Fuendetodos y la ruta de Goya (Zaragoza)

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Fuendetodos, emplazado en medio de un paisaje desolado, de calor agobiante en verano y de inviernos muy fríos a causa de su altitud (800 metros), es un pueblo de apenas 170 vecinos que no ha cambiado mucho desde que allí vino al mundo un 31 de marzo de 1746 Francisco de Goya y Lucientes. Una placa colocada en la humilde casa de piedra que le vio nacer esa fecha que transformó la historia de la pintura “para honor de la patria y asombro del arte”. Quizás no sea uno de los lugares más turísticos de la hermosa Aragón, pero solo por la historia que aguarda merece la pena su visita. Sigue leyendo

Segeda (Zaragoza)

Numancia pasó a la historia por su enconada resistencia ante el asedio del invasor romano allá por el siglo II a.C en su intento de expansión por la península. Sin embargo, existe otra ciudad celtíbera que fue la desencadenante de aquella contienda y cambió así el rumbo del pasado. Segeda, la mayor urbe prerromana de Aragón, se convirtió en un bastión celtíbero de notable importancia cuya tribu que ocupaba la zona, la de los belos, derrotó al cónsul Quinto Fulvio Nobilior en el 153 a.C. Estos guerreros, aliados a su vez con los arévacos, acabaron con la vida de 6.000 romanos.

La ciudad hoy aragonesa mostró, debido al crecimiento de la población y para defenderse de las invasiones foráneas, su intención de ampliar sus murallas. Este argumento fue la excusa que necesitaron los romanos para iniciar las Guerras Celtibéricas en territorio hispano, que duraron casi medio siglo. El Senado itálico envió a Segeda 30.000 hombres, según las crónicas. Sus habitantes huyeron hasta Numancia. Segeda fue aniquilada y desapareció del mapa. Pero su recuerdo sigue latente.

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Parte de lo poco que queda en pie de la antigua ciudad celtibérica de Segeda./Antonio Pérez Perona

Segeda también cobra más protagonismo en la historia si cabe, al obligar a los romanos a remodelar su calendario el 134 a.C. Según el que imperaba hasta por aquel entonces, el año comenzaba en marzo, que era la fecha elegida para escoger a los cónsules. Pero los romanos lo cambiaron al 1 de enero para poder nombrar con celeridad a Publio Cornelio Escipión Emiliano al frente del ejército con el fin de conquistar la ciudad aragonesa, un lugar con mucha historia

Segeda, en la comarca de Calatayud, se ubica en el yacimiento arqueológico del Poyo de Mara, entre las poblaciones de Mara y Belmonte de Gracián. Sus ruinas son visitables. Y gozó de notable relevancia, pues acuñó moneda propia en el siglo II a.C. Su dimensión llegó a abarcar las 35 hectáreas distribuidas en varias zonas, que la convirtieron en la mayor urbe de su época en la zona norte de la península. Fue más del doble de grande que Numancia.

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El espectacular observatorio astronómico localizado en Segeda

De entre los restos encontrados, tras las excavaciones efectuadas y después de descubrirse la estructura urbana de Segeda, destaca un lagar, el único de la época hallado al norte del Tajo, el más antiguo localizado en Europa (siglo V a.C.), y una mansión de 300 metros cuadrados con patio central y sistema de depuración de agua de boca, denominada Casa del Estrigilo. Parte de los historiadores consideran que ésta pudo haber sido el Senado de la ciudad. Y aún queda mucho por excavar…

Pero por encima de todos, sobresale un santuario celtibérico, el único calendario de ciclo lunisolar conservado desde la antigüedad en todo el Mediterráneo. De planta romboidal y sito fuera de la muralla de Segeda, al aire libre, sus muros se unían con esta plataforma monumental conformando un ángulo de 130 grados, algo fuera de lo común para la arquitectura de la época. Dicho ángulo se alineaba con un cerro próximo, la Atalaya, y su dirección marcaba el solsticio de verano, el día más largo del año. También fue empleado como observatorio astronómico.

