Ruta de Isabel la Católica por Castilla y León y Extremadura

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Recorrer los principales enclaves que guardan una estrecha relación con la magna Isabel de Castilla es una buena manera de conocer mejor la trayectoria vital de la reina católica. El viajero pude optar por dos itinerarios de nuestra geografía donde transcurrieron las mayores andanzas de Isabel: Castilla y León y Extremadura entre castillos, palacios, monasterios y excepcionales parajes naturales. Un apasionante itinerario con historia que transporta al viajero a plena Edad Moderna. Sigue leyendo

Granadilla (Cáceres)

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Parece un pueblo fantasma, pero no lo es. Nada que ver con alguno de los muchos lugares turísticos que hay en España. Aunque está deshabitado, según datos oficiales, los vaivenes que Granadilla ha experimentado a lo largo de la historia y su particular fisonomía le hacen irradiar un encanto especial que atrae la atención de curiosos viajeros que vuelven a aquel irreductible territorio que sueña con recuperar su esencia poblacional de antaño, cuando vivió mejores tiempos. Ahora, los descendientes de aquellos antiguos vecinos se reúnen dos veces al año a modo de confraternización: el 15 de agosto y el 1 de noviembre. El resto del año hay que pedir cita para poder visitar Granadilla. Sigue leyendo

Las Hurdes (Cáceres)

Hace un siglo escaso la comarca extremeña de las Hurdes era una tierra maldita, un mundo aislado al que solo llevaban caminos de cabras, la comarca más atrasada de Europa, con unos índices aterradores de enfermedades endémicas. Hoy los hurdanos viven con desahogo y han convertido los montes que antes los aislaban en un reclamo turístico con el ingenio de su trabajo. Su historia tiene peso, cuanto menos.

A las Hurdes las puso en primer plano, si usamos una jerga cinéfila, Luis Buñuel con su documental filmado en 1933, Las Hurdes, tierra sin pan. Mucho antes, en un arco temporal comprendido entre el 4.000 a.C. y la época romana, los petroglifos aparecen por toda la comarca. La romanización la incluye dentro de la región de la Lusitania. Con la invasión árabe, Las Hurdes se vieron despobladas. Su abandono continuaría hasta bien entrado el siglo XX, cuando Unamuno o Gregorio Marañón denunciaron las condiciones sanitarias de sus habitantes. Alfonso XIII se vio obligado a visitar la zona en 1922.

El primer pueblo que se topa el viajero si baja del puerto es la aldea de Las Mestas, lar del tío Cirilo, el inventor del ciripolen, una especie de viagra rústico, un chute energético a base de polen y miel. En el lugar sobresale el convento de las Batuecas, que data del siglo XVI, así como la alquería de Riomalo de Abajo. Primera parada.

vista general de la localidad de Las Mestas

La población de Las Mestas./hospederiasdeextremadura.com

Llegando a las Vegas de Coria, pasadas las aguas frías del río Hurdano que van camino del embalse de Gabriel y Galán, hay un olivar con un burro melancólico. Más abajo, si el viajero deja a la derecha la desviación de Cambrón y a la izquierda la de Cambroncino, el paisaje se espesa en pinar, pero encuentra de vez en cuando pañuelos de terreno roturado en los que quieren crecer, con más entusiasmo que medios, unas filas de olivos y un pueblo llamado Caminomorisco por los moros que pasaban camino del destierro en Portugal.

En el vecino pueblo de Casar de Palomero, entre olivos viejos, hay tres barrios, como en la Edad Media: los Barreros, que es judío; el Hanete, árabe; y el de la Ermita del Cordero, cristiano. En el santuario de la Cruz Bendita (siglo XVII) se conserva una reliquia de la Santa Cruz apedreada por los judíos en el siglo XV. Cruzando el río Árrago, el camino prosigue hasta Gata por un valle verde y olivarero.

Gata tiene una iglesia de San Pedro, cerca de la fuente del Chorro; con su escudo de granito de los Reyes Católicos, y calles empedradas y estrechas; de casas antiguas, con balcones y aleros de madera, ristras de pimientos en las ventanas, un poco inclinadas por arriba, como si quisieran darse la mano.

Paisaje verde en las Hurdes.

Parajes de indudable belleza se suceden por toda la comarca extremeña./luis casero

El centro rural más importante de la zona oriental de las Hurdes es Nuñomoral, en pleno corazón del macizo montañoso, del que dependen once alquerías. Una de las más bellas y mejor conservadas es la llamada Casares de las Hurdes, con sus casas de mampostería y pizarra: otras son Casa Rubia, Huetre, Robledo, Heras y Carabusino. Desde la alquería de El Gasco se llega al chorro de la Miacera, la cascada más grande las Hurdes, cuyo volcán del Gasco fue empleado por los romanos para construir hornos.

Para los amantes de la arqueología y el misterio en estos parajes abundan los petroglifos con símbolos mágico-religiosos, como en la Peña Rayá, la Sepultura de la Mora, Carrascales y Fuente del Risco, que inspiran leyendas sobre seres extraños, tesoros escondidos y minas de plata custodiadas por moros encantados. En las cuevas del Teso del Espinar, de Juntanos, de la Mora y de la Seta se han descubierto numerosas ‘piedras de rayo’, es decir, hachas neolíticas que el vulgo atribuye a la caída de un rayo.

Cerca de Casares, el viajero atraído por las excursiones a pie puede alcanzar los picos de Rayado y Bodoya, así como el nacimiento del río Hurdano. También exuberante de naturaleza se hallan los alrededores de Pinofranqueado, uno de los principales pueblos de Las Hurdes. Los orígenes de esta población son antiquísimos, como demuestran los petroglifos de la Edad del Bronce descubiertos en La Zambrana. Cerca de la plaza Mayor se localizan los restos del convento de los Ángeles (siglo XIII), construido por Francisco de Asís y residencia de San Pedro de Alcántara como padre guardián.

En las Hurdes también se forman meandros de indudable belleza

Meandro Melero en la zona de Riomalo./hospederiasdeextremadura

En los alrededores de Pinofranqueado, el viajero puede disfrutar de varias visitas a las diferentes once alquerías que lo conforman: en el paraje del Tesito de los Cuchillos se conserva un petroglifo de la Edad del Bronce; Erías ocupa el emplazamiento de un antiguo castro; mientras, en las inmediaciones de Horcajo se halla la cueva de Riscoventana, que ha dado objetos prehistóricos.

A la ruta que comprende el recorrido por las comarcas serranas de Gata y, sobre todo, las Hurdes, conviene dedicarle, cuanto menos, una escapada de fin de semana. No lejos del lugar, en la misma provincia, el viajero puede disfrutar de las también históricas ciudades de Trujillo, Guadalupe, Yuste, Jarandilla de la Vera o Hervás. Viajar por España nos descubre estos maravillosos lugares con encanto que no tiene precio.

Dónde dormir: Casa rural Luna Mengüante; Calle Congosto 14; 10867 Robledillo de Gata (Cáceres); teléfono: 927671048; luna-menguante2002@yahoo.es.

Dónde comer: Restaurante Alfonso XIII; C/Factoría, s/n; Las Mestas (Cáceres); teléfono: 927434139; recepcion-hurdes@hospederiasdeextremadura.es

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Valencia de Alcántara (Cáceres)

A un paso de la frontera portuguesa y en la linde de la carretea N-521, surge benévola y abierta de brazos para recibir al turista, Valencia de Alcántara, sobre un peñasco granítico que, a modo de atalaya, domina la campiña formada por alcornoques, cancho y huertas. No solo de naturaleza puede presumir la villa extremeña. Conserva un innegable pasado histórico que despierta la curiosidad de cualquier viajero que se precie a conocerla más a fondo.

Además de los monumentos que alberga es famosa por sus numerosos dólmenes, que se encuentran en muy buen estado de conservación, fáciles de visitar gracias a su buena señalización. Los dólmenes de la Vega del Peso dejan constancia de los orígenes de una población remota en la actual Valencia de Alcántara. Su conjunto, de 41 dólmenes y declarado Bien de Interés Cultural, constituye el mejor foco megalítico de Europa. Ahí es nada.

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Uno de los dólmenes que jalonan los alrededores de Valencia de Alcántara./Tó campos1

Más tarde llegaron los romanos, como demuestran los restos de un acueducto que traía las aguas de los arroyos de San Pedro de los Majarretes. Sus lugareños lusitanos se convirtieron en uno de los azotes romanos en su conquista de la península. Será esta resistencia la que, según el historiador Tito Livio, empujó al procónsul Décimo Junio Bruto a ceder a los pastores-soldados del asesinado Viriato unas tierras y un oppidum en los que establecerse territorialmente, cuyo asentamiento adoptó el nombre de Valentia.

Después, la ocuparon los musulmanes y, en 1221, la tomó el gran maestre de la Orden de Alcántara, don Nuño Fernández, a cuya congregación perteneció hasta 1589. A lo largo de los siglos XVI y XVII, Valencia de Alcántara pasó repetidas veces de manos portuguesas a españolas hasta que, en 1705, quedó definitivamente de lado español. En 1811 cayó en manos de los franceses en la Guerra de la Independencia. Diez años atrás, la localidad cacereña participó en la fugaz Guerra de las Naranjas que enfrentó a Portugal contra España y Francia.

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Sinagoga judía de la localidad cacereña./José Luis Filpo Cabana

Un paseo que resulta del todo interesante introduce al viajero a descubrir uno de los barrios góticos mejor conservados de la Península Ibérica, con numerosas muestras de portadas ojivales. Este distrito también recibe el nombre de barrio judío porque aquí tuvo su feudo la comunidad hebrea. Esta judería se remonta al siglo XIII. En la esquina de las calles Gasca y Pocito se encuentra el edificio de la sinagoga.

Del antiguo castillo árabe se conserva la torre del homenaje, un aljibe y los poderosos baluartes del siglo XVIII que defendieron la villa durante las guerras con Portugal y la invasión francesa. En ellos destaca una puerta de estilo barroco. El ayuntamiento, el convento de San Francisco (siglo XVI) y el convento de Santa Clara son otros de los edificios de interés.

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Romería en Valencia de Alcántara./Celso Pinto de Carvalho

Dentro del recinto amurallado está la iglesia Nuestra Señora de la Encarnación, muy alterada por las sucesivas reformas que ha sufrido. Conserva su fachada gótica. Más apetecible resulta la visita de la iglesia de Nuestra Señora del Rocamador (siglo XV), declarada Monumento Histórico-Artístico, donde se casó la hija de los Reyes Católicos, en 1497, con el rey de Portugal don Manuel el Afortunado. De su primitiva fábrica conserva tres naves góticas y una torre herreriana. En su interior alberga el Cristo de las Batallas, obra de Berruguete.

No hay excusa para visitar Valencia de Alcántara. Su belleza patrimonial y los avatares históricos que en ella han acontecido y dejado su huella a lo largo de los años invitan a la escapada para conocer un poco más este entrañable lugar. Este vídeo os muestra solo un esbozo de todo lo que podéis disfrutar en estas tierras extremeñas y fronterizas con la vecina Portugal:

Dónde dormir: Casa Escobar & Jerez; C/ Alfacar, 15; 10500 Valencia de Alcántara (Cáceres) teléfono: 927668139.

Dónde comer: El Clavo de Valencia; Calle de Pizarro, 0; Valencia de Alcántara (Cáceres) teléfono: 927581000.

Hervás (Cáceres)

En el norte de la provincia de Cáceres, en el valle del río Ambroz, en medio de un paisaje hermoso, se encuentra Hervás. Donado por Alfonso VIII a los templarios a finales del siglo XII, la orden edificó una ermita junto al río y puente de Santihervás bajo la advocación de los mártires cristianos templarios san Gervasio y san Protasio, patronos de la localidad hasta el siglo XVIII.

En el siglo XV se instaló una comunidad judía junto al puente medieval de Fuente Chiquita. Pero tras el decreto de expulsión dictado por los Reyes Católicos en 1492, solo quedaron catorce familias de las cuarenta que formaron la congregación hebrea.

Panorámica de la localidad cacereña de Hervás./Radigonas

La judería de Hervás, el barrio bajo cercano al río, un caótico urbanismo de callejuelas empinadas, de pasadizos, de manzanas irregulares, constituye el más acabado ejemplo de arquitectura popular y tradicional que el viajero puede encontrar en esta tierra, con sus casas de vigas de castaño entramadas, los huecos rellenos de adobe y cañizo y las superficies forradas de teja.

Junto al brocal del puente se ubica la Fuente Chiquita donde, según la leyenda, aparecieron desangrados los cuerpos de la bella judía Maruxa, hija del rabino, y su joven amante cristiano, apuñalados por el padre de ella que no aprobaba los matrimonios mixtos.

Museo de la Motocicleta Clásica en Hervás.

En la calle Abajo, a la derecha del caño del Tío Julián, nace la calle de la Amistad Judeo-Cristiana. En la casa número 15 está el lagar comunal donde los judíos elaboraban su vino kosher. En la calle Rabilero se alzaba la sinagoga del rabí Samuel, médico que se exilió a Portugal en 1492.

Las casas de la trasera de la calle del Vado conservan muestras de arquitectura popular con entramados de madera de castaño y adobe. Un refrán recuerda, desde hace siglos, que “en Hervás, judíos los más”.

Arco del municipio extremeño./jnc68

Además de la huella hebrea, Hervás conserva otros monumentos que merecen la atención del viajero. La iglesia de Santa María (siglo XIII), está construida sobre un antiguo castillo y su interior conserva un bello retablo mayor. El convento de los Trinitarios o la iglesia de San Juan Bautista (siglo XVII) tiene otro no menos destacado retablo del siglo XVIII.

La enfermería del monasterio de la Bien Parada, del siglo XVIII, alberga desde 1873 la sede del Ayuntamiento y el cuartelillo de la policía municipal. El palacio de los Dávila (siglo XVIII), convertido en el Museo Pérez Comendador-Leroux, muestra más de 600 obras del escultor local Enrique Pérez Comendador y su esposa.

El campanario de la iglesia de Santa María  domina Hervás./Patrick

Una curiosa colección aguarda al visitante: la primera de Moto Clásica en España y la segunda de Europa. En los alrededores de Hervás, el viajero puede disfrutar de la naturaleza con parajes como El Salugral o La Chorrera, un salto de agua de 30 metros de altura en el río Ambroz.

Los encantos propios de esta localidad extremeña aguardan al viajero. Para que se vaya haciendo una idea de lo que va a poder encontrar, nada mejor que empaparse de estas bellas imágenes en forma de vídeo resumen:

fuente: chiskooviedo

Dónde dormir: Hospedería Valle de Ambroz; Pl. del Hospital, s/n; 10700 Hervás (Cáceres); Teléfono: 927474828 y 927474829; recepcion-ambroz@hospederiasdeextremadura.es; http://www.hospederiasdeextremadura.es.

Dónde comer: Restaurante Nardi; C/ Braulio Navas 19; 10700 Hervás (Cáceres); restnar@hotmail.com; Teléfono: 927481323 y 927481323.

Monasterio de Yuste (Cáceres)

El monasterio de Yuste, fundado por los frailes jerónimos en el año 1408 sobre un eremitorio anterior, se encuentra ubicado en Cuacos de Yuste, un lugar amenísimo, rico en aguas y arboledas y apartado del mundanal ruido con sus tentaciones y peligros.

La fama del lugar se debe a que el emperador Carlos V pasó aquí sus últimos años cuando se jubiló en 1557 después de traspasar el negocio de la corona a su hijo Felipe II. En Yuste, el anciano emperador se dedicó a dos grandes aficiones: comer copiosamente y dar cuerda a su colección de relojes.

Exterior del monasterio de Yuste./Hispa

Para morada del ilustre jubilado se erigió un pequeño y austero palacio en el flanco meridional del convento, de dos plantas y con un gran desván. Una suave rampa, sobre arcos elevados, permitía a Carlos V llegar a caballo a sus habitaciones, pues la gota le impedía caminar.

Yuste posee dos claustros, uno gótico y otro renacentista, además de una interesante iglesia gótica (siglo XV), y un altar elevado con un retablo de Juan de Herrera que tiene una copia del Juicio Final de Tiziano. El coro presenta sillerías del maestro Alemán.

Estanque del monasterio./Carlos Pino Andújar

Una inscripción en el muro del pórtico de acceso a la residencia del monarca refiere: “Su majestad el Emperador Carlos V, Nuestro Señor, en este lugar estaba sentado cuando le dio el mal, a los treinta y uno de agosto, a las cuatro de la tarde. Falleció el 21 de septiembre a las dos y media de la mañana. Año del Señor de 1558”.

El primitivo ataúd en el que fuera colocado su cuerpo se conserva en el monasterio. Felipe II volvió a Yuste en 1570 y en 1574 y después de reunir aquí otros cadáveres de familia real traídos desde Mérida y Granada, la fúnebre comitiva se puso en marcha hacia El Escorial.

Iglesia perteneciente al edificio donde se retiró Carlos V./Cruccone

En el cercano municipio de Cuacos de Yuste se enseña la casa en la que vivió Juan de Austria, el hijo bastardo de Carlos V y vencedor de Lepanto. Aquí también se localiza un cementerio alemán, donde reposan 28 solados de la Primera Guerra Mundial y 154 de la Segunda Guerra Mundial. Pertenecieron a tripulaciones de aviones que cayeron sobre España, submarinos y otros navíos de la armada hundidos.

Su plaza Mayor, el mejor ejemplo de plaza verata que se conserva, muestra soportales corridos, con balconadas y dinteles grabados. De igual armonía es la plaza de la Fuente de los Chorros. Mientras, la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora (siglo XVI), monumento histórico artístico, integra una torre defensiva muy reformada.

Claustro plateresco del monasterio./José Luis Filpo Cabana

Si el viajero quiere visitar el monasterio, debe tener en cuenta que el horario de apertura al público es de 10 a 20 horas de martes a domingos y festivos (de abril al 30 de septiembre) y de 10 a 18 horas de octubre al 31 de marzo. El precio de la entrada es de 9 euros. Los miércoles es gratis.

Este vídeo no os dejará indiferentes. Irradia una atmósfera embriagadora que transporta a quien visita el Monasterio de Yuste a pleno siglo XVI. Todo un retiro espiritual como el que vivió entre sus muros Carlos V.

fuente: antoniolaraarco

Dónde dormir: La Casona de Valfrío; Carretera de Valfrío Km. 4; 10430 Cuacos de Yuste (Cáceres); Teléfono: 927194222 y 629464572; info@lacasonadevalfrio.net; http://www.lacasonadevalfrio.net

Dónde comer: Queseria San Simón; Calle Afueras S/N; 10430 Cuacos de Yuste (Cáceres); Teléfono: 927194000.

Jarandilla de la Vera (Cáceres)

“Lo mejor de España es la Vera; lo mejor de la Vera es Jarandilla. Allí está lo mejor del mundo. Y allí quisiera que me enterrasen para irme al cielo”. Así alababa este lugar el emperador Carlos I de España, el hombre más poderoso de la tierra y también el mayor viajero de su tiempo.

Jarandilla de la Vera, emplazada en la provincia de Cáceres, ha estado poblada desde antiguas épocas. Así lo atestiguan los puentes y calzadas romanos, y los vestigios medievales que el viajero que explora la región va encontrando por la zona.

Puente romano de Jarandilla de la Vera./JAAA

Los romanos construyeron un templo en honor de Minerva donde en la actualidad se alza la ermita de Nuestra Señora de la Berracosa, en el camino de Losar de la Vera. Los árabes dieron el nombre a la localidad de Jaravilla (villa de prados verdes)

Reconquistada por los caballeros templarios, el rey Alfonso VIII la entregó a la orden monástico-guerrera. En el siglo XIV Enrique II donó la villa y el castillo a don García Álvarez de Toledo, maestre de Santiago y conde de Oropesa.

Castillo de los condes de Oropesa./Author

En la bisagra de los siglos XIV al XV, los condes de Oropesa, marqueses de Jarandilla y señores del lugar, construyeron el castillo, hoy convertido en Parador, sobre las ruinas de la antigua fortaleza templaria. Sirvió de residencia temporal a Carlos I mientras se acondicionaban sus dependencias de Yuste.

El castillo de Jarandilla es, por fuera, una fortaleza cuadrangular con entrada acodada, puente levadizo, matacanes, troneras y fuertes torreones angulares; que se transforma en un palacio renacentista organizado en torno a un patio plateresco en el que combinan con armonía la yedra, el ciprés y la palmera.

Castillo de Jarandilla./Author

En la iglesia de Jarandilla, Santa María de la Torre, construida por los templarios, se conserva una pila bautismal adornada con el signo ancestral de la cruz esvástica. También destaca su ábside, semicircular, decorado con dos grandes ventanas geminadas de arcos lobulados.

Del antiguo monasterio de San Agustín solo se conserva la iglesia con puertas de hierro forjado en la sacristía. La ermita de Nuestra Señora de Sopetrán, patrona del municipio, de estilo barroco, conserva un bello retablo en forma de concha.

Iglesia Santa María de la Torre./JAAA

Resulta asimismo recomendable la visita de la casa de don Luis de Quijada, preceptor de don Juan de Austria durante su niñez.

Jarandilla de la Vera es un vergel rodeado de frescos valles amenos. Los abundantes manantiales de la comarca forman torrentes impetuosos al deslizarse por las gargantas, pero luego atemperan su furia y brindan aguas sosegadas a las feraces huertas y a las prietas arboledas.

Os dejo con un precioso reportaje de este bello lugar:

Coria (Cáceres)

Coria, la Caurium romana, emplazada en las fértiles riberas del río Alagón, rememora su historia en un ensimismado día de otoño, las nieblas enredadas en su arboleda fluvial.

El pastor Viriato y sus lusitanos acamparon por estas orillas; pese a traer en jaque a las huestes enemigas, sus vencedores romanos la urbanizaron en el siglo III o a principios del IV.

Ciudad de Coria con la catedral al fondo./mochuelo

Con los visigodos, el municipio extremeño fue una de las sedes episcopales más antiguas de España; más tarde, capital de un minúsculo reino de taifas islámico que pronto cayó en las ávidas manos de Alfonso VII.

La muralla romana de la localidad cacereña dice mucho de su pasado. Formada de bloques de granito, alcanza ocho metros de espesor, 400 de longitud y cuatro puertas flanqueadas por torres. Conserva encastradas algunas estelas funerarias.

Catedral de Coria./Jörn Wendland

Tiene Coria un bello y cuidado casco histórico repleto de iglesias, conventos y mansiones. La visita puede comenzar en la catedral gótica de la Asunción de Nuestra Señora, de matices platerescos y torre barroca. Junto a la muralla y el castillo son monumento histórico artístico.

El templo eclesiástico conserva un hermoso retablo mayor dieciochesco y varios sepulcros episcopales. Sin olvidar contemplar, y quien quiera venerar según su fervor, la sagrada reliquia del mantel de la Santa Cena que se halla en el Museo Diocesano.

Puerta de la muralla de la ciudad cacereña./Caligatus

El castillo, de finales del siglo XV, antigua Cárcel Real, es hoy museo de la ciudad. Se levanta sobre los restos de una antigua fortaleza templaria.

La plaza Mayor muestra unos bellos balcones corridos que sirven a la vez de tribuna para las corridas de toros.

También merece la visita del viajero la iglesia de Santiago, barroca, el castillo palacio de los duques de Alba con dos patios mudéjares y después asomarse al río para ver el Puente Viejo de origen medieval.

Castillo de Coria./Lancastermerrin88

La cárcel eclesiástica (siglo XVIII), en la calle Oscura, luce en la portada el escudo del obispo don García Alvarado. El convento de la Madre de Dios muestra su fachada en la calle Pizarro. Mientras, el hospital de San Nicolás de Bari (s. XVI) exhibe pilastras toscanas.

Como aperitivo, este pequeño recorrido por algunos de los parajes más destacables de Coria:

fuente: vilupa69

Alcántara (Cáceres)

Sita en la margen izquierda del río Tajo, próxima a su confluencia con el Alagón, su emplazamiento estratégico como enclave fronterizo ha condicionado su evolución histórica. Alcántara, con su famoso puente de origen romano, también fue el origen de la creación de la orden militar de mismo nombre y es, ahora, poseedora de un rico patrimonio artístico. Merece un hueco en la ruta de cualquier viajero apasionado por la historia.

En esta peculiar zona de la provincia de Cáceres, el poblamiento es muy antiguo, como certifican medio centenar de dólmenes y un menhir, pero fue solo a partir de la construcción del puente cuando se roturaron los campos y surgieron multitud de villae o casas de campo dedicadas a actividades agropecuarias. De aquí es originario San Pedro de Alcántara, franciscano y patrón de Extremadura.

Monasterio de Alcántara./ATORVIV

Con posterioridad, la invasión musulmana acentuó el carácter fronterizo de la zona, que recupera su apogeo con el establecimiento desde 1218, de la sede de la poderosa Orden Militar de Alcántara, que combatió durante la Reconquista contra los musulmanes y cuyo uno de los grandes maestres fue Fernando de Aragón.

El Tajo a su paso por la localidad cacereña./Rafael dP

Fue precisamente aquí donde se redactó el tratado por el que se selló la paz entre los reinos cristiano y almohade, lo que significó la renuncia de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón a sus pretensiones sobre Portugal, al tiempo que conseguían que Juana la Beltraneja renunciara al reino de Castilla.

Iglesia de Santa María de Almocóvar.

Lo más destacado de Alcántara es su espléndido puente romano sobre el Tajo construido en el año 105 por el arquitecto Cayo Julio Lacer sobre la carretera que comunicaba Norba Caesarina (Cáceres) con Conimbriga (Condeixa-a-Velha) El pasadizo, hecho de bloques de granito unidos sin mortero, mide 193 metros de largo y ocho de ancho. En su tramo central se alza un arco triunfal en honor al emperador Trajano.

Puente romano de Alcántara.

De su pasado medieval permanecen varios y bellos vestigios arquitectónicos, como el Convento de San Benito, centro administrativo y religioso de la Orden Militar. De singular belleza destaca el convento, la hospedería y la iglesia.

Otra muestra es la iglesia de Nuestra Señora de Almocóvar, que conserva el sepulcro de alabastro el comendador Antonio Bravo de Jerez y cinco pinturas de Luis de Morales. De entre las muestras de arquitectura civil sobresale al casa palacio de los Barco, con balcones y escudos decorados, así como la casa de los Barrantes-Maldonado o la de los Calderones.

Vídeo explicativo sobre el puente romano:

Plasencia (Cáceres)

“Para que plazca a dios y a los hombres” (ut placeat Deo et Hominibus). Este es el lema que luce el blasón que concedió a la ciudad el rey Alfonso VII en el siglo XII. Plasencia hace honor a su nombre desde una península que bordea el río Jerte, al abrigo de la sierra de Gredos, con algunos de los monumentos más valiosos del territorio extremeño.

Convertida en el centro administrativo y comercial de la provincia de Cáceres, Plasencia es, ante todo, la perla del Jerte, una hermosa ciudad que esconde un considerable patrimonio artístico tras sus murallas, de las que aún se conserva restos de los siglos XII y XIII.

Murallas de Plasencia./Víctor_Ferrando

Plasencia se originó en un poblado celta sobre el que los romanos montaron un campamento y los árabes un alcázar. Alfonso VII de Castilla la conquistó y refundó en 1186 otorgándole fuero. La Reina de Castilla Juana la Beltraneja y Alfonso V de Portugal se casaron aquí en 1475 en la Plaza Mayor, donde fueron proclamados reyes de Castilla y Portugal.

Durante la conquista americana Plasencia también destacó, puesto que gracias a las campañas promovidas por los obispos locales se descubrió y conquistó la Patagonia argentina y las islas Malvinas. Aquí se reunió por primera vez Bartolomé de las Casas con el rey Fernando el Católico para exponerle su postura ante la situación de los indígenas en América.

Detalle de la Catedral de Plasencia./quinocho

La localidad extremeña está plagada de conventos (no menos de diez) e iglesias en cuya construcción rivalizaban las órdenes militares de Santiago y Alcántara. El mejor acceso al centro histórico es la llamada Puerta del Sol, una de las cuatro que todavía se conservan, de estilo renacentista y adornada por el escudo de los Reyes Católicos.

Desde ella resulta fácil alcanzar la Plaza Mayor, punto de encuentro de lugareños y turistas. Allí mismo se levanta el Ayuntamiento, edificio gótico renacentista con su particular torre del reloj y su inconfundible Abuelo Mayorga, que marca el paso de las horas golpeando una campana.

Catedral de Plasencia./Víctor_Ferrando

La iglesia de San Esteban despunta en el lado suroeste de la plaza, que hay que doblar para llegar, tras pasar por el convento de las Claras, a la plaza de la Catedral, con un conjunto catedralicio formado por dos uniones entre sí: La Catedral Vieja se levantó entre los siglos XII y XV. A finales de este mismo comenzó la edificación de la Catedral Nueva.

En su interior destaca, sin duda, el espléndido retablo mayor y la sillería del coro, tallada en madera de nogal por el maestro Rodrigo Alemán. Otros monumentos de interés en Plasencia son el Palacio Episcopal, el hospital de Santa María (reconvertido en Museo Etnográfico), el palacio de Monroy y el palacio del Marqués de Mirabel.

Espadaña de la Catedral de Plasencia./vcastelo

Desde Plasencia el viajero puede emprender una escapada al bello Parque Nacional de Monfragüe. Se trata de una enorme reserva natural de 18.000 hectáreas de bosque mediterráneo que es, asimismo, un albergue de animales en extinción. Desde las ruinas del castillo se pueden avistar buitres leonados, águilas imperiales y cigüeñas negras.

Un breve repaso audiovisual de la belleza que alberga este municipio extremeño: