Los Mallos de Riglos (Huesca)

Como columnas colosales de una desaparecida civilización de gigantes se yerguen los Mallos de Riglos. Estas moles sedimentarias de cantos rodados del Terciario modeladas por la erosión alcanzan los 300 metros de altura.

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Los Mallos de Riglos./eigernordwand

Su color rojizo denota abundancia de arcillas férricas o quizá que aquellos gigantes practicaban sacrificios sangrientos. Ante los Mallos de Riglos nadie permanece indiferente. El deportista ve el desafío de una mole pétrea que invita a la escalada; el ornitólogo o mero pajarero se extasiará ante la abundancia de seres alados que pululan por las numerosas oquedales de las rocas; el excursionista romántico aguardará al atardecer, cuando el sol poniente enciende los colores de los Mallos, como un ascua, como una joya, como un sol que se extingue para mirarse en los ojos de la amada.

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La iglesia de Riglos./Pablo Moratinos

Es una buena ocasión para visitar la cercana ermita románica de San Martín, a la entrada de Riglos, y admirar sus pinturas.

La provincia de Huesca esconde muchos otros atractivos: la estación de Canfranc, que se convirtió en un nido de espías durante la II Guerra Mundial, el municipio de Alquézar, la ciudadela de Jaca o el castillo de Monzón, donde los templarios educaron al futuro monarca de Aragón Jaime I.

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Monzón (Huesca)

Escenario de la educación del futuro conquistador y monarca de los reinos de Valencia, Mallorca y Murcia durante el siglo XIII, el espectacular castillo templario de Monzón domina, desde su atalaya, la amplia panorámica que se divisa de la bella localidad oscense, la segunda en población de la provincia aragonesa.

El rey Jaime I de Aragón, el conquistador, pasó parte de su adolescencia, en concreto tres años, en la fortaleza oscense tras la muerte de su padre Pedro II de Aragón en la batalla de Muret (1213), bajo la tutela de los templarios. Centinela del paso entre los valles del Segre y el Cinca, este castillo, declarado Monumento Histórico Artístico Nacional, siempre fue un bastión muy disputado.

Castillo templario de Monzón.

El emblema arquitectónio de Monzón consta de cinco edificios independientes situados sobre la meseta plana del cerro sobre el que se emplaza: la capilla de San Nicolás, la Torre del Homenaje, la Sala Capitular, el pabellón de las Dependencias y la Torre de Jaime I.

La fortaleza oscense es el emblema arquitectónico e histórico del municipio.

Asimismo, Monzón fue cabecera de una importante encomienda de la Orden del Temple y sede en numerosas ocasiones de las Cortes de la Corona de Aragón entre los siglos XIII al XVII. Antes, en el siglo XI, la urbe fue tomada por El Cid. Durante la Guerra de los Segadores el castillo fue tomado en el siglo XVII por las tropas franco-catalanas dirigidas por Philippe de La Motte Houdancourt.

Catedral de Santa María del Romeral.

Una visita al casco histórico de Monzón obliga dirigir los pasos del viajero, además del castillo templario, hacia la Catedral de Santa María del Romeral, construida a finales del siglo XII y cuya iglesia pertenece al estilo románico. En su interior tuvieron lugar sesiones de las Cortes de Argón durante la Edad Media.

Imagen de la ciudad de Monzón./planetafitness

Merece también la pena detenerse para contemplar bien de cerca la gótica iglesia de San Juan Bautista, que perteneció a la Orden de los Hospitalarios, la iglesia de San Francisco, de estilo cisterciense, el puente romano peatonal, la Ermita de Nuestra Señora de la Alegría, o la Chimenea de la Azucarera que, con sus más de cincuenta metros, es la construcción más alta de la ciudad y de toda la provincia de Huesca.

Este vídeo ofrece un bello recorrido por el impresionante castillo: