Segura de la Sierra (Jaén)

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A la sombra de la mole del Yelmo, un sueño de los escaladores y el parapente, en un pico de águilas a más de un millar de metros de altura y coronado por el castillo, desde el valle, Segura de la Sierra parece pura fantasía. Se encuentra a tal altura que “si se pretende alcanzarla, fatiga la vista”, dio de ella Al-Himyari, mientras que el poeta Ibn Ammar comentó: “Tan elevado lugar que el corazón, si se atreviera, podría hacer de él peldaño hacia las nubes”. Por eso, en la Antigüedad primero la llamaron Tavara (alto lugar), los griegos Orospeda (sitio al que solo se puede llegar a pie) y los romanos Castrum Alto (fortaleza alta) Su emplazamiento, de carácter defensivo y excepcional atalaya, dibuja un paisaje hermoso a la vista. Sigue leyendo

Carteia (Cádiz)

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Fue la ciudad de la Antigüedad más importante del Campo de Gibraltar durante más de mil años y se convirtió en la primera colonia latina fuera de Italia en el año 171 a.C. El enclave arqueológico de Carteia (en la actual San Roque) está declarado Bien de Interés Cultural, data del siglo VII a.C., y en él han sido hallados restos de origen fenicio, cartaginés, romano, visigodo, bizantino, árabe y cristiano. Todo un museo del pasado al aire libre. Uno de los mayores lugares con historia de toda la península ibérica, sin duda. Sigue leyendo

Coria del Río (Sevilla)

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Al pie de la cornisa del Aljarafe y muy próximo a la comarca de las Marismas del Guadalquivir, a escasos 12 kilómetros de la capital, emerge Coria del Río, recoleta localidad sevillana cuyos centenares de vecinos portan en su ADN la herencia japonesa de unos samuráis que arribaron a las costas andaluzas hace 400 años, en pleno esplendor del Imperio Español. Un fascinante lugar con historia de nuestro país escrita en mayúsculas. Sigue leyendo

Chipiona (Cádiz)

Por las excelentes playas de Rota, el viajero llega hasta Chipiona, tierra de moscatel y de litorales yodados. Fenicios, griegos, cartagineses y romanos ya bordearon las costas gaditanas para aprovechar la zona de la desembocadura del Guadalquivir en sus aventuras y trasiegos comerciales. Sobre todo, el paso de los romanos ha dejado imborrables huellas del pasado con restos arqueológicos que se concentran, su mayoría, en la zona de las Canteras y los pagos de El Olivar, El Paraqué, Montijo y La Loma Alta. Un lugar con mucha historia.

Precisamente, de origen romano es el hermoso faro del siglo XIX de Chipiona, levantado, según la tradición, sobre los restos de aquel otro faro romano, edificado en el año 140 bajo las órdenes del cónsul Quinto Servilius Caepion, al que se llamó Turris Caepitonis, de donde vendría el nombre de la ciudad. Tiene 72 metros de altura.

Es este el faro más alto de España, celoso guardián del Guadalquivir. 2017 será el año grande del faro chipionero, y quienes deseen conocerlo más a fondo lo podrán hacer gracias a una visita guiada. Por algo es uno de los principales iconos turísticos de la provincia gaditana. Aunque no el único. Eso sí, el viajero tendrá que subir sus 322 escalones, pero merecerá la pena para disfrutar de una de las vistas más inigualables del Atlántico.

Faro chipiona

El Faro de Chipiona es el más alto de España./Antonio M. Romero Dorado

Desde tamaña altura, el viajero tendrá la oportunidad de divisar la vecina provincia de Huelva, Doñana, la bahía de Cádiz, Sanlúcar de Barrameda y la propia Chipiona con su Monasterio de Regla, sus corrales de pesca o las playas de Costa Ballena. Y también podrá contemplar el pecio del buque Weisshorn, que encalló en 1994 durare un fuerte temporal. También de origen romano, el único en funcionamiento del mundo, es otra joya de la que el viajero puede gozar en la península ibérica: la Torre de Hércules, en La Coruña.

En 1964 el Gobierno de Estados Unidos decidió financiar la instalación de cristales en la cúpula del faro para aumentar su potencia y que sirviera de referencia a los barcos y aviones de la vecina base de Rota. En realidad se trata de un faro aeromarítimo cuyo haz de luz alcanza la misma distancia en horizontal y vertical.

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Iglesia de la O de Chipiona./Antonio M. Romero Dorado

Tras el declive de Chipiona con la llegada de los godos en el siglo V y su posterior ostracismo bajo el casi dominio árabe de la península, en el siglo XIII la ciudad fue conquistada por Fernando III El Santo. Aunque fue reconquistada en 1264 por su hijo Alfonso X el Sabio. A finales de siglo, el rey Fernando IV concedió a Guzmán el Bueno, fundador de la Casa de Medina Sidonia, el Señorío de Sanlúcar, del que formaba parte Chipiona.

Con la conquista de América, Chipiona se convirtió en un importante enclave comercial al beneficiarse de su situación geográfica en el Guadalquivir y su dependencia de Sevilla, ciudad que tenía el monopolio del traro con las Indias. En 1702, dentro del contexto de la Guerra de Sucesión, se produjo aquí el desembarco de la flota Anglo-Holandesa, partidaria de los Austrias en su conflicto con los Borbones. Poco más de medio siglo después, Chipiona padeció las inclemencias del maremoto que produjo el terremoto de Lisboa. Cuatro personas murieron y las calles y playas quedaron inundadas.

Tanta historia a sus espaldas permite al viajero una respiración profunda antes de adentrarse en los vestigios patrimoniales de Chipiona. Paseando por el centro de la localidad andaluza se llega al santuario de Nuestra Señora de Regla, en la que se venera la imagen que según la tradición trajo San Agustín cuando huía con sus discípulos de Hipona.

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Castillo de Chipiona./Antonio M. Romero Dorado

De sus monumentos destacan, además, la iglesia de Nuestra Señora de la O o el monumento a la Cruz del Mar, justo el lugar donde el Cristo de la Misericordia detuvo las aguas que iban a invadir la población. Chipiona también alcanza gran parte de su prestigio por haberse convertido en lugar de veraneo por, entre otras excelencias, contar con excelentes playas. Los Duques de Montpensier hicieron de este municipio un lugar de veraneo y balneario para la aristocracia ya en el siglo XIX.

Después de todos estos argumentos, el viajero caerá en la cuenta de que Chipiona merece, al menos, una escapada de fin de semana. Quizá las playas de Bolonia o Caños de Meca se hayan convertido en dos de los lugares más turísticos de la provincia de Cádiz, pero el aficionado a la historia encuentra aquí otros destinos de sumo interés, como San Fernando y su relación con las Cortes de Cádiz o las magníficas ruinas del Templo de Hércules y el paso de personajes celebérrimos como Aníbal o Julio César. Lugares con historia no tan turísticos ni masificados por las muchedumbres.

Dónde dormir: Hotel Gran Capitán; Fray Baldomero González, 3; 11550 Chipiona (Cádiz); info@hostalgrancapitan.com; teléfono: 956370929.

Dónde comer: Restaurante Casa Juan; Av de Andalucía, 3; Chipiona (Cádiz); teléfono: 956370306.

Plano Chipiona

Pollentia (Mallorca)

La ciudad romana de Pollentia, denominada en mallorquín Pol.lèntia, está situada al noroeste de la isla de Mallorca, en el municipio de Alcúdia. Se trata de una de las dos ciudades, la otra fue la actual Palma, fundadas por el cónsul Quintus Caecilius Metellus, jefe de la expedición romana que dominó la isla en el año 123 a.C (época republicana) Pollentia es una de las urbes más antiguas y con más pasado del Mediterráneo. Un lugar con historia, sin discusión.

Pollentia, que conoció su momento de apogeo entre los siglos I y II de nuestra era, sobre todo bajo el mandato del primer emperador de Roma, Octavio Augusto, ocupaba entre 16 y 18 hectáreas y contaba con un foro, un puerto y numerosas viviendas. La parte abierta al público está en la zona de Sa Portella, la antigua parte residencial, y comprende un pequeño fragmento de muralla, una zona de talleres y tres mansiones, así como una calle porticada. Como se le suponía a la capital romana de las Baleares.

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Ruinas de la ciudad romana de Pollentia./Olaf Tausch

Además de las tres casas que se pueden visitar (Casa dels Dos Tresors, Casa del Cap de Bronze y Casa Nord-oest), destaca el único fragmento de la muralla romana que se conserva en Pollentia y que data del siglo III. Ahora bien, el elemento más representativo de todo el conjunto es el teatro romano, que fue construido a finales del siglo I y poseía una capacidad para 2.000 personas.

El teatro se encuentra ubicado a las afueras de la ciudad en dirección sur, cerca del sitio donde con toda probabilidad había de localizarse el puerto en época romana. En un principio, fue considerado un teatro griego; sin embargo, excavaciones realizadas en 1995 llevaron a establecer su dotación definitiva.

Esta infraestructura, horadada en la roca aprovechando el desnivel natural del terreno, conserva buena parte de su estructura original, formada por la cávea, la orchestra y la scena. Para ver y disfrutar de los fabulosos restos romanos hallados en el yacimiento, el viajero debe visitar el Museo monográfico de Pollentia, que se encuentra junto a la iglesia de Sant Jaume. En esta galería sobresalen tres esculturas de mármol halladas en el foro, así como una cabeza de bronce femenino.

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Los restos romanos de Pollentia son abundantes./Frank Vincentz

Al foro de Pollentia se accede desde el interior del área de Sa Portella, un espacio abierto que se constituía como el centro cívico, religioso y comercial de la ciudad. El viajero aficionado a la historia puede aquí vislumbrar los restos del templo Capitolino, dedicado a las deidades de Júpiter, Juno y Minerva. En la zona este del templo capitolino se encuentran dos templetes menores y una zona de tabernas que conformaban la parte comercial del foro.

Antes de la dominación romana, Pollentia fue asimismo un importante puerto marítimo fenicio, cartaginés y griego. Luego, musulmán de la antigua Corona de Aragón. A partir del siglo IV, la villa romana inició su decadencia; sobre todo tras las invasiones de vándalos y bizantinos. Se convirtió en una necrópolis.

Cerca de las ruinas, el oratorio de Santa Anna fue construido a finales del siglo XIII con sillares romanos. Pese a su pequeñez, se utilizó en diferentes ocasiones como hospital. Se trata de una de las primeras muestras de la colonización catalano-aragonesa en Mallorca. Si el viajero opta por desplazarse hasta Mallorca, Pollentia es uno de los lugares no turísticos de la isla, alejado del sol, la playa y los guiris tan habituales en las Baleares.

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Los restos de un foro, casas y un teatro son visitables en Pollentia./Olaf Tausch

De la propia Alcúdia en Mallorca, el viajero puede visitar dos puertas originales de la antigua muralla del siglo XIV: la de Xara y la de Sant Sebastià. La villa jugó un papel muy destacado durante la rebelión de las Germaníes de 1521, cuando aquí resistieron las tropas leales a Carlos I. La localidad tiene un bello centro histórico que invita a pasear entre sus casas señoriales. Uno de los lugares para visitar obligados.

El viajero no debe confundir la ciudad romana de Pollentia con Pollensa, el municipio más septentrional de la isla de Mallorca. Esta última ciudad también cuenta con una historia relevante y merecedora de recuerdo, aunque más contemporánea y actual, ya que aquí descansó Winston Churchill, se inspiró en ella Agatha Christie y pasaba los veranos Peter Ustinov, entre otros artistas de renombre.

El influjo del paso de la civilización romana bajo lo que fue su dominio de la provincia de Hispania ha dejado auténticas maravillas en forma de villas, yacimientos, ruinas o monumentos. Junto a Pollentia, otras urbes romanas que aún perduran en nuestra memoria y son visitables son Baelo Claudia, Itálica o Ampúrias. Lugares de excepcional belleza son también La Olmeda, Segóbriga o Carranque.

 

Dónde dormir: Casa Rural Sant Jaume; Calle Sant Jaume 6; 07400  Alcúdia (Mallorca); agroturismo@mallorcanet.com; teléfono: 971721508.

Dónde comer: Restaurante Sa Caseta; Carrer d’Albellons, 8; Alcúdia (Mallorca); teléfono: 971545718.

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Tartessos (Huelva, Sevilla, Cádiz)

La primera civilización ibérica ha sido considerada un enigma hasta bien entrado el siglo XX. Hoy sigue sin localizarse la capital de aquel fantástico reino que abarcó las zonas andaluzas de Huelva, Sevilla y Cádiz, en el bajo Guadalquivir, aunque su esplendor se extendió por una buena parte del sur de la península. Durante siglos, Tartessos ha sido un misterio. Las fuentes clásicas e incluso la Biblia mencionan un rico reino con una una gran capital en el extremo occidental del Mediterráneo al que llaman Tartessos.

En la actualidad y gracias a los testimonios históricos, sabemos que la cultura de Tartessos existió gracias a al explotación de los abundantes recursos de la zona y que es el punto de partida civilizatorio en la península, aunque hasta la fecha no se hayan encontrado los grandes monumentos anunciados por los textos antiguos.

Piezas que conforman el Tesoro del Carambolo

El Tesoro del Carambolo se le atribuye a Tartessos./José Luiz Bernardes Ribeiro

El descubrimiento del magnífico Tesoro del Carambolo en la localidad sevillana de Camas vino a confirmar las teorías que hablaban de un pueblo próspero, que en contacto con fenicios y griegos había logrado un notable esplendor entre los siglos VIII y VI a.C. Tartessos empezó a gestarse hacia el año 1200 a.C., y su ocaso se fecha a mediados del siglo VI a.C., con la hegemonía de los cartagineses.

Tartessos dejó llegar su influjo por casi toda la mitad sur de la península, como lo demuestran los restos hallados en Extremadura (Cancho Roano), sur de Castilla la Mancha e, incluso, en torno a la cuenca del río Segura, en Murcia. El esplendor de Tartessos coincidió con el contacto continuado con los foceos (griego procedentes de Asia Menor) y los fenicios.

Los investigadores sitúan a la propia capital del reino en algún punto de las antiguas marismas del Guadalquivir. Sin embargo, no hay evidencia alguna de esa localización. Historiadores coinciden en afirmar que la capital debía estar situada en un profundo lago interior circundado de pequeñas alturas en las que se arracimaban los establecimientos tartésicos al abrigo del mar abierto y junto a ríos y esteros que permitían una fácil comunicación con el interior.

Objeto que se atribuye a Tartessos

Una escultura atribuida a la cultura tartésica./Remi Mathis

El principal vestigio arqueológico de Tartessos lo constituyen objetos de todo tipo hallados por los alrededores: vasijas, estelas funerarias, monedas, figurillas de bronce, cinturones…, a partir de los cuales se han trazado teorías dispares respecto al origen, evolución y ocaso de aquel reino que sigue deslumbrando en la actualidad.

En torno a Tartessos los pueblos peninsulares desarrollaron la primera escritura (influenciada por los fenicios), la sofisticación de la agricultura y crearon los primeros centros urbanos. Argantonio, el Hombre de Plata (en alusión a la extracción de este mineral en la región) es el primer rey tartésico del que se poseen datos históricos fehacientes por su estrecha relación con los griegos focenses.

Bronce de Tartessos

Broche de bronce perteneciente a Tartessos./José Luiz Bernardes Ribeiro

Se cree que, precisamente, esta relación con los griegos fue la causa de que Cartago decidiera arrasar la ciudad y región de Tartessos. Siglos después, el arqueólogo Adolf Schulten aseguró que la capital tartésica había que buscarla en el actual Parque Nacional de Doñana. Desde 2007, investigadores del Centro Superior de Investigaciones Científicas y la Universidad de Huelva intentan confirmar esta hipótesis. Todavía hay quien está convencido de que la Atlántida de la que hablaba Platón no es otra que la civilización perdida de Tartessos.

Pese a los escasos restos arqueológicos que nos ha legado esta cultura, resulta fascinante que el viajero se aproxime a la zona de Doñana para, aparte de disfrutar de la naturaleza en estado puro con la visita al Parque Nacional, se deje llevar por el lustroso pasado de una fascinante civilización cuya magia todavía perdura. La máquina del tiempo espera al viajero. Sin duda, merece, cuanto menos, una escapada de fin de semana.

 

Dónde dormir: Hotel Eurostars Tartessos; Av Martín Alonso Pinzón, 13; 21003 Huelva; teléfono: 959282711.

Dónde comer: Parador de Mazagón; Carretera San Juan del Puerto-Matalascaña, Km. 31; Mazagón (Huelva); teléfono: 959536300.

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Mojácar (Almería)

Bordeando la costa de Almería, hacia el sur, el viajero llega a Mojácar, descubierta por los hippies en los años sesenta, cuando las mujeres se cubrían a la manera mora, y lanzada como destino vacacional. Hoy es uno de los principales centros turísticos de Almería, no exento de una reconocida historia que ha dejado su poso a lo largo de los siglos. Hasta incluso una tradición popular considera que Walt Disney nació en Mojácar.

Habitada la zona por el hombre de neanderthal, colonizadores mediterráneos fenicios y griegos llegaron a la costa de Mojácar con la intención de explotar la riqueza minera de Sierra Almagrera. La antigua Mojácar se encontraba en el cerro cercano a la costa llamado Mojácar La Vieja y que los romanos denominaron Monte Sacrum.

Panorámica de la villa de Mojácar.

La ciudad de Mojácar.

A partir del siglo XII la ciudad se trasladó a su emplazamiento actual, encaramada en lo alto de un cerro. De su pasado destaca la matanza que el adelantado de Murcia, Alonso Fajarzo, hizo en Mojácar en 1453 como venganza por la victoria un año antes sobre los de Lorca. La ciudad pasó a manos cristianas en 1488. Antes, dependía del Califato de Córdoba y se constituyó como plaza inexpugnable.

El pueblo de Mojácar, de impronta árabe, se asienta sobre un balcón natural con vistas al magnífico paisaje de las estribaciones de la sierra de Cabrera. Llama la atención lo bien conservado que se encuentra y la amabilidad de sus gentes. Sus calles y casas de aire morisco, con terrazas y cupulillas que evocan siempre la ocupación árabe. Mojácar sigue colgado en una infinita cuesta laberíntica.

calle encalada de Mojácar.

Calle típica de la ciudad andaluza.

Al viajero atribulado por el estrés le confortará deambular despacio por sus calles estrechas y escalonadas mientras nota, con sorpresa y alivio, que el tiempo aquí tiene otro ritmo. Durante su paseo, el viajero podrá admirar el interesante patrimonio de Mojácar, como la iglesia renacentista de Santa María (siglos XVI y XIX) o la fuente de los Doce Caños. Es tradición que en este histórico lugar se firmó la entrega de los pueblos de la comarca a los Reyes Católicos.

Además de su arquitectura, sus paisajes, playas, humedales y rincones únicos, sobresalen en Mojácar los restos arqueológicos. Yacimientos que guardan restos desde el Neolítico, como en la cueva del Algarrobo; La Edad del Cobre, en el paraje de Las Huertas; necrópolis como en la loma de Belmonte o el Cabecico de Aguilar, tanto del cobre como de la cultura del Argar. De ésta destaca, cerca de Mojácar, el Castellón de Gátar. Celtas, fenicios, griegos, romanos, visigodos y árabes han ocupado estas tierras.

El mirador del castillo (siglo XV) ofrece impresionantes vistas del valle de las Pirámides y un mapa a vista de pájaro de la costa subyacente, con sus calas recónditas y playas abiertas. La Puerta de la Ciudad y el torreón, únicos restos de la antigua muralla, retrotraen a la mente del viajero el pasado de dominación árabe y cristiana de Mojácar.

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La Fuente de los Doce Caños.

Después de contemplar la puesta de sol y de colmar los pulmones con el yodado aire marino, abierto el apetito terrenal, el viajero tiene la oportunidad de degustar las ricas tapas locales. No sin antes visitar la ermita de Nuestra Señora de los Desamparados como colofón de esta estupenda ruta.

Mojácar cuenta con una variada oferta entre deportiva y folclórica, como la popular corrida de cintas a caballo, que se celebra el 28 de agosto. Tras una exhausta jornada, toca descansar. Por la Red se suceden los portales que ofrecen ofertas de alojamiento a lo largo y ancho de la península ibérica. El viajero puede encontrar alojamientos y viajes baratos para visitar Mojácar o el resto de la geografía patria si bucea con empeño.

Dónde dormir: Hotel Mamabel’s; C/ Embajadores, 5; 04638 Mojácar (Almería); teléfono: 950472448; hotelmamabels@hotmail.com.

Dónde comer: El Viento del Desierto; Plaza Fronton 4; 04638 Mojácar (Almería); teléfono: 950478626.

Ruta fenicia y cartaginesa (Ibiza)

Cartago llegó a dominar el Mediterráneo antes de la eclosión de Roma. Y en manos de Aníbal y sus tropas casi acaba con la República en el siglo III antes de Cristo. De haber sido así, nuestra historia, tal y como la conocemos, no sería la misma. Desde luego. Lo que sí nos ha dejado el pasado es que los púnicos o cartagineses escogieron las Baleares como enclave estratégico en sus ambiciones territoriales. E Ibiza fue quizás, una de sus mayores bases de operaciones, aunque antes llegaron los fenicios.

Según señaló Diodoro de Sicilia (siglo I a.C.), en una de las islas Pitiusas existía una ciudad llamada Ebusus, “colonia de los cartagineses”. Según el historiador griego, ésta había sido fundada 160 años antes que Cartago y en ella habitaban, entre otros pueblos, los fenicios. Gracias a Diodoro pudo concretarse la fecha exacta de la fundación del núcleo más antiguo de Ibiza: el año 653 a.C.

Entrada a la necrópolis fenicia y cartaginesa de Puig des Molins en Ibiza.

Entrada a la necrópolis de Puig des Molins./TripAdvisor

La huella fenicia puede apreciarse todavía hoy en día en distintos enclaves de la ínsula, empezando por el que podría haber sido el primer asentamiento fenicio en la isla: Sa Caleta. Fundada con el nombre de Ebosim (topónimo latinizado como Ebusus), está rodeada por una pinada excepto por el lado que asoma al mar. Se trata de un posible poblado del siglo VIII a.C. de cuatro hectáreas que se extendía por la pequeña península.

El viajero debe visitar, asimismo, Puig de Vila (la actual Dalt Vila), donde nació a mediados del siglo VII la primera ciudad del archipiélago balear, y donde los cartagineses instalaron la primera base, desde la que dominaban el importante puerto.

Una de las entradas a la necrópolis fenicia y cartaginesa de Puig de Molins en la isla balear de Ibiza.

Necrópolis de Puig des Molins./TripAdvisor

Un tercer enclave relevante es el Puig des Molins, la mayor y mejor conservada necrópolis fenicia y cartaginesa del Mediterráneo occidental. Este cementerio ocupaba entre 6.000 y 10.000 metros cuadrados en época fenicia, para más tarde, ya en el período cartaginés, convertirse en una auténtica necrópolis que cedió paralela al desarrollo de la urbe.

Bajo el suelo de Puig de Molins se esconden unas 3.000 cámaras subterráneas o hipogeos, muchas de ellas cubiertas por la vegetación total o parcialmente. Aunque solo 340 son visibles desde el exterior. Por eso es preciso recorrer el yacimiento siguiendo el sendero señalizado. También de interés para el viajero resulta visitar, aquí, el Museo Monográfico de Puig des Molins, que se encuentra en la llamada Vía Romana, que sigue el antiguo camino hacia Figueretes. Sus fondos son de gran importancia.

Placa con esfinge hallada en el yacimiento fenicio y cartaginés de la necrópolis de Puig des Molins.

Placa con esfinge hallada en Puig des Molins./Luis García (Zaqarbal)

La necrópolis está declarada Bien de Interés Cultural y, junto con el recinto fortificado de Dalt Vila, el poblado fenicio de Sa Caleta y las praderas de posidonia del Parque Natural de ses Salines, ha sido considerada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Para más información, si el viajero quiere visitar Puig des Molins, puede llamar al teléfono 971301771.

Un estupendo complemento vacacional con el fin de conocer mejor la huella fenicia es visitar el Museo Arqueológico de Ibiza y Formentera, que está situado junto a la catedral. Sus vitrinas exhiben piezas halladas en Sa Caleta y Ebosim. Cuenta con una buena colección de objetos púnicos, entre ellos estaquillas de la diosa Tanit y el dios Baal.

Hipogeos en el yacimiento de Puig des Molins en Ibiza (Baleares)

Algunos de los hipogeos hallados en Puig des Molins./Nanosanchez

De una manera amena y didáctica, el viajero tiene a su disposición este vídeo que le puede aportar algo más de historia y conocimiento. Supone una oportunidad previa de conocer la necrópolis de Puig des Molins; antes de emprender rumbo a las Baleares y descubrirla de primera mano. Por fortuna, Ibiza no solo es fiesta y diversión nocturna:

Dónde dormir: Hotel Montesol; Passeig Vara de Rey, 2; Ibiza (Islas Baleares); teléfono: 971310161.

Dónde comer: La Brasa de Ibiza; Carrer de Pere Sala, 3; Ibiza (Islas Baleares); teléfono: 971301202.

Frigiliana (Málaga)

En el horizonte por donde asoma la primera luz de la mañana, los tenues rayos del sol iluminan el amanecer de Frigiliana, la puerta de entrada de la zona de Axarquía, territorio malagueño al que los antiguos pobladores musulmanes de Al-Ándalus consideraban Oriente. Ofrece, sin duda, una de las panorámicas más espectaculares de la Costa del Sol. Frigiliana es la puerta de entrada a este paraíso andaluz.

Un menhir al noroeste del casco urbano de Frigiliana atestigua la pertenencia de la localidad a la cultura de El Argar en el año 3000 a.C. Fenicios, romanos y vándalos dieron paso a otras civilizaciones y culturas que poblaron el lugar, como los árabes que, tras el desembarco de Tarik en Gibraltar en el año 711, levantaron un castillo árabe de 4.000 metros cuadrados que fue destruido por los ejércitos cristianos en 1569.

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Panorámica de Frigiliana./Samu73

Solo cinco kilómetros separan Frigiliana de Nerja. La localidad malagueña está dividida en barrios. Conserva una de las más auténticas manifestaciones de la arquitectura tradicional árabe en España: su barrio morisco o Barrio Alto. En sus puertas, las casas son recientes, de tres a cuatro décadas a esta parte. Conviene estacionar el coche a la entrada y caminar por la calle que sube hasta el estadio de fútbol, un proyecto arquitectónico integrado en el paisaje de los barrancos de la sierra, a los pies del Barrio Viejo.

La Casa del Apero, un museo de introducción a la historia del pueblo y un animado centro cultural, es el punto de partida de toda caminata del viajero que visita el pueblo. Fue construido a principios del siglo XVII y estuvo desde un principio ligado al Ingenio. Se destinó en principio como granero, caballerizas y almacén de útiles de labranza. Alrededor de su empedrado patio interior se dispone el resto de dependencias, entre ellas la oficina de turismo.

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Calle típica de la localidad malagueña./gildemax

El Ingenio o palacio de los Condes de Frigiliana, uno de los monumentos industriales de la provincia de Málaga, fue levantado a finales del XVI como casa solariega ligada al apellido Manrique de Lara, señores de la villa desde 1508. Los sillares ordenados en su fachada de entrada proceden del castillo, cuyos restos se alzan en el cerro más alto, además de los balcones, las rejas y el reloj de sol. Alberga la única fábrica de miel de caña de Europa, además de una almazara que moltura siguiendo métodos artesanales.

Para muchos estudiosos, el barrio antiguo de Frigiliana, el mudéjar, es la estructura arquitectónica popular de origen árabe más pura de Málaga. Sus calles, sus casas, sus plazas pequeñas, sus miradores han sido galardonados en concursos de embellecimiento decenas de veces. Parecen rescatadas de un cuento. Todo está cuidado, todo esconde un mimo, desde los arriates donde crecen jazmines hasta los zócalos pintados cada primavera. En sus calles se exhiben hasta doce paneles cerámicos que detallan la batalla del Peñón de Frigiliana, un episodio de la rebelión de las Alpujarras desatado en junio de 1569 que puso fin a la presencia morisca en la península.

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Iglesia de San Antonio./Samu73

De la contienda resultaron ganadoras las tropas de Luis de Requesens, y los moriscos fueron expulsados de sus tierras y diseminados por la península, al tiempo que se poblaba Frigiliana con cristianos viejos procedentes de otros puntos del territorio nacional. Bajo el reinado de Felipe IV la población adquirió el título de villa.

En la plaza principal de Cómpeta se alza la iglesia de San Antonio, flanqueada por un campanario neomudéjar. Cómpeta es famosa por sus uvas pasas y por sus vinos con denominación de la tierra. No está lejos Canillas de Albaida, una localidad blanca situada sobre una colina. En la plaza mayor de Canillas se ubica la iglesia de Nuestra Señora de la Expectación. Pero quizás lo más hermoso está a sus lados, en las calles y plazas que crean una sugerente estampa llena de romanticismo.

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Azulejo que recuerda la presencia de los moriscos en Frigiliana./Son of Groucho

La calidad de imagen no es muy óptima, pero el vídeo que os dejo a continuación es interesante, ya que resume en poco más de cinco minutos los atractivos turísticos que en la actualidad ofrece Frigiliana a todo viajero que pretende visitarla y conocer su pasado e historia.

Dónde dormir: Hostal Las Chinas; Plaza Doña Amparo Guerrero, 14; 29788 Frigiliana (Málaga); teléfono: 952533073; hotel-laschinas@terra.es.

Dónde comer: Restaurante Necane; Calle San Sebastian 30; 29788 Frigiliana (Málaga); teléfono: 952533382.

Medina Sidonia (Cádiz)

Al sur de Cádiz, en el corazón de la Ruta del Toro, emerge Medina Sidonia (12.000 habitantes), cuyo topónimo procede de la mezcla árabe (Medina, que significa ciudad) y fenicia (Sidón) Se trata de uno de los conjuntos históricos-artísticos más bonitos, no solo de la provincia gaditana, sino de toda Andalucía.

Medina Sidonia es, además de pueblo, el famoso título ducal de los Guzmanes, cuyas posesiones se extendían por Huelva, Sevilla y Cádiz. El duque de Medina Sidonia era más rico que el rey e incluso estuvo tentado de descubrir América por su cuenta cuando apadrinó a Colón.

Panorámica de Medina Sidonia./Veronique Debord

Aquí se establecieron los fenicios después de tantear por todo el Mediterráneo. Después de ellos llegaron los romanos, los visigodos y hasta los bizantinos. Del paso de todos estos pueblos el viajero puede visitar las antiguas cloacas romanas en el centro del pueblo. En tiempos de la Reconquista fue sede de varias órdenes militares, como la Orden de Santiago y la de Santa María.

El caserío, el alcázar y las ruinas del castillo están situados sobre un cerro de 300 metros rodeado de fértiles llanuras. Desde aquí se pueden disfrutar de las mejores vistas de la serranía. Las calles son estrechas y finas entre barrios populares jalonados de arcos, parejas de casitas encaladas y tiestos floridos en las ventanas.

Caballerizas del Duque de Medina Sidonai./Danipan

De la antigua muralla se conservan tres puertas: las del Arco de Belén, la puerta del Sol y la de la Pastora. Desde esta última se llega a la iglesia de Santa María de la Coronada, de estilo gótico, que tiene un bello retablo mayor renacentista.

A su lado, el pequeño convento de San Cristóbal y Santa Rita (siglo XVI) En él se elaboran los mejores dulces de la localidad, sobre todo los célebres alfajores de Medina. La iglesia de la Victoria, por su parte, alberga la conocida imagen de la Virgen de la Victoria.

Murallas del castillo de la localidad gaditana./Danipan

En Medina, cuyo casco histórico es Bien de Interés Cultural, se puede disfrutar de la historia del templo más antiguo de toda Andalucía. Es la ermita visigoda de los Santos Mártires, que data del año 630.

También para visitar cabe destacar la existencia de un puente romano, el monasterio de San José del Cuervo, el convento de las Descalzas (siglo XVII), el Ayuntamiento (siglo XVI), La Alameda (s. XVI), la Plaza de Abastos, las Caballerizas del Duque (s. XVI) o la Torre de Doña Blanca de Borbón (siglo XIV)

Iglesia de Santa María

Iglesia de Santa María./Danipan

La muestra en imágenes de todos los encantos que guarda Medina Sidonia os la anticipo a modo de aperitivo en este pequeño vídeo. ¿A qué estáis esperando para visitarla?:

fuente: zasary

Dónde dormir: Hotel Medina Sidonia; Llanete de Herederos, 1, 11170, Medina Sidonia (Cádiz); Teléfono: 956412317; medina-sidonia@tugasa.com; www.tugasa.com.

Dónde comer: Restaurante Miguel Angel Romero Romero; C/ San Juan, 4; 11190, Medina Sidonia (Cádiz); Teléfono: 956424719