Pedraza (Segovia)

Los fines de semana se llena de turistas que acuden a disfrutar de sus numerosos restaurantes y tiendas. El trasiego de gentío que acude hasta Pedraza puede disfrutar de un pueblo medieval de buena arquitectura, de los que mejor se conservan en España. No en vano esta villa castellanoleonesa de cine y cordero está declarada Conjunto Monumental. La estampa que luce en invierno bien podría ser un escenario de cuento.

Los romanos la llamaron Petraria por su emplazamiento sobre una gran piedra y, según la leyenda, que carece de fundamento, el emperador Trajano nació en ella. Sus casas solariegas obedecen a la riqueza que durante el siglo XII y posteriores dieron a la villa los rebaños de la Mesta.

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Panorámica de la hermosa villa de Pedraza./Jsanchezes

Señorío de la familia Herrera, más tarde pasó a manos de los Fernández de Velasco, contestables de Castilla. Pero en menos de dos siglos su economía se hundió y Pedraza quedó abandonada. Aparte de su esplendoroso pasado medieval, Pedraza también ha servido de escenario para el rodaje de películas de cine. El primero fue el del filme La barraca de los monstruos, en 1924.

Muchos otros rodajes vinieron después, como La aldea maldita (1929), El escándalo (1943) o El amor del capitán Brando (1974). El propio Orson Welles rodó aquí dos de sus películas; y varias series españolas, como Los desastres de la guerra o las recientes Isabel y Toledo, han hallado en la villa segoviana un inmejorable telón de fondo histórico.

El viajero que la visite puede entrar en Pedraza por la puerta de la Barbacana del siglo XVI, llamada también puerta de la Cárcel por estar junto a ella la antigua prisión. Si ésta se cierra, el pueblo queda protegido dentro de su recinto de murallas. Un paseo por su laberinto de calles umbrías y tranquilas conduce hasta la Plaza Mayor, uno de los mejores ejemplos de Castilla, rodeada de soportales y casas con solanas de madera. Es como entrar en un túnel del tiempo que transporta a la España de los Austrias.

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Castillo de Pedraza./Alberto Pascual

Entre los edificios que se abren a ella destacan los palacios de los marqueses de Lozoya y Miranda. El balcón verde que se divisa lo construyó un vecino en el siglo XIX para contemplar las corridas de toros que se organizaban en la plaza. También la Casa de Pilatos, siglo XVI, y las de Zamarriego y los marqueses de Floresta, que conservan la armonía medieval tan típica de las villas castellanas, incitan a hacerse una foto. De entre la arquitectura religiosa destaca la iglesia de San Juan, con torre románica, y la ermita de Nuestra Señora del Carrascal, extramuros, con una imagen de la patrona de la villa.

Sin embargo, el castillo románico (del siglo XIII y reconstruido en el XV), construido con piedra sillar, antigua residencia de la familia Velasco, es su punto más interesante. Su torre del Homenaje, cuadrada y de tres pisos, destaca sobre el resto del conjunto que en 1929 adquirió y restauró el pintor Ignacio Zuloaga. En él, el artista cuenta con un museo dónde se exponen obras de cerámica, pintura y dibujos suyos, junto a cuadros de otros artistas, entre ellos, un Cristo de El Greco, un retrato de la condesa de Baena, realizado por Goya, y un bodegón flamenco del siglo XVII.

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Plaza Mayor de la ciudad segoviana./Jsanchezes

En esta fortaleza permanecieron recluidos durante cuatro años los infantes don Francisco y don Enrique, hijos de Francisco I. Tiene un puente sobre un profundo foso que una vez sorteado permite al viajero adentrarse en el castillo, antaño hogar de reyes, guerreros o prisioneros. Durante los dos primeros sábados de julio, la fiesta El concierto de las velas ilumina Pedraza y confiere un asombroso aspecto a los interesantes espectáculos de música y danza que se desarrollan en la penumbra de la noche.

A escasos 13 kilómetros, el viajero, si es amante de la naturaleza, puede realizar una escapada hasta el acebal de Prádena, uno de los bosques de acebos más importantes de Europa. La monumentalidad que rezuma cada uno de los rincones de esta villa segoviana se recoge en un magnífico vídeo que los compañeros de Turismo3D han confeccionado. Una cuidada estética que pone de manifiesto el paraíso medieval que el viajero se puede encontrar si visita Pedraza:

Dónde dormir: La Posada de Don Mariano; C/ Mayor, 14; 40172 Pedraza (Segovia); teléfono: 921509886; info@hoteldonmariano.com.

Dónde comer: El Soportal; Plaza Mayor S/N; 40172 Pedraza (Segovia); teléfono: 921509826.

Balmaseda (Vizcaya)

Entre abruptas montañas, peligrosos cursos de agua y valles inaccesibles se esconde Balmaseda, antaño tierra de condenados, un lugar de prófugos de la justicia. La localidad vizcaína, hoy considerada la ciudad del mueble por su industria predominante, tiene un Puente Viejo medieval (siglo XII), unas cuantas casonas nobiliarias y otras pocas casas torre fortificadas que en otros tiempos fue escenario de contiendas entre banderías.

Se dice en el lugar, una de las villas más antiguas de Vizcaya, que en el siglo XV existió una comunidad judía, pero los villanos se levantaron contra este pueblo por la historia y, en 1483, expulsaron a los judíos y confiscaron sus bienes. En 1559 hubo una peste que asoló Balmaseda y, para cubrir los gastos, los habitantes vendieron las joyas de la iglesia, algunas de las cuales pertenecieron a la antigua comunidad hebrea expulsada.

El Puente Medieval destaca de entre los monumentos de Balmaseda./Javierme

De tiempos más pacíficos hay también casas de indianos que regresaban ricos de América y construían mansiones donde refugiar la vejez y alardear ante sus paisanos. Entre las visitas recomendadas se debe mencionar una a las cuevas de Pozalagua, dotadas de estalactitas concéntricas, únicas en Europa.

El casco urbano resulta de gran interés para el viajero. Sus edificios y calles siguen un orden muy bien diseñado. Resulta apetecible visitar la iglesia de San Severino (siglo XV), de interior gótico y fachada barroca. También es digno de ver el Palacio del marqués de Buniel (siglo XVIII), un edificio de planta rectangular que tiene en su interior una biblioteca y un museo.

Sede del Ayuntamiento de la localidad vizcaína./Javierme

Otro palacio de interés para ser visitado es el de Horcasitas, sede del Ayuntamiento, del que sobresale su hermoso pórtico, o la iglesia de San Juan. El silencio y la tranquilidad que respiran el patrimonio de Balmaseda invita al viajero a disfrutar de un fin de semana de encanto y sosiego.

Enclavada en plena ruta jacobea, Valmaseda albergó un hospital de peregrinos y gozó del privilegio de tener al poeta León Felipe como farmacéutico del pueblo. Hay en la región también monumentos megalíticos como el dólmen de la Cabaña o Carranza o el crómlech de Kanpazaulo o Güeñes, así como cuevas que fueron habitadas en la prehistoria como Venta Laperra, Carranza, Cueva Arenaza o Galdames.

Las boinas son un producto típico de Balmaseda.

En Balmaseda se vanaglorian de fabricar las mejores boinas de todo el País Vasco. Asimismo, todos los años la localidad entera cambia su oficio cotidiano para convertirse en actor en Semana Santa y escenificar la Pasión de Jesús. Aquí se celebra todos los años un tradicional Mercado Medieval, de los más populares del País Vasco. Músicos, cómicos, brujas o fakires conviven con los vecinos del pueblo durante unos días.

Con la clara intención de poder disfrutar de una escapada en este bello hermoso pueblo, os dejo antes con un aperitivo visual en forma de vídeo:

Dónde dormir: Hotel San Roque; Campo de las Monjas, 2; 48800 Balmaseda (Vizcaya); teléfono: 946102268.

Dónde comer: Restaurante Las Piscinas; Calle de la Calzada, 0; Balmaseda (Vizcaya); teléfono: 665737848.

Pals (Gerona)

Sin llegar apenas a los tres mil habitantes, la localidad gerundense de Pals emerge como una joya gótica de su provincia y, por extensión de toda Cataluña y la Península. Dotada de castillo y murallas, de ella el escritor Josep Pla dejó escrito que “Pals no merece una visita, sino cien visitas, porque su situación ofrece la posibilidad de ver uno de los paisajes más bellos e inolvidables del país”.

Los primeros documentos históricos que se tienen de la ciudad datan del siglo IX, aunque los orígenes del recinto gótico son muy antiguos. Algunos historiadores defienden que Cristobal Colón no zarpó de Palos de la Frontera con destino al Nuevo Mundo como señala la historiografía oficial, sino desde el puerto de Pals.

Arco de Pals./Joseaperez

El casco antiguo de este pequeño municipio, de estilo gótico y declarado Conjunto Histórico Artístico, se sitúa en la cima de un pequeño cerro, el Puig Aspre, uno de los puntos más reconocidos y visitados de la comarca del Baix Empordá. Se convirtió en uno de los primeros recintos que se restauraron en la comarca y ha obtenido importantes premios de reconocimiento.

Durante la Guerra Civil, el recinto gótico quedó muy dañado, aunque los esfuerzos del doctor Pi i Figueras y la Diputación de Girona promovieron su restauración. Continuos enfrentamientos bélicos solo han permitido que sobreviva la Torre del Homenaje, de planta circular levantada entre los siglos XI y XIII y 15 metros de altura.

Típica calle medieval de la localidad gerundense./Joseaperez

Calles empedradas interrumpidas por arcos de medio punto, fachadas con ventanas ojivales y balcones de piedra son los signos distintivos de Pals. La muralla conserva cuatro torres de planta cuadrada, del siglo XII. Otros puntos de interés son el mirador Josep Pla, la Plaza Mayor, las sepulturas de la calle Mayor y la iglesia de Sant Pere.

Al viajero también le merece la pena acercarse a conocer una casa fortificada del siglo XV, sede del Museo de Arqueología Submarina. Entre otras curiosidades, podrá conocer la historia de los vinos y cavas de Cataluña, gracias la exposición permanente que exhibe.

Casa de la Vila de Psld./Mutari

Uno de los grandes atractivos del lugar es su playa. Pals ocupa una amplia extensión del litoral bajo ampurdanés, con una playa que supera los 3,5 kilómetros. Para los amantes de la naturaleza se debe recomendar la visita a los conocidos humedales, situados en la antigua desembocadura del río Daró, donde se encuentran también las Basses d’en Coll.

Dejarse transportar por la máquina del tiempo nos permitirá regresar a épocas del Medievo. Máxime si prestamos atención a este elaborado vídeo que muestra los encantos que esconde Pals:

fuente: playerbcn1

Dónde dormir: Hotel Mas Salvi Girona; C/ Carmany s/n,; 17256 Pals (Gerona)

Dónde comer: Restaurante Can Dolç; Plaça Església; Palau-sator (Girona); teléfono: 972635003

Santillana del Mar (Cantabria)

Dicen que es la ciudad de las tres mentiras: ni es santa, ni es llana, ni tiene mar. La cornisa occidental de Cantabria esconde una fisonomía medieval y su entorno encierra el mayor legado de la Prehistoria. Resulta imposible no detenerse en Santillana del Mar y perderse durante horas.

Los escudos blasonados de las casas construidas en piedra, que abarcan del siglo XII al XVII, nos hablan de un lugar en otros tiempos poderoso, donde los hidalgos adornaban sus viviendas con muebles románticos, bibliotecas y jardines con plantas expresamente traídas de los más recónditos rincones del planeta.

El casco antiguo, peatonal, conserva toda su impronta medieval, algo por lo que ha sido declarado Monumento Histórico Artístico. El Parador de Gil Blas es un buen centro de operaciones para descubrir Santillana del Mar sin prisas.

Junto a él sobresale, majestuosa, la Colegiata de Santa Juliana, del siglo XII, con un precioso claustro románico. Los capiteles historiados de las columnas conforman un conjunto escultórico de enorme valor.

Alrededor de la Colegiata cabe destacar otros edificios como el Ayuntamiento, del siglo XVII, la Torre del Merino (siglo XIV), la Fundación Jesús Otero, el Palacio de los Velarde y el Museo del Barquillero.

El atractivo de este bello municipio no puede resultar más etéreo: reside en sus calles empedradas y en sus tiendas de artesanía local, donde, por ejemplo, poder degustar los exquisitos sobaos pasiegos y las quesadas. Resulta curioso visitar el Museo de la Inquisición.

A escasos dos kilómetros de distancia de Santillana emerge la Capilla Sixtina del Cuaternario o, lo que es lo mismo, las Cuevas de Altamira, declaradas Patrimonio de la Humanidad.

Sus grabados y pinturas rupestres, con trazos rojos, amarillos y violetas que forman figuras imposibles y posibles, fueron realizados hace más de 15.000 años.

Ahora están cerradas al público en pos de su conservación. Pero hace unos años abrió sus puertas la Neocueva, en el interior del Museo de Altamira, justo al lado, que reproduce las pinturas originales con una absoluta exactitud y que, sin duda, merece la pena visitar.

De nuevo, os pongo los dientes largos con un bello vídeo que exalta las virtudes de Santillana del Mar.

Sigüenza (Guadalajara)

Ejemplo turístico donde los haya, Sigüenza, en la provincia de Guadalajara, conserva intacto su casco antiguo de origen medieval y su valor más universal: el sepulcro de un joven que parece mirarnos desde la eternidad, una de las estatuas españolas más conocidas.

De los muchos atractivos artísticos y culturales con los que cuenta esta ciudad manchega, es la Catedral el más destacado de sus monumentos. Su construcción comenzó en el siglo XII, aunque las obras se prolongaron hasta el XV. De estilo gótico cisterciense, está flanqueada por dos torres macizas y un gran rosetón.

En los laterales de la Catedral se suceden un sinfín de capillas, entre las que sobresale la de San Juan y Santa Catalina, donde se encuentra el sepulcro del doncel Martín Vázquez de Arce, muerto a los 25 años cuando participaba en la conquista de Granada. Construido en mármol marfileño recostado sobre su tumba, es de un gran hiperrealismo escultórico.

Frente a la fachada sur del edificio se abre la Plaza Mayor, con soportales en uno de sus lados y, en su fondo, el Ayuntamiento, con escudos labrados en piedra en su fachada. Por la calle Mayor se llega hasta la Iglesia de Santiago, con portada románica.

Si se coge la Travesaña Alta se llega a la Iglesia de San Vicente y, justo enfrente, se alza la Casa del Doncel, palacio del siglo XV. Por la misma calle medieval el viajero se topa con la plaza de la Cárcel, en torno a la que se levantan edificios de interés como la Posada del Sol y el Ayuntamiento Viejo.

La última parada nos lleva rumbo al imponente castillo del siglo XII, donde se emplaza el Parador, dotado de una vista privilegiada sobre Sigüenza. Antaño residencia de obispos, cardenales y reyes, la fortaleza, hoy en parte hospedaje, conserva salones señoriales y un patio empedrado, entre otros encantos.

Pero la provincia de Guadalajara es mucho más, sin duda. Ideal para conocer parte de su patrimonio, historia y gastronomía en un fin de semana. Si quieres obtener más información para tu escapada, te recomiendo leer este artículo de Viajes de Primera.

Como viene siendo habitual, os dejo otro vídeo que muestra, de forma breve, las maravillas que esconde este destino der nombre Sigüenza: