Los Mallos de Riglos (Huesca)

Como columnas colosales de una desaparecida civilización de gigantes se yerguen los Mallos de Riglos. Estas moles sedimentarias de cantos rodados del Terciario modeladas por la erosión alcanzan los 300 metros de altura.

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Los Mallos de Riglos./eigernordwand

Su color rojizo denota abundancia de arcillas férricas o quizá que aquellos gigantes practicaban sacrificios sangrientos. Ante los Mallos de Riglos nadie permanece indiferente. El deportista ve el desafío de una mole pétrea que invita a la escalada; el ornitólogo o mero pajarero se extasiará ante la abundancia de seres alados que pululan por las numerosas oquedales de las rocas; el excursionista romántico aguardará al atardecer, cuando el sol poniente enciende los colores de los Mallos, como un ascua, como una joya, como un sol que se extingue para mirarse en los ojos de la amada.

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La iglesia de Riglos./Pablo Moratinos

Es una buena ocasión para visitar la cercana ermita románica de San Martín, a la entrada de Riglos, y admirar sus pinturas.

La provincia de Huesca esconde muchos otros atractivos: la estación de Canfranc, que se convirtió en un nido de espías durante la II Guerra Mundial, el municipio de Alquézar, la ciudadela de Jaca o el castillo de Monzón, donde los templarios educaron al futuro monarca de Aragón Jaime I.

Aínsa (Huesca)

Capital de la comarca de Sobrarbe, en el alto Pirineo oscense, el pintoresco pueblo de Aínsa bien merece una visita por muy a trasmano que le pueda parecer al viajero. Con un casco viejo declarado conjunto histórico-artístico, durante muchos años Aínsa ejerció un papel de puesto de mando estratégico en la pugna contra los árabes. Con posterioridad, en plena Edad Media, monarcas como Alfonso I otorgaron a la villa importantes privilegios, lo que convirtió a la localidad en un importante núcleo comercial.

Toda la comarca se convirtió en frontera entre el mundo árabe y el cristiano, lo que le dejó un fructífero legado cultural colmado de construcciones defensivas. Pero antes, los primeros pobladores de Aínsa habitaron las covachuelas y las cavidades naturales de un prodigioso entorno. Celtas, romanos, musulmanes o cristianos han dejado aquí su huella. Tan sólo es necesario coger la máquina del tiempo y emprender viaje rumbo al pasado. Las sorpresas esperan al viajero.

panoramica de la ciudad de aínsa en la provincia de huesca en aragon.

Las construcciones medievales predominan en Aínsa./villadeainsa.com

El núcleo medieval está en un cerro rematado por un castillo del siglo XI que domina la confluencia de los ríos Ara y Cinca. Si el viajero callejea por Aínsa podrá admirar su magnífica plaza Mayor porticada (siglos XIII-XV), repleta de restaurantes, en la que perduran las dos prensas comunitarias que, hasta tiempos recientes, molturaron las cosechas de uvas del pueblo.

También la iglesia románica de Santa María, de nave única rematada en ábside circular y con una torre defensiva. Está declarada Monumento Nacional. En las calles Mayor y de Arriba se puede disfrutar de vetustas casonas solariegas como la de Bielsa o Casa Arnal (siglo XVI) En la Torre del Tenente, de planta pentagonal, perteneciente al castillo, se ha instalado un Eco Museo.

Castillo de aínsa en la provincia de huesca de la comunidad de aragón.

Castillo de la localidad oscense cubierto de nieve./http://villadeainsa.com

A escasos tres kilómetros de la localidad oscense se halla la Cruz Cubierta, un templo circular del siglo XVII que se construyó para conmemorar la batalla de L’Aínsa, en la que las huestes musulmanas fueron derrotadas por las cristianas. En torno al acontecimiento histórico surgió una leyenda según la cual una cruz se apareció sobre una encina en el fragor de los combates. Los vecinos conmemoran la leyenda una fiesta conocida como la de la Santa Cruz o de la Morisma.

Aínsa disfruta asimismo de los estimables valores paisajísticos y medioambientales que le asegura su privilegiada posición entre el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y los parques naturales de la Sierra y Cañones de Guara y de Posets-Maladeta.

No en vano lo han escogido para instalar en sus términos un comedero de aves necrófagas que ayude a conservar especies amenazadas propias de estos bosques, como el quebrantahuesos. A unos 15 kilómetros de Aínsa pueden visitarse las ruinas del monasterio benedictino de San Victorián, donde en el siglo X se enterraban los reyes de Aragón.

La Plaza Mayor de Aínsa de estilo medieval.

Plaza Mayor de Aínsa./villadeainsa.com

La calma y el sosiego invita al viajero a cerrar los ojos y disfrutar del viaje, la historia y el pasado en Aínsa. Nada mejor que este vídeo que os dejo bajo estas líneas para comprobarlo de facto, en persona. Un recorrido que enaltece el ánimo aventurero de cualquier interesado por conocer algo más de este pequeño pero inmenso territorio fronterizo. Tu cita, de nuevo en Lugares con historia:

Dónde dormir: Hotel Posada Real; Plaza Mayor, 6; 22330 Aínsa (Huesca); teléfono: 974500977.

Dónde comer: Bodegón de Mallacán; Plaza Mayor; Aínsa (Huesca); teléfonos: 974500977 y 974500953.

Estación de Canfranc (Huesca)

Concebida como gran escaparate de la España monárquica de principios del siglo XX ante los visitantes extranjeros, la Estación Internacional de Ferrocarril de Canfranc se erigió dentro del proyecto de creación de un paso fronterizo a través de los Pirineos que comunicase España con Francia, y aprovechar así la línea el que unía el municipio de Tardienta con Huesca y Huesca con Jaca.

La terminal fue inaugurada en 1928 por el rey Alfonso XIII y el presidente de la República francesa. Parece un palacio francés del XIX: un elegante edificio central entre modernista y art déco (columnas, yeserías, molduras, dorados…) donde destaca un cuerpo central coronado por una cúpula de fundición que se prolonga, a un lado y al otro, en dos largas alas armónicas con cubiertas de pizarra (240 metros de largo en total y 75 puertas) que acogían, en doble vía cubierta, a trenes enteros dispuestos en paralelo para que un ejército de porteadores trasvasaran las mercancías de un tren a otro.

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Fachada de la Estación Internacional de Canfranc./Jakob Bauer

De este modo laborioso se solventaba el problema de que España tuviera un ancho de vía diferente al de Europa. Además de los servicios normales de billetería, almacén, consigna, aduanas, cantina y enfermería, había en la estación un hotel de lujo, un casino y una sucursal del Banco de España. Durante la Guerra Civil, la estación pasó a manos del bando nacional, que tapió el túnel que la unía con Francia para evitar cualquier tipo de penetración desde el país vecino.

Ya en época de la Segunda Guerra Mundial, entre 1940 y 1943, la estación de Canfranc vivió una actividad inusitada. Se calcula que diariamente entraban de Francia unas 1.200 toneladas de mercancías, principalmente víveres y materias primas procedentes de América Latina con destino a Alemania, que de ese modo, con España como intermediario, burlaba el bloqueo aliado. Se bloqueó el tráfico de pasajeros.

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La terminal se encuentra en pleno proceso de restauración./Jakob Bauer

También entraban toneladas de mineral de wolframio que la industria bélica germana necesitaba desesperadamente. A cambio llegaban enormes cargamentos de oro procedentes de Suiza y destinados a los bancos de España o Portugal. La aldea creada en torno a la estación se convirtió entonces en un nido de agentes y de espías.

En tan solo unos meses, a partir de 1943, el tráfico de la estación decreció de forma rápida tras la previsible derrota alemana y a partir de 1945 languideció hasta que, en 1970, se interrumpió el tráfico debido al derrumbe del puente de L’Estanguet fruto del descarrilamiento de un tren de mercancías francés, y la estación quedó abandonada a su lenta ruina.

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Los andenes de la estación han servido de decorados de varias películas./Scandisk65

En la actualidad se está restaurando para convertirla en un hotel destinado a veraneantes pirenaicos, aunque un proyecto de 2005 también pretendía construir una nueva estación, la urbanización del terreno de uso ferroviario liberado y la edificación de un museo dedicado al tren. Ahora es propiedad del Gobierno de Aragón.

La estación internacional también ha servido de escenario y localización de diversos largometrajes de cine y series de televisión como Doctor Zhivago, e incluso de rodaje de anuncios como el de la Lotería de Navidad. Dicha terminal se ubica en una localidad pirenaica que ofrece otras alternativas al viajero como montaña, deportes de nieve, gastronomía, patrimonio cultural y la posibilidad de disfrutar de una estancia inolvidable en la frontera.

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Vagones y trenes lucen su abandono ahora en Canfranc./Jule_Berlin

En Canfranc discurre el Camino de Santiago aragonés. Pese a dos devastadores incendios sufridos en 1617 y 1944, la localidad oscense aún conserva parte de su antiguo patrimonio monumental, como los restos del castillo, de origen medieval, la fachada de la Torre de Aznar Palacín (siglo XIV), la iglesia de la Asunción y el conjunto monumental de la Trinidad fundado en el siglo XVI por Blasco de Les para atender a pobres y peregrinos.

Con la idea de realizar un breve recorrido por el pasado, presente y futuro de esta emblemática estación situada en pleno corazón del Pirineo Aragonés y declarada Bien de Interés Cultural, os dejo con un nuevo e interesante vídeo emitido por la televisión autonómica de Aragón que atestigua la época de esplendor que la terminal vivió en el siglo XX:

Dónde dormir: Albergue de Peregrinos Refugio de Canfranc; Calle Albareda, 19; Canfranc (Huesca); teléfono: 974373217.

Dónde comer: Restaurante Thania; Plaza de Europa 4; 22880 Canfranc (Huesca); teléfono: 974373085.

Monzón (Huesca)

Escenario de la educación del futuro conquistador y monarca de los reinos de Valencia, Mallorca y Murcia durante el siglo XIII, el espectacular castillo templario de Monzón domina, desde su atalaya, la amplia panorámica que se divisa de la bella localidad oscense, la segunda en población de la provincia aragonesa.

El rey Jaime I de Aragón, el conquistador, pasó parte de su adolescencia, en concreto tres años, en la fortaleza oscense tras la muerte de su padre Pedro II de Aragón en la batalla de Muret (1213), bajo la tutela de los templarios. Centinela del paso entre los valles del Segre y el Cinca, este castillo, declarado Monumento Histórico Artístico Nacional, siempre fue un bastión muy disputado.

Castillo templario de Monzón.

El emblema arquitectónio de Monzón consta de cinco edificios independientes situados sobre la meseta plana del cerro sobre el que se emplaza: la capilla de San Nicolás, la Torre del Homenaje, la Sala Capitular, el pabellón de las Dependencias y la Torre de Jaime I.

La fortaleza oscense es el emblema arquitectónico e histórico del municipio.

Asimismo, Monzón fue cabecera de una importante encomienda de la Orden del Temple y sede en numerosas ocasiones de las Cortes de la Corona de Aragón entre los siglos XIII al XVII. Antes, en el siglo XI, la urbe fue tomada por El Cid. Durante la Guerra de los Segadores el castillo fue tomado en el siglo XVII por las tropas franco-catalanas dirigidas por Philippe de La Motte Houdancourt.

Catedral de Santa María del Romeral.

Una visita al casco histórico de Monzón obliga dirigir los pasos del viajero, además del castillo templario, hacia la Catedral de Santa María del Romeral, construida a finales del siglo XII y cuya iglesia pertenece al estilo románico. En su interior tuvieron lugar sesiones de las Cortes de Argón durante la Edad Media.

Imagen de la ciudad de Monzón./planetafitness

Merece también la pena detenerse para contemplar bien de cerca la gótica iglesia de San Juan Bautista, que perteneció a la Orden de los Hospitalarios, la iglesia de San Francisco, de estilo cisterciense, el puente romano peatonal, la Ermita de Nuestra Señora de la Alegría, o la Chimenea de la Azucarera que, con sus más de cincuenta metros, es la construcción más alta de la ciudad y de toda la provincia de Huesca.

Este vídeo ofrece un bello recorrido por el impresionante castillo: