Brihuega (Guadalajara)

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La Alcarria, la comarca de las mieles, cuenta con un importante patrimonio monumental, natural e histórico que conviene explorar de manera sosegada. Y el corazón de esa Alcarria es Brihuega, llamada también ‘Jardín de la Alcarria’, una villa histórica y monumental situada en un altiplano desde el que se dominan los bellos parajes del valle de Tajuña. Como podrá apreciar el viajero a continuación, Brihuega es uno de esos lugares no turísticos de Castilla La Mancha, que no suelen aparecer en las guías convencionales, pero que los amantes del pasado y la historia deben marcar en rojo dentro de su agenda viajera. Sigue leyendo

La ciudad del Born (Barcelona)

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El nuevo centro cultural del Born se ha abierto al público, y con él ha renacido la Barcelona de 1700 gracias a un yacimiento convertido en museo donde contemplar con todo detalle cómo era la ciudad de entones. Una fotofinish de una época como pocas veces permite la historia. En el barrio de La Ribera de Barcelona se alza la inconfundible estructura del antiguo mercado del Born, una de esas construcciones metálicas de tan de moda en el siglo XIX. Fue el primer gran edificio de la arquitectura del hierro en Barcelona (1878) y ejerció casi un siglo, hasta 1977, como su principal mercado de abastos. Sigue leyendo

Colindres (Cantabria)

Encrucijada de caminos entre Santander, Bilbao y Burgos, la historia de Colindres ha estado casi siempre vinculada a su privilegiada situación geográfica. Abierta al mar Cantábrico, la localidad norteña ha sido testigo de unos cuantos acontecimientos históricos de relevancia. No en vano, sus astilleros de Falgote parieron la Pinta y es muy probable que también la nao Santa María hasta el puerto de Palos para su posterior rumbo hacia el Nuevo Mundo, por lo que es bastante probable que algún marinero local acompañara a Cristóbal Colón en su llegada a América.

Fue también en los talleres portuarios de Colindres donde se construyó la Capitana (1868), la nave más grande de la época con más de 1.300 toneladas, que con 500 más que el mayor navío jamás visto hasta entonces tomó parte en la Guerra de Sucesión entre Austrias y Borbones. De los astilleros salieron más de 30 galeones para las armadas reales, así como capitanas y almirantas para las flotas de Indias durante los siglos XVII y XVIII.

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Palacio del Condestable./Dolmanrg

Cruce viario no solo por tierra y mar, Colindres se erige asimismo como paso obligado en el Camino de Santiago, razón por la que Carlos I ordenó la construcción de un hospital en el siglo XVI. Más contemporánea es la relación de Colindres con Gustave Eiffel, el célebre constructor de la torre parisina que lleva su nombre. La empresa del arquitecto galo fue la encargada, en 1882, de idear el puente de hierro de Treto sobre el río Asón, una de las obras más representativas de la ingeniería industrial de Cantabria. Su estructura metálica tiene más de 543 toneladas de hierro forjado, fundido y laminado, acero, plomo y bronce.

Dos siglos atrás Colindres se conviritó en campo de batalla cuando Francia, en plena guerra contra el Imperio español, envió una armada capitaneada por el cardenal de Burdeos, quien fue asignado por el Cardenal Richelieu. También intervino en la toma de Laredo de febrero de 1814, durante la Guerra de la Independencia contra las tropas napoleónicas. Más tarde, en las guerras carlistas, su estratégica situación entre Santander y Bilbao resultó trascendente, como ocurrió asimismo durante la Guerra Civil por la construcción de sus búnquers y su puente giratorio sobre el río Asón.

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Puente de Treto de Colindres ideado por Gustave Eiffel./Desmondrx

Colindres es un pueblo de notable tradición pesquera que cuenta también con una importante industria conservera. En su casco urbano el viajero puede visitar algunos ejemplos de casonas y palacios montañeses. Sobresalen las residencias señoriales levantadas durante la Edad Moderna, como la casa de Agüero, en el barrio de San Juan, de una sola planta y datada en el siglo XVII. En la misma zona se alzan dos interesantes edificios del XVIII: el palacio de Gil de la Redonda y el palacio del Infantado o del Contestable.

Por su parte, en el distrito de La Puerta se pueden contemplar otras tres interesantes construcciones del XVIII: la casa del Valle y la casa de Bartolomé y Felipe de Palacio. Más intrigante y curiosa resulta la visita de las casas del capitán Francisco Gil de la Redonda Velasco y la casa Cachupín, que cuenta en su fachada con una cruz y una calavera con dos tibias acompañados de la inscripción “cual me ves, te verás”.

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Casa Serafina./Zarateman

La arquitectura pública y privada decimonónica y de comienzos del siglo XX también tiene presencia en Colindres, con el ayuntamiento, Villa Amelia y la Villa Luz como emblemas más sobresalientes. De entre el patrimonio religioso del municipio cántabro destaca la iglesia de San Juan Bautista (siglo XVI), de una sola nave y ábside poligonal.

Desde Colindres el viajero puede emprender una breve excursión si sigue el cauce del río Asón, que configura otro de los singulares y hermosos valles fluviales que cruzan la geografía cántara. El río tiene el atractivo de que en sus aguas nadan numerosos salmones para los amantes de la pesca. También de Cantabria resultan de interés la visita de Ramales de la Victoria, el Valle de Buelna o  la comarca de Liébana.

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Iglesia de San Juan Bautista./Zarateman

La importancia marítima y naval de la que gozó Colindres en la Edad Moderna se pone de manifiesto en este vídeo que os muestro a continuación. Su puerto es su emblema y la ventana por la que asoma al resto del mundo. Es un argumento de peso para apuntar la ruta en nuestra agenda viajera:

Dónde dormir: Hostal Montecarlo; Ramón Pelayo, 9; 39750 Colindres (Cantabria); teléfono: 942650163; info@hostalmontecarlo.com; www.hostalmontecarlo.com.

Dónde comer: Restaurante Chef; Calle Santander 16; 39750 Colindres (Cantabria); teléfono: 942652279.

Cardona (Barcelona)

En la linde de Lérida con Barcelona, con las estribaciones prepirenaicas en el claro horizonte, Cardona, emplazada en la comarca del Bagés, se presenta ante el viajero como una pintoresca localidad heredera de un importante e histórico pasado medieval que se remonta hacia el siglo VIII con la construcción de su espléndido castillo-palacio-monasterio.

Estrabón, geógrafo griego algo anterior a Cristo, y Aulio Gelio, escritor romano (siglo II), alabaron como una maravilla natural el filón de sal gema de Cardona, “una gran montaña de sal pura que crece a medida que se extrae”. Los romanos tenían motivos para sospechar que la sal crece a espuertas: llegaron a excavar galerías de profundidad nunca alcanzada en mina alguna.

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Castillo fortaleza de la localidad de Cardona./PMRMaeyaert

El municipio catalán acogió a los duques de Cardona, la familia más importante de la Corona de Aragón, sólo por detrás de la Casa Real, durante el siglo XV. Tres centurias más tarde, Cardona fue uno de los últimos reductos en entregarse a las tropas borbónicas de Felipe V durante la Guerra de Sucesión. Su ciudadela fortificada no pudo ser tomada con posterioridad por las tropas de Napoleón.

El viajero puede visitar ese petrificado mar azul que los lugareños llaman, en un alarde de imaginación, la Salina. Se trata de una montaña de sal gema, óxido de hierro y arcilla de grandes proporciones. Debe además internarse por los lagos subterráneos y admirar los caprichos escultóricos de la naturaleza en las estalactitas salobres de las grutas. Así como visitar el Museu de la Sal y conocer mejor la historia de esta villa catalana.

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Casa Aguilar./flamenc

Cardona es un cerro testigo que guarda la vega del Cordoner. Se presenta desde lejos macizo e impresionante con hasta tres cinturones de muros y baluartes que parecen enroscarse en torno al cerro para rematar, en lo más alto, con dos edificios contrapuestos: de un lado los verticales muros de la colegiata de San Vicente; del otro, la maciza torre mayor del castillo, troncocónica, impresionante a pesar de haber perdido su remate. Es una de las más antiguas torres del homenaje de Europa, que data del siglo XI.

El viajero que se precie acudir puede sentir la fascinación de explorar el laberinto de pasillos que la caótica superposición de estructuras ha ocasionado, desde las tres naves románicas lombardas de la colegiata, con sus alineados sepulcros de los condes y duques de la localidad, a la iglesia del siglo XI levantada sobre los vestigios de un patio romano y, un poco más allá, al claustro gótico. La colegiata tiene una nave central de casi 20 metros de altura, de las más importantes obras del románico catalán.

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Portal de la iglesia de San Miguel./flamenc

Si regresa a la entrada del castillo, después de pasar por el baluarte de San Pedro y por la garita del Diablo, nombres tan antagónicos como evocadores, puede entrar con unción en el pequeño aposento, hoy capilla, donde falleció, en 1240, san Ramón Nonato, miembro de la familia ducal de los Cardona. La fortaleza pertenece al recinto fortificado del siglo IX, hoy habilitado como Parador de Turismo. Su construcción se atribuye a Wifredo el Velloso, donde estacan la Torre Monyona y el Patio Ducal.

Con un casco histórico declarado Bien de Interés Cultural, también la calle Mayor, la plaza porticada y la iglesia de San Miguel merecen ser recordadas en la memoria del viajero si viaja hasta Cardona. Esta última, de estilo gótico, alberga en su interior la imagen Virgen del Patrocinio, una hermosa estatua gótica de alabastro policramado del siglo XIV, dos retablos góticos y una pila bautismal de la misma época.

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Ayuntamiento de Cardona./Jordij

El viajero tiene la opción, asimismo, de conocer los alrededores de la localidad bercelonesa, que tienen multitud de posibilidades para realizar excursiones. Casas de payés y antiguas masías salen al paso en dirección hacia el Parque Natural del Cadí-Moixeró. Cerca, las fuentes del río Llobregat configuran un paisaje que el visitante no podrá olvidar.

Otra escapada al alcance es la del Monasterio de Montserrat, popular por acoger la imagen de La Moreneta, patrona de Cataluña. Se trata de un bello monasterio ubicado en un paraje montañoso de enorme belleza. Tanto si desea alojarse en Cardona como en la capital y las localidades limítrofes de Barcelona, el viajero tiene a su disposición una amplia oferta de apartamentos en esta web a precios muy asequibles.

Si todavía le queda al viajero alguna duda para escaparse hasta Cardona, le obsequio con un interesante vídeo que sin duda acrecentará las ganas por conocerla, con el parador-castillo como principal reclamo:

Dónde dormir: Hotel Cal Violí; Crtra. Manresa, 12; 08261 Cardona (Barcelona); teléfono: 938692984.

Dónde comer: Restaurante Perico; C/ Vall 18; 08261 Cardona (Barcelona); teléfono: 938691020.

Almazán (Soria)

A escasos 35 kilómetros de la capital soriana se enclava Almazán, una villa medieval de noble realengo. Antaño ciudad fronteriza entre el mundo cristiano y árabe, se convirtió, a lo largo del tiempo, en lugar clave para los reinos de Castilla y Aragón.

Alfonso I la repobló y le dio el nombre de Plasencia, que no se impuso al árabe de Almazán. La Reconquista no trajo paz a la villa, que conoció las disputas entren los reinos de Castilla y Aragón, y las no menos de Sancho el Fuerte de Navarra, que asoló el territorio en el siglo XII.

Puerta de Herreros, una de las entradas a Almazán./Zarateman

En el siglo XIV se asentó en la villa Pedro I el Cruel y a su muerte Enrique II de Trastámara cedió la población al francés Bertrand Du Guesclin.

En 1707 durante la Guerra de Sucesión, Almazán fue saqueada, y la misma suerte corrió a principios del XIX en manos de las tropas napoleónicas. Aquí murió el dramaturgo Tirso de Molina en 1648, en concreto en el convento de la Merced y se supone que su cuerpo yace en el cementerio conventual.

Iglesia de San Miguel./Zarateman

Las murallas actuales corresponden a la época cristiana. En su cinturón destacan tres puertas de las diez que poseía la localidad soriana: la puerta de la Villa, que da paso a la plaza; la de los Herreros y, en la parte alta, la puerta de Berlanga, donde aún se observan las almenas.

A orillas del Duero se contemplan parte de las murallas y el palacio de los Hurtado Mendoza (siglo XVI), donde sobresale una galería compuesta por once arcos de medio punto sobre pilares decorados.

Puerta de la Villa./Zarateman

En la Plaza Mayor se alza también la iglesia de San Miguel (siglo XII), el monumento más destacado de Almazán. Está declarado Monumento Nacional. Consta de una sola planta de tres naves separadas por columnas cruciformes. Frente a la iglesia se alza la estatua de Diego Laynez, compañero de San Ignacio de Loyola.

La iglesia de San Vicente, de estilo románico, conserva su portada y ábside decorado con modillones y rollos. Más interesante resulta la iglesia de Nuestra Señora del Campanario (siglos XIII-XVIII)

Puerta del Mercado./Zarateman

Otras dos iglesias que también puede visitar el viajero son la de San Pedro (siglo XVII), de tres naves y un retablo mayor barroco, y la de Santa María de Catalañazor, del siglo XII, con restos románicos.

Cerca del puente sobre el Duero debe mencionarse la capilla de Jesús Nazareno, patrón de Almazán, con una bella portada.

Un anticipio visual de tu próxima visita a Almazán:

fuente: marquesdeojuel

Chinchón (Madrid)

Sobre la cuenca del río Tajuña se hacina un pueblo peculiar cargado de historia. Se trata de Chinchón, ubicado en la provincia de Madrid, a tan solo 45 kilómetros de la capital. Sus gentes y pasado, bravos y hospitalarios, combatieron con ardor las huestes francesas a principios del siglo XIX, durante la Guerra de la Independencia. Los invasores ajusticiaron a muchos de sus moradores, de quienes sobrevivió entre otros Francisco de Goya, que por aquel tiempo era vecino de la localidad.

Los restos más antiguos de Chinchón hallados en su entorno corresponden al Neolítico, y también conserva restos de un poblado celtíbero al que siguieron los romanos, los visigodos, musulmanes y cristianos.

Panorámica de Chinchón./ Rowandwinwhistler

En 1480 los Reyes Católicos concedieron el señorío de la ciudad, declarada Conjunto Histórico Artístico, a los Marqueses de Moya. Casi 300 años después en la historia Felipe V le otorgó el título de “Muy Noble y Muy Leal” gracias a la lealtad que mantuvo hacia la casa de Borbón durante la Guerra de Sucesión.

El viajero que se acerca hasta aquí tiene un amplio catálogo de cosas para ver. Chinchón es un pueblo pintoresco en sí mismo y posee una gran variedad de edificios, monumentos y plazas dignos de ser visitados. Para empezar la ruta, nada mejor que comenzar por el Convento de las Madres Clarisas, de estilo barroco español. En el recorrido hacia el centro se encuentra la Ermita de San Roque, patrón de Chinchón, del mismo estilo.

Los edificios con soportales son típicos en Chinchón./ nicksflix

Por la Plaza Mayor se llega al Convento de San Agustín, construcción del siglo XVII. Ahora es el Parador Nacional de Turismo. Por su parte, la Ermita de Nuestra Señora del Rosario, de estilo barroco, era la iglesia del antiguo convento.

Por fin se arriba a la Plaza Mayor, de gran interés y de arquitectura popular, típica de la Edad Media. Una gran parte de sus edificios tienen soportales y balcones de madera propios del siglo XV. La plaza hace las veces de teatro, corral de comedias y plaza de toros, con los espectáculos contemplados desde las mismas balconadas.

La hermosa Plaza Mayor./ erdelong

Mediante una estrecha calle empedrada, el viajero puede acceder a la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, de estilo gótico, saqueada en 1808 por las tropas de Napoleón. La Torre del Reloj, que formaba parte de la antigua Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, fue restaurada años después de que los franceses destruyeran la iglesia.

Plaza de toros en plena Plaza Mayor./ ignacio cobo rey

El culmen del itinerario se puede fijar en el Castillo de los Condes de Chinchón, de estilo renacentista, arrasado en el XVI por el ataque de los comuneros, reconstruido y destruido de nuevo durante la guerra de Sucesión. También lo ocupó una destilería, donde se fabricaba el conocido anís de la localidad.

Los encantos de Chinchón, resumidos en un pequeño vídeo:

Mahón (Menorca)

Es, sin duda, una de las ciudades más atractivas de todo el Mediterráneo. Mahón, la capital de Menorca, emplazada en un bello puerto natural y rodeada por el Parque Natural de s’Albufera d’Es Grau, Illa d’en Colom i Cap de Favàritx, ofrece al viajero un nutrido patrimonio arqueológico y arquitectónico, fruto del paso de púnicos, romanos, moros y cristianos, de la ocupación inglesa (siglo XVIII) y de las fortunas amasadas por los contrabandistas.

Fundada por uno de los generales cartagineses y hermano de Aníbal, Magón (de ahí su toponimia), la ciudad, una vez anexionada por los romanos, fue conocida como Portus Magonis. Mahón sufrió, en el siglo XVI, un gran saqueo por parte de los corsarios de Barbarroja. También resultó tomada por los británicos en 1708 durante la Guerra de Sucesión española y cedida oficialmente a raíz del Tratado de Utrecht.

Puerto de Mahón./Henning Schröder

En el puerto menorquín, con cinco kilómetros de costa, el visitante, amén de hallar unos cuantos bares, restaurantes y terrazas, puede encontrar el castillo de San Felipe (hoy museo militar) En el casco antiguo, en concreto en el entorno de las plazas de Colón, Sant Francesc y Miranda, se concentran casas burguesas, algunas de estilo inglés e iglesias góticas reconvertidas en barrocas.

Centro histórico de la ciudad menorquina./ Hening Schröder

En medio del puerto, el recinto del Lazareto es un monumento de primera categoría. Se trata de una recia fortificación de finales del XVIII que se levantó para protegerse de las pestes y las enfermedades que portaban antaño las embarcaciones que llegaban al puerto.

Una calle típica de Mahón./ quaintwood

S’Esplanada, uno de los centros vitales de Mahón, fue la plaza de armas de un acuartelamiento británico. El conjunto monumental más importante del municipio se encuentra en el solar antiguo de la ciudad. Aquí se levantan la iglesia de Santa María, el ayuntamiento, el edificio de principal de Guardia y, a pocos metros, el convento del Carme.

Parroquia del Carmen.

La primera es, después de la catedral de Ciudatella, el templo más conocido de la isla. Cuando el otomano Barbarroja atacó y saqueó la ciudad, el edificio quedó muy dañado. Su fachada oriental da a la plaza de la Conquesta, que tiene una estatua que representa al rey Alfonso III, quien incorporó la isla al Reino de Aragón.

Los aficionados a los cócteles deben visitar las destilerías del famoso gin mallorquín que se sigue fabricando por el método inglés, consecuencia de la invasión y fugaz ocupación británica de la isla, apenas setenta años, en el siglo XVIII. También encantador resulta el cementerio de los Ingleses. Aquí yacen marineros estadounidenses que fallecieron durante las estancias de los US Navy entre 1818 y 1870.

Vídeo resumen que invita a conocer Mahón:

Xàtiva (Valencia)

El municipio con más enclaves (con 26 parcelas o territorios separados entre sí) de toda España es también una de las ciudades más importantes de la provincia de Valencia. Su historia, además, da fe de ello. Xàtiva, que fue cuna de los Papas Borja, conserva un importante patrimonio artístico, a pesar de que fue quemada en 1707 por las tropas borbónicas como represalia por apoyar a las tropas austracistas en la Guerra de Sucesión.

Xàtiva ya tomó relevancia en época prehistórica, como así atestiguan los hallazgos de pinturas rupestres en la Cova Negra, del Paleolítico Medio. Años más tarde, bajo dominación romana, la urbe valenciana prosigue su auge. Fue elevada a la categoría de municipio romano con el nombre de Saetabis Augusta, en honor al emperador Octavio Augusto.

Panorámica de la ciudad de Xàtiva

Ya en época visigoda, durante los siglos VI y VII, Xàtiva se convirtió en sede episcopal de la Iglesia Católica. A finales del siglo X sirvió de refugio para las tropas almorávides derrotadas por el Cid en la batalla de Cuarte.

Antiguo Hospital de Xàtiva

A Xàtiva se la conoce, sobre todo, por ser cuna de los papas de Roma Calixto III (1378-1458) y Alejandro VI (1431-1503), Alfonso y Rodrigo de Borja, respectivamente, que adoptaron el apellido Borgia en Italia. Aquí también nació José de Ribera, El Españoleto, uno de los pintores más destacados del siglo XVII.

Castillo de Xàtiva

Con un casco histórico declarado Conjunto Histórico-Artístico, el municipio setabense cuenta con un patrimonio militar, civil y religioso de postín y que merece la pena, sin duda, ser visitado. De entre todo ello sobresale el Castillo, que domina por completo toda la ciudad. De origen ibérico, fue ocupado por romanos, árabes y cristianos, amén de ser considerado durante muchos siglos como la plaza más fuerte del Reino de Valencia.

Basílica de Xàtiva

La Basílica o Seo de Xàtiva es un templo catedralicio de tres naves originaria de finales de siglo XVI. Merece la pena acercarse hasta su Museo Colegial, con piezas de gran valor. Por su parte, el Almudín, de estilo gótico, destaca por contar en su interior con el famoso retrato de Felipe V colgado del revés por haber ordenado la quema de la ciudad.

Cuadro de Felipe V boca abajo

La Iglesia de San Francisco, fundada por Jaume I, la de Sant Feliu, la más antigua de la ciudad (1265), la de San Pedro (siglo XIV) o el antiguo Hospital de estilo renacentista son otra clara muestra del rico patrimonio que atesora Xàtiva, que cuenta, asimismo, con una de las más bellas glorietas de toda la Comunidad Valenciana, la plaza de la Trinitat.

Aquí os dejo un nuevo vídeo resumen de la belleza que irradia Xàtiva: