Los Mallos de Riglos (Huesca)

Como columnas colosales de una desaparecida civilización de gigantes se yerguen los Mallos de Riglos. Estas moles sedimentarias de cantos rodados del Terciario modeladas por la erosión alcanzan los 300 metros de altura.

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Los Mallos de Riglos./eigernordwand

Su color rojizo denota abundancia de arcillas férricas o quizá que aquellos gigantes practicaban sacrificios sangrientos. Ante los Mallos de Riglos nadie permanece indiferente. El deportista ve el desafío de una mole pétrea que invita a la escalada; el ornitólogo o mero pajarero se extasiará ante la abundancia de seres alados que pululan por las numerosas oquedales de las rocas; el excursionista romántico aguardará al atardecer, cuando el sol poniente enciende los colores de los Mallos, como un ascua, como una joya, como un sol que se extingue para mirarse en los ojos de la amada.

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La iglesia de Riglos./Pablo Moratinos

Es una buena ocasión para visitar la cercana ermita románica de San Martín, a la entrada de Riglos, y admirar sus pinturas.

La provincia de Huesca esconde muchos otros atractivos: la estación de Canfranc, que se convirtió en un nido de espías durante la II Guerra Mundial, el municipio de Alquézar, la ciudadela de Jaca o el castillo de Monzón, donde los templarios educaron al futuro monarca de Aragón Jaime I.

Estación de Canfranc (Huesca)

Concebida como gran escaparate de la España monárquica de principios del siglo XX ante los visitantes extranjeros, la Estación Internacional de Ferrocarril de Canfranc se erigió dentro del proyecto de creación de un paso fronterizo a través de los Pirineos que comunicase España con Francia, y aprovechar así la línea el que unía el municipio de Tardienta con Huesca y Huesca con Jaca.

La terminal fue inaugurada en 1928 por el rey Alfonso XIII y el presidente de la República francesa. Parece un palacio francés del XIX: un elegante edificio central entre modernista y art déco (columnas, yeserías, molduras, dorados…) donde destaca un cuerpo central coronado por una cúpula de fundición que se prolonga, a un lado y al otro, en dos largas alas armónicas con cubiertas de pizarra (240 metros de largo en total y 75 puertas) que acogían, en doble vía cubierta, a trenes enteros dispuestos en paralelo para que un ejército de porteadores trasvasaran las mercancías de un tren a otro.

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Fachada de la Estación Internacional de Canfranc./Jakob Bauer

De este modo laborioso se solventaba el problema de que España tuviera un ancho de vía diferente al de Europa. Además de los servicios normales de billetería, almacén, consigna, aduanas, cantina y enfermería, había en la estación un hotel de lujo, un casino y una sucursal del Banco de España. Durante la Guerra Civil, la estación pasó a manos del bando nacional, que tapió el túnel que la unía con Francia para evitar cualquier tipo de penetración desde el país vecino.

Ya en época de la Segunda Guerra Mundial, entre 1940 y 1943, la estación de Canfranc vivió una actividad inusitada. Se calcula que diariamente entraban de Francia unas 1.200 toneladas de mercancías, principalmente víveres y materias primas procedentes de América Latina con destino a Alemania, que de ese modo, con España como intermediario, burlaba el bloqueo aliado. Se bloqueó el tráfico de pasajeros.

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La terminal se encuentra en pleno proceso de restauración./Jakob Bauer

También entraban toneladas de mineral de wolframio que la industria bélica germana necesitaba desesperadamente. A cambio llegaban enormes cargamentos de oro procedentes de Suiza y destinados a los bancos de España o Portugal. La aldea creada en torno a la estación se convirtió entonces en un nido de agentes y de espías.

En tan solo unos meses, a partir de 1943, el tráfico de la estación decreció de forma rápida tras la previsible derrota alemana y a partir de 1945 languideció hasta que, en 1970, se interrumpió el tráfico debido al derrumbe del puente de L’Estanguet fruto del descarrilamiento de un tren de mercancías francés, y la estación quedó abandonada a su lenta ruina.

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Los andenes de la estación han servido de decorados de varias películas./Scandisk65

En la actualidad se está restaurando para convertirla en un hotel destinado a veraneantes pirenaicos, aunque un proyecto de 2005 también pretendía construir una nueva estación, la urbanización del terreno de uso ferroviario liberado y la edificación de un museo dedicado al tren. Ahora es propiedad del Gobierno de Aragón.

La estación internacional también ha servido de escenario y localización de diversos largometrajes de cine y series de televisión como Doctor Zhivago, e incluso de rodaje de anuncios como el de la Lotería de Navidad. Dicha terminal se ubica en una localidad pirenaica que ofrece otras alternativas al viajero como montaña, deportes de nieve, gastronomía, patrimonio cultural y la posibilidad de disfrutar de una estancia inolvidable en la frontera.

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Vagones y trenes lucen su abandono ahora en Canfranc./Jule_Berlin

En Canfranc discurre el Camino de Santiago aragonés. Pese a dos devastadores incendios sufridos en 1617 y 1944, la localidad oscense aún conserva parte de su antiguo patrimonio monumental, como los restos del castillo, de origen medieval, la fachada de la Torre de Aznar Palacín (siglo XIV), la iglesia de la Asunción y el conjunto monumental de la Trinidad fundado en el siglo XVI por Blasco de Les para atender a pobres y peregrinos.

Con la idea de realizar un breve recorrido por el pasado, presente y futuro de esta emblemática estación situada en pleno corazón del Pirineo Aragonés y declarada Bien de Interés Cultural, os dejo con un nuevo e interesante vídeo emitido por la televisión autonómica de Aragón que atestigua la época de esplendor que la terminal vivió en el siglo XX:

Dónde dormir: Albergue de Peregrinos Refugio de Canfranc; Calle Albareda, 19; Canfranc (Huesca); teléfono: 974373217.

Dónde comer: Restaurante Thania; Plaza de Europa 4; 22880 Canfranc (Huesca); teléfono: 974373085.