Cantavieja (Teruel)

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Autor de uno de los mejores blogs de historia y curiosidades que orbitan por la galaxia digital, Historias de la historia, se ha consagrado como autor de éxito. Suyos son dos recientes trabajos en forma de libro que, bajo los títulos de Nunca me aprendí la lista de los reyes godos y De lo humano y lo divino, han conseguido conectar con un amplio y cada vez mayor sector de público. Colabora con unas cuantas publicaciones (no sé de dónde saca el tiempo) y allá donde va hace gala de su pasión y dominio de la historia. Con rigor y, sobre todo, amenidad. También le podemos escuchar de madrugadas, cual vampiro radiofónico, en La rosa de los vientos (Onda Cero) y Gente Despierta (RNE) Sigue leyendo

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Vera de Bidasoa (Navarra)

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Aunque no existe frontera, un algo misterioso le advierte al viajero de la presencia de valles franceses y guipuzcoanos que le conducen, si sigue las aguas del río Bidasoa, hacia Navarra. Los densos bosques que surgen a cada paso se hacen verdes, amarillos, rojos y ocres, según la estación del año. Ya al fondo, brota el rumor sonoro del agua con los chapoteos de las truchas. El Bidasoa le lleva hasta Vera, pequeño refugio de uno de los literatos más insignes que ha manado nuestras letras: Pío Baroja. Sigue leyendo

Beceite (Teruel)

Beceite enamora. Se trata de uno de los pueblos más interesantes y desconocidos de la geografía española. Localizado en la comarca del Matarraña, el paisaje que permite llegar a este sitio abruma por su espectacularidad. La carretera de acceso queda encajonada entre espectaculares acantilados abiertos por el cauce del río Matarraña, por el que se eleva un puente de piedra medieval que salva el abismo. Sobre la cabeza del viajero que arriba a Beceite sobrevuelan los majestuosos vuelos de buitres y águilas.

La menuda localidad de Beceite se convirtió en el escenario, durante el invierno de 1837, de uno de los más terribles sucesos de maltrato y crueldad en cuanto al trato de prisioneros de la España del siglo XIX. Las tropas carlistas detuvieron en la batalla de Villar de los Navarros a casi dos millares de soldados del ejército liberal. En solo siete meses, y antes del intercambio de los supervivientes, murió la mayoría de ellos a causa del hambre, el frío, las enfermedades y las ejecuciones. Gran parte se vio obligado a recurrir al canibalismo para sobrevivir.

Vista general del municipio de Beceite

Panorámica del pueblo turolense de Beceite./Jome

El pueblo de Beceite se corresponde con la legendaria Intibilis romana y la hispano musulmana Abunzeit (tierra de olivos). En él parece haberse detenido el paso del tiempo: las calles se cubren con amplios arcos apuntados mientras acompaña al viajero el sonido calmado del agua que discurre, desde la Edad Media, por los canales subterráneos y se asoma por las fuentes y los lavaderos. La villa estaba formado por dos arrabales: Zeit y Benet, al unirse, a mediados del siglo XII, darían lugar al nombre actual de la localidad.

Beceite es la única zona de la comarca del Matarraña en la que está documentada la presencia de la Orden de los Templarios. La media luna que campea sobre el arco apuntado de la puerta de San Gregorio da fe de ello: rememora el símbolo del apellido del primer maestre templario de esta villa: don Pedro Lope de Luna. Quizás fue el primer portal ojival que se levantó en España. Los monjes guerreros convivieron aquí en perfecta armonía con los musulmanes y judíos.

Fachada de la casa de la vila en Beceite

Casa de la Vila de Beceite./Willtron

El paso de los años ha permitido conservar una fisonomía particular del municipio turolense: sobre la ladera meridional de una colina se acurrucan casas de piedra y tejado árabe dentro de unas murallas, flanqueadas de torres que retrotraen la mente del viajero a pleno Medievo. A través del portal de San Roque se accede al casco antiguo. No muy lejos, rumbo a la Puerta de San Gregorio, emerge una casa medieval que conserva grabada la cruz de las ocho beatitudes templaria.

Casi todo el patrimonio que se conserva en Beceite recuerda al Temple; como la iglesia parroquial dedicada a San Bartolomé, uno de los cuatro santos predilectos de la orden, en la Plaza Mayor. Data de 1210, aunque la fábrica que queda en pie es de la segunda mitad del siglo XVIII. Sobresale la fachada dotada de columnas salomónicas y torre sin chapitel. Justo al lado, el Ayuntamiento (siglo XVI), cuyos bajos albergaban la cárcel local, estancia habilitada hoy como Oficina Municipal de Turismo.

Fachada de la iglesia de san bartolomé de beceite.

Iglesia de San Bartolomé./Willtron

Tampoco desmerece la visita del viajero la ermita de Santa Ana, situada a la entrada de Beceite; así como por las antiguas fábricas de papel, cuyos molinos, datados en los siglos XVIII y XIX, todavía se mantienen en pie. Uno de ellos, el de Noguera, se ha transformado en marco de exposiciones de arte. Las grutas de El Cargol, donde al parecer hubo un oratorio y centro de iniciación templario, invitan a los amantes del misterio. Aquí aún se conserva lo que pudo haber sido el pedestal de una Virgen negra.

En las cercanías de Beceite se encuentra el Parrisal, un desfiladero el río Matarraña lleno de posibilidades para los amantes de la naturaleza. Los Puertos de Beceite no rebasan los 1.500 metros de altura, pero aun así constituyen una impresionante mole desde la que, en días claros, se avista el Mediterráneo. Se presenta como un lugar idóneo para para amantes del senderismo, la flora y la fauna en estado puro. Quienes aprecien la espeleología disfrutarán si ahondan en las grutas de La Figuera, Maravelles o El Petro. Tampoco falta la huella prehistórica representada en las pinturas rupestres de La Fenellosa, que se remontan a la Edad del Bronce.

Los parajes y el entorno que envuelven a Beceite invitan a una recepción del viajero, sosegada, en calma, donde disfrutar de cada momento que pasa, como ocurre casi con la vecina localidad de La Iglesuela del Cid. Este vídeo que aquí os dejo es una clara muestra. Sin más alardes que la humildad que destila la localidad, su bienvenida merece un rincón en Lugares con historia.

Dónde dormir: Hotel La Font del Pas; 44588 Beceite (Teruel); teléfono: 978890443.

Dónde comer: Antigua Posada Roda; C/ Villanue-va, 19; 44588 Beceite (Teruel); teléfono: 978850254.

Morella (Castellón)

El paisaje es abrupto, barrancoso y con ramblas, peñascales y yermos, bosquecillos de pinos y carrascas. Pero la carretera no está mal y al final del camino le espera al viajero Morella. Se trata de una urbe que evoca la imagen de una montaña que parece un cono truncado fortificada por sucesivos recintos inexpugnables, con más de dos kilómetros de perímetro, 14 torres fuertes y seis puertas de acceso.

Es su castillo, pétreo sobre la mole rocosa, uno de los mayores emblemas del municipio castellonense. De aspecto imponente y macizo, a la vez que inexpugnable sobre la coma de la Mola, cuenta con plaza de armas, aljibe y prisión. Está declarado Monumento Histórico-Artístico.

Castillo de Morella./Makkukochi

Los romanos se establecieron en la antigua Morella a la que llamaron Castra Aelia. Los árabes se encontraron el trabajo hecho, aunque procuraron mejorarlo. El propio Cid Campeador les arrebató la ciudad a los moros en 1084, pero luego la reconquistaron en 117 para volver a perderla, en 1232, cuando Jaime I la incorporó al Reino de Aragón.

No terminaron ahí los avatares de la villa, que se prolongaron a las guerras carlistas, en el siglo XIX. También las murallas del municipio aguardaron las embestidas de la Guerra de la Independencia y la Guerra Civil.

Ayuntamiento de la localidad castellonense./Josemanuel

Una vez llegado a Morella, al viajero le aturde por dónde empezar el recorrido. Lo puede hacer por cualquier puerta que escoja (Sant Mateu, Sant Miquel, del Rei, dels Estudis, de la Nevera, de Forcall y de Ferrissa) Encontrará un pueblo razonablemente bello.

De trazado medieval, abundan entre su arquitectura las casas y palacetes de los siglos XIV al XVI. Las calles principales son de trazado horizontal y, la más famosa, la de los Porxos, tiene aceras totalmente cubiertas.

Puerta de Sant Miquel./Afpineda

Morella admite muchos itinerarios, todos válidos siempre que incluyan como eje de la ruta la calle Blasco de Aragón, que tiene una variada arquitectura y bajos porticados.

Después del examen de las murallas y del callejeo consiguiente se arriba a la plaza Mayor. Cerca se adivina la silueta de edificios góticos como el Ayuntamiento (siglo XVI) y la estupenda iglesia arciprestal de Santa María (siglos XIII-XIV)

Panorámica de la ciudad de Morella con el castillo al fondo./Kriegerkalle

También son visitables el claustro gótico del siglo XIII y sala capitular del Real Convento de San Francisco, así como el acueducto que surtía a la villa, denominado de Santa Lucía.

Si lo que le agrada al viajero es visitar museos, aquí se topará con tres que no hay que dejar escapar: Tiempo de Dinosaurios , Tiempo de la Historia y Tiempo de la Imagen.

Este vídeo muestra un pequeño bosquejo de todo lo que nos podemos encontrar en Morella:

fuente: tauladelsenia

Puente la Reina (Navarra)

A 25 kilómetros de Pamplona confluyen los dos ramales franceses del Camino de Santiago, el que procede de Roncesvalles y el de Jaca, para salvar el río Arga por un esbelto puente medieval (siglo XI) de más de 100 metros de longitud. El viajero ha llegado a Puente la Reina.

Es este puente, de seis arcos y erigido por orden de Doña Mayor, esposa de Sancho III, rey de Navarra, el que da entrada a la villa medieval.

Panorámica de Puente la Reina./Jule_Berlin

En la localidad navarra, cuyo casco histórico está declarado Bien de Interés Cultural, se instalaron algunas órdenes relacionadas con la Ruta Jacobea, así como casas de atención a los peregrinos, como el convento de las Reparadoras.

Durante las guerras carlistas, la población de Puente la Reina se mantuvo leal a Don Carlos. En 1874, el propio aspirante al trono español estableció su cuartel general en el Palacio del Patrimonial, hasta que abandonó el municipio para defender Estella.

Estatua dedicada al peregrino del Camino de Santiago./Jaume

Antes de recorrer la calle Mayor, con sus casa blasonadas entreveradas entre la arquitectura popular y sus bajos ocupados por comercios artesanos y tiendas de recuerdos, el peregrino debe visitar la iglesia de Santiago (siglo XII), que tiene una bella portada entre románica y mudéjar.

Tampoco se ha de obviar la visita a la Virgen del Pajarito, una talla sedente, románica, en madera policromada.

Puente románico de la localidad navarra./Piotr Tysarczyk

Esta preciosa villa que cobra vida gracias al continuo trasiego de peregrinos, puede recorrerse a través de la Ruta Jacobea que lo atraviesa, de este a oeste, tomando como punto de inicio el cruce de la antigua carretera de Pamplona con el de la carretera de Campanas. Allí el viajero se topará con una estatua en homenaje al peregrino.

En la iglesia del Crucifijo (siglos XII-XIV), fundada por la Orden de los templarios, existe un Cristo gótico insólitamente clavado en una extraña cruz en forma de y griega.

Iglesia del Crucifijo./Jaume

Cerca de la Plaza Mayor, tras cruzar el río Arga por el icónico puente, se accede al antiguo asentamiento de Zubiurrutia, en el que se encuentra el Convento de las Comendadoras del Sancti Spiritus, del siglo XIII.

Ya de regreso hacia la villa navarra, cruzando de nuevo el río por otro puente, se esparcen restos de la muralla que antaño protegía el municipio de Puente la Reina.

Este vídeo os puede aportar un poco más de información visual de esta hermosa localidad que, sin duda, merece la pena de una buena escapada:

fuente: mikelats35

La Iglesuela del Cid (Teruel)

Con apenas medio millar de habitantes, el nombre de esta localidad turolense anuncia un pasado estrechamente ligado al del Cid Campeador. Las calles de La Iglesuela del Cid conforman un complejo entramado que recorre un pasado repleto de historia que alcanzó su máximo esplendor, quizás, en la época romana, de la que se conservan restos arqueológicos a las afueras.

Rodrigo Díaz de Vivar se refugió en esta localidad camino de Valencia y la fortificó. En el siglo XII, la villa se encomienda a los templarios para formar parte de la que fue la Baylía de Cantavieja.

El estilo medieval impregna la orografía de La Iglesuela del Cid./Marlis 1

El periodo de bonanza de La Iglesuela se extendió también a buena parte de la Edad Media y la Edad Moderna, de la que dan fe las construcciones nobiliarias y palaciegas que existen por todo el municipio. Estas se erigen sobre un antiguo casco urbano de sabor templario, declarado Conjunto Histórico-Artístico.

Ya en el siglo XIX, estas tierras, emplazadas en la comarca del Maestrazgo, se convierten en uno de los principales escenarios de las guerras carlistas, en las que cobró fama el general conocido como el Tigre del Maestrazgo, quien lideró el ejército de Aragón.

Arco de entrada al casco antiguo./The CAT Autobot

La Plaza Mayor es el epicentro de la vida en La Iglesuela, y aquí se encuentra el Ayuntamiento (siglos XIII-XV), y la Casa Matutano Daudén (siglo XVIII), hoy hospedería, de estilo barroco. Con una categoría de cuatro estrellas, tiene bellos tapices y frescos que poder contemplar.

En esta misma plaza se alza también la antigua Torre de los Nublos, adosada al edificio del Ayuntamiento y de origen medieval. Cerca, la iglesia de la Purificación y la Casa Blinque añaden vistosidad al recorrido, y ya en las calles aledañas el viajero puede emprender un breve itinerario por edificaciones nobiliarias como la Casa Guijarro o la de Santa Pau.

Claustro de una iglesia del municipio turolense./XimoPons

También hay construcciones más modestas, como la ermita de Cid, o las de San Pedro, la de Loreto, la del Calvario y la de los Paules. No olvidar acercarse hasta el Santuario de la Virgen del Cid, que cuenta con ermita, hospedería y pórtico.

Por toda esta localidad de la comarca del Maestrazgo la piedra, el hierro forjado y los arcos de sillería adquieren un especial protagonismo, al estar presentes en puentes, fachadas, lonjas o escudos, todo de un claro acento medieval.

Iglesia y hospedería de La Iglesuela del Cid./Manel Zaera

Para que veáis el encanto que tiene La Iglesuela del Cid, os dejo con un pequeño vídeo que anticipa sus encantos. ¿No os apetece visitarla?:

fuente: cimacien