidad de sus cuevas; no en vano existen unas 4.000 cavidades catalogadas, de entre más de 9.000 que existen en Cantabria, con algunos de los sistemas subterráneos más grandes de la región. Es famosa por sus yacimientos arqueológicos y sus pinturas prehistóricas en cuevas como Covalanas, declarada Patrimonio de la Humanidad, Cullalvera, El Mirón o La Haza.

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Cueva de Covalanas./Edward the Confessor

Las cuevas de Covalanas tienen dos galerías, pero solo una de ellas contiene pinturas rupestres del Paleolítico Superior, entre las que destacan un caballo y varios ciervos que, según los expertos, se dibujaron al mismo tiempo y hace como mínimo 17.000 años.

Parece ser que esta cavidad natural tenía una función ritual, mientras la del Mirón habría servido como vivienda. La de Covalanas es una cueva de grandes dimensiones con una boca de acceso monumental y acoge las pinturas prehistóricas situadas a mayor profundidad de la Península Ibérica.

Asimismo, la cavidad del Mirón encierra un importante yacimiento arqueológico que abarca desde los tiempos medievales hasta la transición del Paleolítico Medio al Superior, hace unos 40.000 años. Cerca de Covalanas se halla La Haza, que tiene una única sala sita junto al abrigo exterior y alberga representaciones de siete animales, además de otros signos y trazos, encuadrables dentro del estilo III de Leroi-Gourhan.

Pintura rupestre hallada en la Cueva de Covalanas.

Pintura rupestre hallada en la Cueva de Covalanas.

Ramales cuenta con un agradable albergue de montaña que resulta ideal para el viajero más aventurero, ya que además de visitar las cuevas, puede gozar de las distintas actividades que organiza, como senderismo o espeleología, así como buscar tranquilos y recónditos lugares para la pesca.

Ramales de la Victoria celebra cada año la verbena del mantón, una fiesta en conmemoración del hallazgo milagroso de un baúl de mantones de Manila en 1839, a raíz de una escaramuza mantenida en sus proximidades durante las guerras carlistas. El pueblo es un lugar ideal para la práctica del turismo rural. Este vídeo anticipa la inmensidad de sus magníficos espacios naturales:

Dónde dormir: Pensión La Sobana; Avenida Franco, 36; 39800 Ramales de la Victoria (Cantabria); teléfono: 942646102.

Dónde comer: Asador Juancho; Salto del Oso 35; 39800 Ramales de la Victoria (Cantabria); teléfono: 942646549.

El Capricho (Madrid)

El parque de El Capricho (siglo XVIII), localizado en el distrito de Barajas, en Madrid, fue una idea un tanto extravagante de la duquesa de Osuna, doña María Josefa Alfonso Pimentel, mujer culta y afrancesada a la que hedía el dinero. Además rivalizaba con la duquesa de Alba y andaba empeñada en legar a la posteridad su nombre ligado a una obra singular. La noble estaba considerada en su época como la mujer más inteligente y fue protectora de artistas, toreros e intelectuales.

A tal efecto, la aristócrata contrató a uno de los principales arquitectos franceses, Jean Baptiste Mulot, para que creara en ella un bello jardín. La obra quedó terminada en 1839. Tras la muerte de los duques pasó por diversas manos y sirvió para diversos usos, como cuartel de tropas napoleónicas, o del alto Estado Mayor del general Miaja durante su defensa de Madrid en plena Guerra Civil. Precisamente, de esta época de triste recuerdo permanece un entramado de búnkers que recorre el jardín.

Exedra del parque de El Capricho./ESPARTOSA

Exedra del parque de El Capricho./ESPARTOSA

Estos avatares y la falta de mantenimiento lo deterioraron de forma casi irremediable. Por fortuna, el Ayuntamiento de Madrid lo rehabilitó en 1987 y fue declarado Bien de Interés Cultural. El Capricho es la joya de los parques madrileños porque supone, sin lugar a la duda, uno de los ejemplares más sobresalientes y singulares de jardín paisajístico español. Su excelencia natural y decorativa se manifiesta en tres tipos de jardines clásicos: el parterre o jardín francés, el paisajista inglés y el giardino italiano.

En sus catorce hectáreas, el parque mezcla conceptos barrocos y paisajistas. Vale la pena descubrirlo en otoño o en primavera, cuando el paseo del viajero lo puede realizar entre el perfume de los bosquetes de lilas y las cascadas de rosas. El romántico paseo debe abarcar la plaza del Capricho, la de los Emperadores (decorada a finales del siglo XVIII), el palacio, el estanque, el embarcadero, la fuente de los Delfines y de las Ranas, el Casino (decorado con espejos y un gran fresco en su interior), el jardín de las Flores, la Casa de la Vieja, el Laberinto o la Ermita.

Palacio de los duques de Osuna./Håkan Svensson (Xauxa)

Palacio de los duques de Osuna./Håkan Svensson (Xauxa)

Otros peculiares escondrijos de este parque singular y que merecen la pena ser visitados son la deliciosa ría serpentine, con lago e isla, el templete de Baco (una construcción de estilo clásico con planta ovalada, rodeada de doce columnas jónicas), el fortín con foso y cañones, la Exedra, una construcción descubierta de planta semicircular y reminiscencias clásicas, o el Abejero, un sorprendente pabellón edificado únicamente para contemplar la actividad de las abejas. El palacete albergó en su día numerosos cuadros de Goya.

Como notable zona verde que representa, El Capricho presume de contar entre sus praderas y paseos con una notable flora y fauna avícola. De entre la primera sobresalen ejemplares de robles, pinos, cipreses, tejos, cedros, plátanos y castaños de indias. La riqueza vegetal convive con mirlos, palomas torcaces, pitos reales, herrerillos, petirrojos o ruiseñores, además de cisnes negros y ánades. Entre los mamíferos se mezclan ardillas rojas, musarañas, ratones comunes o ratones de campo.

Plaza de los Emperadores./Håkan Svensson (Xauxa)

Plaza de los Emperadores./Håkan Svensson (Xauxa)

El Capricho se abre al público sábados, domingos y festivos, de 9 a 21 horas en temporada estival y de 9 a 18.30 h el resto del año. Su dirección es el Paseo Alameda de Osuna, 28042 de Madrid. Se llega en metro (estación El Capricho, línea 5), o en los autobuses 101 o 105. Se encuentra junto a la avenida de Logroño, que separa el parque Juan Carlos I del Capricho. La entrada es gratis.

Una sucesión de imágenes congeladas que se suceden en casi cinco minutos condensa un sucinto viaje por las estancias más atractivas que esconde El Capricho en este interesante vídeo. Os dejo con él, para que disfrutéis de la magia que impregna este jardín y que transmite al viajero que se acerca hasta allí para disfrutar de cualquiera de sus rincones:

Dónde dormir: Hotel Acis y Galatea; Galatea, 6; 28042 Madrid (Madrid); teléfono: 917434901 y 645899136; res.acisygalatea@hotelesglobales.com; www.acisygalatea.com.

Dónde comer: Restaurante Osuna; Logroño S/N; 28042 Madrid (Madrid); teléfono: 913205272.

Olivenza (Badajoz)

Al sudoeste de Badajoz, por la carretera Ex-436, se llega hasta Olivenza, municipio fundado por la Orden del Temple en el siglo XIII y plaza fuerte hasta 1897. Por su situación fronteriza ha pasado numerosas veces a manos de España y Portugal y la lucha por su dominio ha suscitado unos cuantos enfrentamientos diplomáticos entre ambos países.

Fernando IV de Castilla la cedió a su hermana doña Beatriz tras su matrimonio con Alfonso de Portugal. En 1657 se apoderó de ella el duque de San Germán, pero un año después quedó de nuevo en manos lusas por el tratado de Lisboa. Desde 1801 pertenece a España. Su situación de linde la ha convertido en un importante enclave histórico con valiosas muestras de la arquitectura civil, militar y religiosa de estilo español y portugués.

Castillo de Olivenza./User-Alfons024

Castillo de Olivenza./User-Alfons024

La visita a Olivenza debe comenzar por el castillo, del siglo XVI, que cuenta con una imponente torre del homenaje (siglo XV) construida por el rey de Portugal Juan II. Las murallas, realizadas en estilo Vauvan, presentan algunas puertas de interés como las de Alconchel, de los Ángeles o del Calvario. El casco antiguo de la localidad pacense está declarado Bien de Interés Cultural.

Durante los paseos por su centro neurálgico el viajero podrá descubrir bellos ejemplos de la arquitectura popular de esta parte de Extremadura con edificios de estilo neomudéjar, como en la plaza de Abastos, neoclásicos, como la casa de los Marzales, o populares, como el llamado largo de San Francisco o la plaza de España.

Ayuntamiento de la localidad pacen./Álvaro Muñoz

Ayuntamiento de la localidad pacen./Álvaro Muñoz

La iglesia de la Magdalena (siglo XVI) conserva una magnífica portada de mármol blanco con frontispicio triangular sostenido por pilastras y columnas de orden corintio. En su interior destaca el retablo mayor, barroco, con panales de azulejería que escenifican la Santa Cena y Marta y María, y el sepulcro de don Enrique de Coimbra, obispo de Olivenza.

La iglesia de Santa María del Castillo, del siglo XIII, se reconstruyó en el siglo XVI y posteriores.En la capilla del evangelio, gótico manuelino, se conserva un árbol genealógico de la Virgen María. La iglesia convento de San Francisco conserva un bello retablo barroco, de mármol, y distintos panes de azulejería con escenas de la vida de San Francisco.

El patrimonio monumental de Olivenza es abundante y lustroso./Tagido

El patrimonio monumental de Olivenza es abundante y lustroso./Tagido

El palacio de los duques de Cadaval, actual sede del Ayuntamiento, tiene una bella portada de estilo manuelino. En la casa de la Misericordia hay un retablo barroco de ornamentación recargada y columnas salomónicas. La construcción del Convento de Clarisas o San Juan de Dios se demoró casi un siglo (1556-1631) y es ahora centro cultural y escuela de teatro y danza.

Para los amantes de la etnografía, Olivenza cuenta con uno de los museos especializados más interesantes. Está instalado en un edificio del siglo XVIII, la Panadería del Rey, anexo al recinto del castillo. Con 26 salas, exhibe unos 7.000 objetos que ilustran la vida cotidiana de la comarca desde el siglo XIX.

Paseo peatonal con suelo de azulejo./Tagido

Paseo peatonal con suelo de azulejo./Tagido

Muy cerca del museo también se ofrecen al viajero históricas construcciones medievales, obras civiles y militares de una ciudad fronteriza que, dependiendo de los avatares de la historia, ha pertenecido unas veces a España y otras a Portugal. De este origen son las fortificaciones abaluartadas, que trajeron asociadas las del polvorín de Santa Bárbara, los cuerpos de guardia de las puertas y los cuarteles.

El canal de televisión La 2 tiene entre sus archivos un breve reportaje sobre la ciudad pacense. Un sucinto recorrido por su rico patrimonio, su apasionada historia y sus agradables gentes ofrecen al viajero un más que interesante destino para pasar unos días o emprender una escapada de fin de semana o disfrutar del puente. La visita bien lo merece. Os dejo con el vídeo:

fuente: Acetre FolkFans

Para obtener más información sobre Olivenza, también podéis leer este artículo.

Dónde dormir: Palacio Arteaga; Moreno Nieto, 5; 06100 Olivenza (Badajoz); teléfono: 924491129; recepcion@palacioarteaga.com; www.palacioarteaga.com.

Dónde comer: Restaurante Alca-Ices; Calle Colón, 3; 06100 Olivenza (Badajoz); teléfono: 924491293.

Écija (Sevilla)

La conocida como la sartén de Andalucía por los rigores de su caluroso verano y como ciudad de las torres por sus campanarios, se alza en la campiña sevillana, a orillas del río Genil, como un auténtico museo al aire libre cargado de historia. Las torres, cúpulas y espadañas de Écija despuntan sobre un skyline único, que se suman a unas plazas, fuentes y casas señoriales no menos destacadas y bellas.

Enclavada sobre la antigua colonia Augusta Firma Astigi, Écija alcanzó en tiempos de los romanos una notable importancia. Durante la vigencia de la época de Al-Ándalus fue conocida como Estadja (ciudad rica), sobrenombre que prueba el esplendor que conservó tras la conquista cristiana, protagonizada por Fernando III en el año 1240.

Plaza Mayor de Écija./Miami Love 1

A partir de entonces se instalaron ilustres familias castellanas que potenciaron su desarrollo. En 1402, la ciudad obtuvo fuero propio, y entre los siglos XVI y XVII alcanzaron su apogeo los gremios. El gran desarrollo de Écija en el pasado es hoy palpable en sus muchas y magníficas construcciones, tanto religiosas como civiles, de entre los siglos XI y XVIII.

A la localidad sevillana no le faltan motivos para ostentar la categoría de Conjunto Histórico-artístico. Dicha amalgama urbanística acoge entre sus principales edificios destacables palacios, como el de Benamejí, que alberga el Museo Histórico Municipal, de estilo barroco del XVIII.

Iglesia de San Francisco./Varpaijos

El hoy utilizado como Palacio de Justicia (siglo XX), es conocido como el Palacio de las Tomasas, que ostenta una exuberante decoración inspirada en la Alhambra. El Palacio de los Marqueses de Peñaflor, es emisario del Siglo de Oro exijan, época en la que más de 30 títulos nobiliarios se afincaban aquí.

Mientras, el Palacio de Valdehermoso presenta una interesante portada plateresca, y el de Santaella otra labrada en piedra con pilastras y una hermosa cúpula. Entre las casas-palacio merece la atención del viajero la de los Palma (siglos XVI-XVIII), con varios patios y grandes salones y artesonados mudéjares.

Torre de la Iglesia de Santa María./Miami Love 1

El rico legado de Écija también se muestra en las iglesias, como la de Santa María Nuestra Señora, que acoge el Museo Parroquial con restos prehistóricos, romanos y árabes. El Museo de Arte Sacro se localiza en la iglesia de Santa Cruz, con obras de entre los siglos XVI al XIX.

La iglesia de San Juan, por su parte, sigue el modelo de su famosa homóloga de San Juan de Letrán de Roma. Su torre campanario es una de las más bellas del barroco del siglo XVIII, junto con la de la iglesia de San Gil, que es la más antigua del municipio andaluz.

Puente de hierro con el río Genil a su paso por Écija./Varpaijos

El rico patrimonio de Écija no acaba ahí. Ni mucho menos. El convento de las Teresas se emplaza en un edificio mudéjar. Llama la atención su monumental portada principal, de dos cuerpos y de transición del Gótico al Renacimiento. También aquí resalta la torre.

Como la cabecera de este interesante vídeo bien propone, Écija es de cine, sin lugar a la duda. Un rápido recorrido aéreo de la localidad sevillana pone en situación al viajero, que cuenta con una guía audiovisual previa si tiene intención de emprender una escapada de fin de semana, por ejemplo.

Dónde dormir: Hotel Platería; C/ Platería, 4; 41400 Écija (Sevilla); teléfono: 955902754; info@hotelplateria.net; www.hotelplateria.net.

Dónde comer: Restaurante Amrita; C/ Emilio Castelar, 13; 41400 Écija (Sevilla); arteensabor@gmail.com; teléfono: 697907255.

Balmaseda (Vizcaya)

Entre abruptas montañas, peligrosos cursos de agua y valles inaccesibles se esconde Balmaseda, antaño tierra de condenados, un lugar de prófugos de la justicia. La localidad vizcaína, hoy considerada la ciudad del mueble por su industria predominante, tiene un Puente Viejo medieval (siglo XII), unas cuantas casonas nobiliarias y otras pocas casas torre fortificadas que en otros tiempos fue escenario de contiendas entre banderías.

Se dice en el lugar, una de las villas más antiguas de Vizcaya, que en el siglo XV existió una comunidad judía, pero los villanos se levantaron contra este pueblo por la historia y, en 1483, expulsaron a los judíos y confiscaron sus bienes. En 1559 hubo una peste que asoló Balmaseda y, para cubrir los gastos, los habitantes vendieron las joyas de la iglesia, algunas de las cuales pertenecieron a la antigua comunidad hebrea expulsada.

El Puente Medieval destaca de entre los monumentos de Balmaseda./Javierme

De tiempos más pacíficos hay también casas de indianos que regresaban ricos de América y construían mansiones donde refugiar la vejez y alardear ante sus paisanos. Entre las visitas recomendadas se debe mencionar una a las cuevas de Pozalagua, dotadas de estalactitas concéntricas, únicas en Europa.

El casco urbano resulta de gran interés para el viajero. Sus edificios y calles siguen un orden muy bien diseñado. Resulta apetecible visitar la iglesia de San Severino (siglo XV), de interior gótico y fachada barroca. También es digno de ver el Palacio del marqués de Buniel (siglo XVIII), un edificio de planta rectangular que tiene en su interior una biblioteca y un museo.

Sede del Ayuntamiento de la localidad vizcaína./Javierme

Otro palacio de interés para ser visitado es el de Horcasitas, sede del Ayuntamiento, del que sobresale su hermoso pórtico, o la iglesia de San Juan. El silencio y la tranquilidad que respiran el patrimonio de Balmaseda invita al viajero a disfrutar de un fin de semana de encanto y sosiego.

Enclavada en plena ruta jacobea, Valmaseda albergó un hospital de peregrinos y gozó del privilegio de tener al poeta León Felipe como farmacéutico del pueblo. Hay en la región también monumentos megalíticos como el dólmen de la Cabaña o Carranza o el crómlech de Kanpazaulo o Güeñes, así como cuevas que fueron habitadas en la prehistoria como Venta Laperra, Carranza, Cueva Arenaza o Galdames.

Las boinas son un producto típico de Balmaseda.

En Balmaseda se vanaglorian de fabricar las mejores boinas de todo el País Vasco. Asimismo, todos los años la localidad entera cambia su oficio cotidiano para convertirse en actor en Semana Santa y escenificar la Pasión de Jesús. Aquí se celebra todos los años un tradicional Mercado Medieval, de los más populares del País Vasco. Músicos, cómicos, brujas o fakires conviven con los vecinos del pueblo durante unos días.

Con la clara intención de poder disfrutar de una escapada en este bello hermoso pueblo, os dejo antes con un aperitivo visual en forma de vídeo:

Dónde dormir: Hotel San Roque; Campo de las Monjas, 2; 48800 Balmaseda (Vizcaya); teléfono: 946102268.

Dónde comer: Restaurante Las Piscinas; Calle de la Calzada, 0; Balmaseda (Vizcaya); teléfono: 665737848.

Valle de Buelna (Cantabria)

El Valle de Buelna, cuna de estelas prerromanas de entre los siglos III y I antes de Cristo, está enclavado en la vega media del Besaya, rodeado por numerosos vestigios históricos. En este entorno paisajístico privilegiado se desarrolla, entre finales de agosto y principios de septiembre, la Fiesta Guerras Cántabras, de Interés Turístico Nacional.

Los escenarios que acogen los actos son la capital del valle, la población de Los Corrales de Buelna, así como algunos lugares naturales próximos a la misma. El objetivo es rememorar la resistencia de los cántabros ante el avance del Imperio Romano, es decir, las Guerras Cántabras que tuvieron lugar entre los años 29 y 19 a.C.

Panorámica del Valle de Buelna./Garmia

Básicamente se toma como referencia el gran enfrentamiento de los años 27-25 a.C., en el que el emperador Octavio Augusto intentó en estas tierras someter al único pueblo que se había resistido al poder de Roma. La operación militar, única dirigida personalmente por el primer emperador romano, supuso la conquista definitiva de Hispania.

De entre las actividades festivas destaca la llegada del César al circo romano, donde verá como el líder cántabro, Corocotta, reclama la recompensa que se ha puesto a su cabeza. La escenificación da paso paso a la fiesta del Ludi Circenses, donde no pueden faltar las luchas de gladiadores.

Recreación de las Guerras Cántabras./Desmondrx

No hay que perderse el desembarco de las tropas romanas de Aquitani en Portus Victoriae. Trece legiones desfilan por los alrededores del puerto de Santander. En los alrededores de Buelna se instala el Macellvn, un mercado de época donde la gastronomía cobra protagonismo.

Los Corrales de Buelna es la localidad más importante del valle. Su historia es muy antigua, como lo atestiguan distintas estelas gigantes halladas en las cercanías. Su monumento más destacado es el conjunto parroquial de 1927 conocido como el Santuario de Nuestra Señora de las Caldas, en el que sobresale la iglesia neobarroca.

Monumento al guerrero cántabro./Yearofthedragon

Palacios y casas solariegas dan lustre a la zona. Tales son los casos del Palacio de los Condes de Masilla, el chalé de Mazarrasa, actual sede del Ayuntamiento, la mansión de Bustamante, en la que se halla el casino del Buelna, la casa Pilatti, de corte neotradicional, o la mansión de los Quijano.

La ración semanal de vídeo viene en esta ocasión con un interesante reportaje que nos introduce a los profanos en el universo particular de los actores y partícipes de la fiesta de las Guerras Cántabras:

fuente: fraileyblanco

Dónde dormir: Hotel Principal del Parque; Los Corrales de Buelna; teléfono: 942842297.

Dónde comer: Restaurante La Estela; Los Corrales de Buelna (Cantabria); teléfono: 942830498.

El Pardo (Madrid)

A escasos kilómetros de Madrid se encuentra el Real Sitio de El Pardo, lugar de gran riqueza patrimonial y ecológica. Antiguo cazadero de reyes, el bosque del lugar alcanza las 13.000 hectáreas de extensión. Sin duda, su hermoso palacio sobresale entre tanta belleza e historia.

El palacio de El Pardo fue en su origen un pabellón de caza del rey Enrique III (1405), aumentado por Carlos V y su hijo Felipe II y por los borbones Felipe V, Carlos III y Carlos IV, que le dieron su forma actual sobre planos de Francesco Sabatini.

Palacio Real de El Pardo./Esetena

De planta rectangular, flanqueado por torres y ventanas de piedra labrada, el edificio luce entre hermosos jardines de aire francés. Su interior está alhajado con bellos tapices, buenas pinturas, frescos y exquisito mobiliario.

La que fuera también residencia de Francisco Franco es en la actualidad lugar de alojo y pernoctación de los jefes de Estado en visita oficial a España. El viajero puede visitar el despacho del caudillo, bien conservado.

Foso del palacio madrileño./Esetena

En el cementerio de Mingorrubio, en el término municipal de El Pardo, construyeron sus panteones alguna añejas figuras del régimen franquista como la mujer del caudillo, Carmen Franco, y la familia de Carrero Blanco, jefe de Gobierno en la última etapa de la dictadura.

En El Pardo vivió durante muchos años el pintor Francisco de Goya Lucientes, en la antigua casa de Postas, que se situaba en la plaza del pueblo. Por su parte, el rey Alfonso XII murió en la localidad en 1885.

Fachada lateral y jardín del palacio de El Pardo./Esetena

Otros edificios de interés destacan la fisonomía de este pequeño pueblo: los conventos de las concepcionistas franciscanas, el de los capuchinos (siglo XVI), o el palacete de la Casita del Príncipe.

Al sudeste del bosque, hacia Fuencarral, se ubica La Quinta, casa de campo de mediados del siglo XVIII construida por don Alonso Fernández Manrique de Lara, duque de Arco. Sirvió de lugar para las audiencias del príncipe Juan Carlos.

Talla del Santísimo Cristo de El Pardo./xauxa

Merece también la pena visitar la iglesia de la Virgen de los Ángeles o del Santo Cristo de El Pardo, fundada por Felipe III. Cerca de El Pardo se encuentra la residencia de los Reyes de España, el palacio de la Zarzuela.

El vídeo de a continuación invita a cualquier viajero que se precie a una estupenda excursión:

fuente: dondeviajamos