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Restos de una fragua en el yacimiento de Segeda./Yurena Rodríguez Rodríguez

Se trata, sin lugar a la duda, de una construcción excepcional, única. Datado del siglo II de nuestra era, el santuario se levantó con la mira puesta en las distintas orientaciones astronómicas. Su hallazgo ha permitido conocer el interés que mostraron los celtíberos por los movimientos rotacionales del sol y la luna como manera de medir el tiempo. Esta tribu contabilizaba el tiempo por noches, y no por días, pero eso no significa que no veneraran al sol. Para ellos, los solsticios y equinoccios eran muy importantes, y tenían ritos y celebraciones para conmemorar esas fechas.

La cercanía del yacimiento de Segeda con la localidad de Belmonte de Gracián la puede aprovechar el viajero para acercarse hasta la iglesia de San Miguel, uno de los destinos no tan turísticos de Aragón. Y si tiene ganas de más, y le apasiona el arte, puede incluir este pueblo dentro de la estupenda ruta por el mudéjar aragonés, símbolo de la convivencia entre árabes y cristianos. De la que Tarazona y Calatayud son dos magníficos exponentes. Todavía quedan muchos lugares para conocer en Aragón.

 

Dónde dormir: Hotel Castillo de Ayud; Avda de la Diputación, 8; Calatayud (Zaragoza); teléfono: 976880088.

Dónde comer: Mesón de las Dolores; Calle Sancho y Gil, 4; Calatayud (Zaragoza); teléfono: 976889055.

Mapa Segeda

Beceite (Teruel)

Beceite enamora. Se trata de uno de los pueblos más interesantes y desconocidos de la geografía española. Localizado en la comarca del Matarraña, el paisaje que permite llegar a este sitio abruma por su espectacularidad. La carretera de acceso queda encajonada entre espectaculares acantilados abiertos por el cauce del río Matarraña, por el que se eleva un puente de piedra medieval que salva el abismo. Sobre la cabeza del viajero que arriba a Beceite sobrevuelan los majestuosos vuelos de buitres y águilas.

La menuda localidad de Beceite se convirtió en el escenario, durante el invierno de 1837, de uno de los más terribles sucesos de maltrato y crueldad en cuanto al trato de prisioneros de la España del siglo XIX. Las tropas carlistas detuvieron en la batalla de Villar de los Navarros a casi dos millares de soldados del ejército liberal. En solo siete meses, y antes del intercambio de los supervivientes, murió la mayoría de ellos a causa del hambre, el frío, las enfermedades y las ejecuciones. Gran parte se vio obligado a recurrir al canibalismo para sobrevivir.

Vista general del municipio de Beceite

Panorámica del pueblo turolense de Beceite./Jome

El pueblo de Beceite se corresponde con la legendaria Intibilis romana y la hispano musulmana Abunzeit (tierra de olivos). En él parece haberse detenido el paso del tiempo: las calles se cubren con amplios arcos apuntados mientras acompaña al viajero el sonido calmado del agua que discurre, desde la Edad Media, por los canales subterráneos y se asoma por las fuentes y los lavaderos. La villa estaba formado por dos arrabales: Zeit y Benet, al unirse, a mediados del siglo XII, darían lugar al nombre actual de la localidad.

Beceite es la única zona de la comarca del Matarraña en la que está documentada la presencia de la Orden de los Templarios. La media luna que campea sobre el arco apuntado de la puerta de San Gregorio da fe de ello: rememora el símbolo del apellido del primer maestre templario de esta villa: don Pedro Lope de Luna. Quizás fue el primer portal ojival que se levantó en España. Los monjes guerreros convivieron aquí en perfecta armonía con los musulmanes y judíos.

Fachada de la casa de la vila en Beceite

Casa de la Vila de Beceite./Willtron

El paso de los años ha permitido conservar una fisonomía particular del municipio turolense: sobre la ladera meridional de una colina se acurrucan casas de piedra y tejado árabe dentro de unas murallas, flanqueadas de torres que retrotraen la mente del viajero a pleno Medievo. A través del portal de San Roque se accede al casco antiguo. No muy lejos, rumbo a la Puerta de San Gregorio, emerge una casa medieval que conserva grabada la cruz de las ocho beatitudes templaria.

Casi todo el patrimonio que se conserva en Beceite recuerda al Temple; como la iglesia parroquial dedicada a San Bartolomé, uno de los cuatro santos predilectos de la orden, en la Plaza Mayor. Data de 1210, aunque la fábrica que queda en pie es de la segunda mitad del siglo XVIII. Sobresale la fachada dotada de columnas salomónicas y torre sin chapitel. Justo al lado, el Ayuntamiento (siglo XVI), cuyos bajos albergaban la cárcel local, estancia habilitada hoy como Oficina Municipal de Turismo.

Fachada de la iglesia de san bartolomé de beceite.

Iglesia de San Bartolomé./Willtron

Tampoco desmerece la visita del viajero la ermita de Santa Ana, situada a la entrada de Beceite; así como por las antiguas fábricas de papel, cuyos molinos, datados en los siglos XVIII y XIX, todavía se mantienen en pie. Uno de ellos, el de Noguera, se ha transformado en marco de exposiciones de arte. Las grutas de El Cargol, donde al parecer hubo un oratorio y centro de iniciación templario, invitan a los amantes del misterio. Aquí aún se conserva lo que pudo haber sido el pedestal de una Virgen negra.

En las cercanías de Beceite se encuentra el Parrisal, un desfiladero el río Matarraña lleno de posibilidades para los amantes de la naturaleza. Los Puertos de Beceite no rebasan los 1.500 metros de altura, pero aun así constituyen una impresionante mole desde la que, en días claros, se avista el Mediterráneo. Se presenta como un lugar idóneo para para amantes del senderismo, la flora y la fauna en estado puro. Quienes aprecien la espeleología disfrutarán si ahondan en las grutas de La Figuera, Maravelles o El Petro. Tampoco falta la huella prehistórica representada en las pinturas rupestres de La Fenellosa, que se remontan a la Edad del Bronce.

Los parajes y el entorno que envuelven a Beceite invitan a una recepción del viajero, sosegada, en calma, donde disfrutar de cada momento que pasa, como ocurre casi con la vecina localidad de La Iglesuela del Cid. Este vídeo que aquí os dejo es una clara muestra. Sin más alardes que la humildad que destila la localidad, su bienvenida merece un rincón en Lugares con historia.

Dónde dormir: Hotel La Font del Pas; 44588 Beceite (Teruel); teléfono: 978890443.

Dónde comer: Antigua Posada Roda; C/ Villanue-va, 19; 44588 Beceite (Teruel); teléfono: 978850254.

Aínsa (Huesca)

Capital de la comarca de Sobrarbe, en el alto Pirineo oscense, el pintoresco pueblo de Aínsa bien merece una visita por muy a trasmano que le pueda parecer al viajero. Con un casco viejo declarado conjunto histórico-artístico, durante muchos años Aínsa ejerció un papel de puesto de mando estratégico en la pugna contra los árabes. Con posterioridad, en plena Edad Media, monarcas como Alfonso I otorgaron a la villa importantes privilegios, lo que convirtió a la localidad en un importante núcleo comercial.

Toda la comarca se convirtió en frontera entre el mundo árabe y el cristiano, lo que le dejó un fructífero legado cultural colmado de construcciones defensivas. Pero antes, los primeros pobladores de Aínsa habitaron las covachuelas y las cavidades naturales de un prodigioso entorno. Celtas, romanos, musulmanes o cristianos han dejado aquí su huella. Tan sólo es necesario coger la máquina del tiempo y emprender viaje rumbo al pasado. Las sorpresas esperan al viajero.

panoramica de la ciudad de aínsa en la provincia de huesca en aragon.

Las construcciones medievales predominan en Aínsa./villadeainsa.com

El núcleo medieval está en un cerro rematado por un castillo del siglo XI que domina la confluencia de los ríos Ara y Cinca. Si el viajero callejea por Aínsa podrá admirar su magnífica plaza Mayor porticada (siglos XIII-XV), repleta de restaurantes, en la que perduran las dos prensas comunitarias que, hasta tiempos recientes, molturaron las cosechas de uvas del pueblo.

También la iglesia románica de Santa María, de nave única rematada en ábside circular y con una torre defensiva. Está declarada Monumento Nacional. En las calles Mayor y de Arriba se puede disfrutar de vetustas casonas solariegas como la de Bielsa o Casa Arnal (siglo XVI) En la Torre del Tenente, de planta pentagonal, perteneciente al castillo, se ha instalado un Eco Museo.

Castillo de aínsa en la provincia de huesca de la comunidad de aragón.

Castillo de la localidad oscense cubierto de nieve./http://villadeainsa.com

A escasos tres kilómetros de la localidad oscense se halla la Cruz Cubierta, un templo circular del siglo XVII que se construyó para conmemorar la batalla de L’Aínsa, en la que las huestes musulmanas fueron derrotadas por las cristianas. En torno al acontecimiento histórico surgió una leyenda según la cual una cruz se apareció sobre una encina en el fragor de los combates. Los vecinos conmemoran la leyenda una fiesta conocida como la de la Santa Cruz o de la Morisma.

Aínsa disfruta asimismo de los estimables valores paisajísticos y medioambientales que le asegura su privilegiada posición entre el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y los parques naturales de la Sierra y Cañones de Guara y de Posets-Maladeta.

No en vano lo han escogido para instalar en sus términos un comedero de aves necrófagas que ayude a conservar especies amenazadas propias de estos bosques, como el quebrantahuesos. A unos 15 kilómetros de Aínsa pueden visitarse las ruinas del monasterio benedictino de San Victorián, donde en el siglo X se enterraban los reyes de Aragón.

La Plaza Mayor de Aínsa de estilo medieval.

Plaza Mayor de Aínsa./villadeainsa.com

La calma y el sosiego invita al viajero a cerrar los ojos y disfrutar del viaje, la historia y el pasado en Aínsa. Nada mejor que este vídeo que os dejo bajo estas líneas para comprobarlo de facto, en persona. Un recorrido que enaltece el ánimo aventurero de cualquier interesado por conocer algo más de este pequeño pero inmenso territorio fronterizo. Tu cita, de nuevo en Lugares con historia:

Dónde dormir: Hotel Posada Real; Plaza Mayor, 6; 22330 Aínsa (Huesca); teléfono: 974500977.

Dónde comer: Bodegón de Mallacán; Plaza Mayor; Aínsa (Huesca); teléfonos: 974500977 y 974500953.

Estación de Canfranc (Huesca)

Concebida como gran escaparate de la España monárquica de principios del siglo XX ante los visitantes extranjeros, la Estación Internacional de Ferrocarril de Canfranc se erigió dentro del proyecto de creación de un paso fronterizo a través de los Pirineos que comunicase España con Francia, y aprovechar así la línea el que unía el municipio de Tardienta con Huesca y Huesca con Jaca.

La terminal fue inaugurada en 1928 por el rey Alfonso XIII y el presidente de la República francesa. Parece un palacio francés del XIX: un elegante edificio central entre modernista y art déco (columnas, yeserías, molduras, dorados…) donde destaca un cuerpo central coronado por una cúpula de fundición que se prolonga, a un lado y al otro, en dos largas alas armónicas con cubiertas de pizarra (240 metros de largo en total y 75 puertas) que acogían, en doble vía cubierta, a trenes enteros dispuestos en paralelo para que un ejército de porteadores trasvasaran las mercancías de un tren a otro.

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Fachada de la Estación Internacional de Canfranc./Jakob Bauer

De este modo laborioso se solventaba el problema de que España tuviera un ancho de vía diferente al de Europa. Además de los servicios normales de billetería, almacén, consigna, aduanas, cantina y enfermería, había en la estación un hotel de lujo, un casino y una sucursal del Banco de España. Durante la Guerra Civil, la estación pasó a manos del bando nacional, que tapió el túnel que la unía con Francia para evitar cualquier tipo de penetración desde el país vecino.

Ya en época de la Segunda Guerra Mundial, entre 1940 y 1943, la estación de Canfranc vivió una actividad inusitada. Se calcula que diariamente entraban de Francia unas 1.200 toneladas de mercancías, principalmente víveres y materias primas procedentes de América Latina con destino a Alemania, que de ese modo, con España como intermediario, burlaba el bloqueo aliado. Se bloqueó el tráfico de pasajeros.

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La terminal se encuentra en pleno proceso de restauración./Jakob Bauer

También entraban toneladas de mineral de wolframio que la industria bélica germana necesitaba desesperadamente. A cambio llegaban enormes cargamentos de oro procedentes de Suiza y destinados a los bancos de España o Portugal. La aldea creada en torno a la estación se convirtió entonces en un nido de agentes y de espías.

En tan solo unos meses, a partir de 1943, el tráfico de la estación decreció de forma rápida tras la previsible derrota alemana y a partir de 1945 languideció hasta que, en 1970, se interrumpió el tráfico debido al derrumbe del puente de L’Estanguet fruto del descarrilamiento de un tren de mercancías francés, y la estación quedó abandonada a su lenta ruina.

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Los andenes de la estación han servido de decorados de varias películas./Scandisk65

En la actualidad se está restaurando para convertirla en un hotel destinado a veraneantes pirenaicos, aunque un proyecto de 2005 también pretendía construir una nueva estación, la urbanización del terreno de uso ferroviario liberado y la edificación de un museo dedicado al tren. Ahora es propiedad del Gobierno de Aragón.

La estación internacional también ha servido de escenario y localización de diversos largometrajes de cine y series de televisión como Doctor Zhivago, e incluso de rodaje de anuncios como el de la Lotería de Navidad. Dicha terminal se ubica en una localidad pirenaica que ofrece otras alternativas al viajero como montaña, deportes de nieve, gastronomía, patrimonio cultural y la posibilidad de disfrutar de una estancia inolvidable en la frontera.

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Vagones y trenes lucen su abandono ahora en Canfranc./Jule_Berlin

En Canfranc discurre el Camino de Santiago aragonés. Pese a dos devastadores incendios sufridos en 1617 y 1944, la localidad oscense aún conserva parte de su antiguo patrimonio monumental, como los restos del castillo, de origen medieval, la fachada de la Torre de Aznar Palacín (siglo XIV), la iglesia de la Asunción y el conjunto monumental de la Trinidad fundado en el siglo XVI por Blasco de Les para atender a pobres y peregrinos.

Con la idea de realizar un breve recorrido por el pasado, presente y futuro de esta emblemática estación situada en pleno corazón del Pirineo Aragonés y declarada Bien de Interés Cultural, os dejo con un nuevo e interesante vídeo emitido por la televisión autonómica de Aragón que atestigua la época de esplendor que la terminal vivió en el siglo XX:

Dónde dormir: Albergue de Peregrinos Refugio de Canfranc; Calle Albareda, 19; Canfranc (Huesca); teléfono: 974373217.

Dónde comer: Restaurante Thania; Plaza de Europa 4; 22880 Canfranc (Huesca); teléfono: 974373085.

Belchite (Zaragoza)

Del pueblo que vio nacer a Francisco de Goya y Cifuentes (Fuendetodos) a Belchite hay una veintena de escasos kilómetros que le merece la pena recorrer al viajero, pues esta localidad de poco más de 1.600 habitantes trabaja para convertir el viejo Belchite, totalmente destruido durante la Guerra Civil en agosto de 1937, en un museo de las consecuencias de la guerra.

El perfil descalabrado de la población sigue en parte en pie pese al tiempo transcurrido. Las ruinas, unas cuantas calles solitarias, una plaza o el esqueleto de la iglesia mudéjar de San Martín, se han degradado bastante, pero todavía son evocadoras como para atraer miles de visitantes. Otros restos visitables son las ruinas de la Torre del Reloj (antigua Iglesia de San Juan), del siglo XVI, las del Convento de San Rafael o las del Convento de San Agustín.

Vista general de la desolada localidad de Belchite./ecelan

En lugar de su reconstrucción, el régimen de Franco decidió crear un pueblo nuevo al lado, para dejar intactas las ruinas del anterior como recuerdo de la contienda y de lo que se consideraron “excesos” del bando vencido. El proyecto que maneja el Ayuntamiento es el de consolidar las estructuras de los edificios más representativos como iglesias, puertas de entrada y arcos.

Mucho antes de ser víctima de la destrucción de la guerra, Belchite perteneció hasta 1118 a la Taifa de Zaragoza. Después fue conquistada por Alfonso I de Aragón, el Batallador. También tuvo lugar aquí otro enfrentamiento bélico de trascendencia para la historia de España: la batalla de Belchite de 1809 en plena Guerra de la Independencia.

Solo quedan en pie ruinas de edificios tras los bombardeos de la Guerra Civil./ecelan

Los franceses ganaron aquella batalla y Napoleón hizo inscribir el nombre de Belchite en el arco del triunfo de París. Un pasado truculento: Y eso sin contar las sangrientas confrontaciones que tuvieron romanos y cartagineses en la zona durante las guerras púnicas.

Belchite se convirtió en uno de los pueblos más prósperos de principios del siglo XX en la provincia de Zaragoza. Entre sus bellos muros de estilo mudéjar llegaron a contabilizarse dos conventos y varias iglesias, símbolo de la buena salud económica de la comarca.

El pueblo antiguo de Belchite es un museo dedicado a los horrores de la guerra./Tamorlan

El antiguo Belchite, que los vecinos abandonaron en los sesenta para trasladarse a la moderna ciudad levantada en sus inmediaciones, es desde hace años un interesante foco de atracción turística. Cerca del pueblo se encuentran dos parajes esteparios de sumo interés ecológico en los que se refugia una fauna y una vegetación muy peculiar: la balsa del Planerón y La Lomaza.

A destacar también el Museo Etnológico y el Santuario de Nuestra Señora del Pueyo. La localidad aragonesa, debido a su particular geografía, ha sido escenario de rodaje de varias películas como Las aventuras del Barón Munchausen o El laberinto del fauno. De Belchite desciende el cantautor catalán Joan Manuel Serrat.

El recuerdo de los desastres del pasado todavía permanece vivo en las ruinas de Belchite. Con la idea de que no se repita una historia tran truculenta en el futuro, el viajero puede disfrutar de otra óptica distinta sobre las consecuencias de una guerra que marcó el devenir de nuestro país. Aquí podéis obtener más infomación si queréis visitar Belchite:

Los restos de la iglesia de San Agustín aguantan como pueden en pie./ecelan

Con un interesante fotomontaje y una ambientación sonora acorde con la calidad de las imágenes, os vuelvo a dejar con la ración semanal de vídeo, en esta ocasión correspondiente a un lugar con mucha historia, Belchite:

fuente: SirJABAT

Dónde dormir: Hotel Capricho de Goya; Paseo Vista Alegre, 5; Fuendetodos (Zaragoza); teléfono: 976143890.

Dónde comer: Restaurante El Pueyo; Camino C, 2; Belchite (Zaragoza); teléfono: 976830827.

La Iglesuela del Cid (Teruel)

Con apenas medio millar de habitantes, el nombre de esta localidad turolense anuncia un pasado estrechamente ligado al del Cid Campeador. Las calles de La Iglesuela del Cid conforman un complejo entramado que recorre un pasado repleto de historia que alcanzó su máximo esplendor, quizás, en la época romana, de la que se conservan restos arqueológicos a las afueras.

Rodrigo Díaz de Vivar se refugió en esta localidad camino de Valencia y la fortificó. En el siglo XII, la villa se encomienda a los templarios para formar parte de la que fue la Baylía de Cantavieja.

El estilo medieval impregna la orografía de La Iglesuela del Cid./Marlis 1

El periodo de bonanza de La Iglesuela se extendió también a buena parte de la Edad Media y la Edad Moderna, de la que dan fe las construcciones nobiliarias y palaciegas que existen por todo el municipio. Estas se erigen sobre un antiguo casco urbano de sabor templario, declarado Conjunto Histórico-Artístico.

Ya en el siglo XIX, estas tierras, emplazadas en la comarca del Maestrazgo, se convierten en uno de los principales escenarios de las guerras carlistas, en las que cobró fama el general conocido como el Tigre del Maestrazgo, quien lideró el ejército de Aragón.

Arco de entrada al casco antiguo./The CAT Autobot

La Plaza Mayor es el epicentro de la vida en La Iglesuela, y aquí se encuentra el Ayuntamiento (siglos XIII-XV), y la Casa Matutano Daudén (siglo XVIII), hoy hospedería, de estilo barroco. Con una categoría de cuatro estrellas, tiene bellos tapices y frescos que poder contemplar.

En esta misma plaza se alza también la antigua Torre de los Nublos, adosada al edificio del Ayuntamiento y de origen medieval. Cerca, la iglesia de la Purificación y la Casa Blinque añaden vistosidad al recorrido, y ya en las calles aledañas el viajero puede emprender un breve itinerario por edificaciones nobiliarias como la Casa Guijarro o la de Santa Pau.

Claustro de una iglesia del municipio turolense./XimoPons

También hay construcciones más modestas, como la ermita de Cid, o las de San Pedro, la de Loreto, la del Calvario y la de los Paules. No olvidar acercarse hasta el Santuario de la Virgen del Cid, que cuenta con ermita, hospedería y pórtico.

Por toda esta localidad de la comarca del Maestrazgo la piedra, el hierro forjado y los arcos de sillería adquieren un especial protagonismo, al estar presentes en puentes, fachadas, lonjas o escudos, todo de un claro acento medieval.

Iglesia y hospedería de La Iglesuela del Cid./Manel Zaera

Para que veáis el encanto que tiene La Iglesuela del Cid, os dejo con un pequeño vídeo que anticipa sus encantos. ¿No os apetece visitarla?:

fuente: cimacien

Tarazona (Zaragoza)

Enclavada a las faldas del Moncayo, la montaña más alta del Sistema Ibérico, la ciudad zaragozana de Tarazona posee un particular encanto debido al embrujo de su aire mudéjar, que ha sabido plasmarse en unos hermosos edificios amalgama de los muchos siglos de historia que ampara.

Encrucijada de caminos en Aragón, Navarra, Castilla León y La Rioja, Tarazona es una singular urbe mudéjar cuyo casco antiguo ha sido declarado Conjunto Monumental y Bien de Interés Cultural. Mezcla de culturas y religiones, conserva restos históricos desde fines del siglo I a.C.

Panorámica de Tarazona./ Marc Climent

Su devenir histórico queda también impreso en su leyenda, tal como reza el escudo de la ciudad, que fue edificada por Tubal Caín y reedificada por Hércules. Los vestigios arqueológicos, numismáticos y toponímicos indican que existió un asentamiento celtibérico. Con la conquista romana, cuando pasó a llamarse Turiaso, la urbe se amplió con una muralla que la protegió hasta bien entrada la reconquista cristiana.

Pese a la devastación que sufrió Tarazona a manos de los visigodos, terminó convirtiéndose en una de sus fortalezas más importantes. Hacia el siglo VI, la ciudad fue ocupada por los musulmanes. La Reconquista convierte a la ciudad en una mezcolanza ejemplar de convivencia entre cristianos, judíos y musulmanes.

Casco viejo de la ciudad zaragozana./ Zarateman

Tarazona es una localidad episcopal y mudéjar. Su catedral, Monumento Histórico Artístico, es una de las más singulares de las nueve que tiene Aragón, ya que suma al gótico primitivo el mudéjar de sus torres y cimborrio, y su fachada renacentista.

Alejado de la catedral se localiza el Palacio Episcopal y la iglesia de la Magdalena. El primero, que domina desde lo alto la comarca y el término municipal, es del XVI. Ésta última es la primera catedral cristiana de Tarazona tras la conquista de la ciudad a manos del rey Alfonso I el Batallador de Aragón. Posee una majestuosa y esbelta torre mudéjar.

Torre de la catedral de Tarazona./ Martpan

El viajero también puede decantarse por acercarse hasta el Ayuntamiento (siglo XVI) para admirar su fachada, de portada renacentista, que tiene relieves de los seres mitológicos Hércules, Pierres y Caco, así como de la coronación del emperador Carlos V.

También de interés son la Iglesia Parroquial de San Miguel, de estilo gótico y asentada sobre el antiguo solar de la mezquita árabe, la Iglesia Parroquial de Santa Teresa, que protege un sarcófago paleocristiano del siglo III o la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced (siglo XV)

De la Iglesia de San Francisco dicen que fue fundada, según la tradición, por el propio San Francisco de Asís en 1214. Para completar el recorrido religioso, se puede pasar por el Convento de las Carmelitas de Santa Ana, el Convento de las Carmelitas de San Joaquín, el Convento de las Franciscanas de la Concepción, la iglesia de San Vicente Mártir, la de la Virgen del Río, la de San Atilano o la Ermita de San Juan Bautista (siglo XVII).

La ciudad maña, mezcla de culturas./ Miguel Ángel García

Merece la pena visitar, asimismo, la calle de la Judería donde se hallan las casas colgadas, la plaza de los Héroes de África, a calle Mártires de la Tradición Turiasonense (donde se ubica el palacio de los Gil de Borja), o la calle Verde, que alberga la casa de los Linares (siglo XVIII).

La ciudad maña posee también una plaza de toros poligonal del siglo XVIII formada por viviendas que se usan todavía. Se trata de una de las más antiguas de España.

Os dejo con un repaso de la catedral de Tarazona:

Calatayud (Zaragoza)

Calatayud divide su corazón entre el glorioso recuerdo de Roma, la Bilbilis Augusta, patria del gran poeta Marcial, y la potente tradición mudéjar. La localidad zaragozana aparece en el paisaje con el ímpetu de una urbe monumental que manifiesta la fusión de varios estilos.

La superposición de las culturas romana, musulmana y mudéjar que pasaron y dejaron su huella por estos lares confieren a Calatayud, cuyo nombre deriva del caudillo árabe que gobernó esta plaza fortificada, un aspecto único y original en todo el país.

Panorámica de la ciudad de Calatayud./luidger

En el siglo XV se produjeron en la localidad sendos acontecimientos de importancia: la coronación de Fernando II como rey de Aragón en 1461, y la firma, en 1481, de la Carta de Calatayud entre los Reyes Católicos y Fernando de Guanarteme, por la que los reinos canarios se incorporaban a la Corona de Castilla.

La antigua Bilbilis ocupa un cerro que domina el río Jalón. Alcanzó su máximo esplendor en el siglo I de nuestra era. Tuvo foro, teatro, villas, termas, viviendas y recinto amurallado. La visita hay que comenzarla con la subida al conjunto fortificado islámico, del siglo IX, que lo convierte en el más antiguo de su clase en la península.

Colegiata del Santo Sepulcro./Ecelan

Su soberbia colegiata de Santa María (siglos XIV-XVI) abruma al viajero. Llama la atención la torre octogonal embellecida con motivos geométricos de ladrillo. Es una torre conversa que no disimula su antigua condición de alminar. La portada renacentista está elaborada con alabastro.

Otra hermosa torre mudéjar y octogonal es la de San Andrés (siglos XV-XVI), encaje de vanos apuntados, celosías, rombos, cruces y esquinillas, que preside el perfil de la ciudad. El paseo puede proseguir por el santuario de Nuestra Señora de la Peña (siglo XIV) y la colegiata del Santo Sepulcro (siglo XIV), gótico-mudéjar.

Iglesia de San Andrés./zarateman

El patrimonio militar de la urbe maña junta tantos castillos en tan poco espacio que llega a pecar de reiterativo. Destacan el castillo Mayor, la torre Mocha y la puerta de Terrer, con su fuente de los Ocho Caños. El patrimonio civil va igualmente sobrado de palacios y casas solariegas, de entre las que sobresale el Ayuntamiento.

Puerta de Terrer./luidger

Como curiosidad, tampoco debe faltar la visita al mesón de La Dolores, que debe su nombre a la leyenda que se popularizó por toda España gracias a la música, la pintura, la novela, la poesía e incluso el cine. Fue la historia de una moza honesta y generosa que se ganaba la vida en un mesón de Calatayud y de la que varios personajes quedaron perdidamente enamorados.

Interesante vídeo que muestra la recreación virtual de la Calatayud romana:

Albarracín (Teruel)

Considerado uno de los pueblos más bellos de toda la geografía española, Albarracín, en la provincia de Teruel, sumerge al viajero que la visita en un entramado medieval de bella factura y en un conjunto urbano declarado Monumento Nacional, rodeado por el río Guadalaviar y capital de la sierra a la que da nombre dentro del Sistema Ibérico.

Celtas, romanos y árabes han ocupado estas tierras. Con la invasión musulmana llegó aquí un grupo berberisco de la tribu de los Ibn-Racin, que le dio su nombre de villa. La disgregación del califato de Córdoba del que dependía produjo su independencia como reino taifa musulmán.

Amparado inicialmente a la sombra del castillo, que se alza sobre un peñasco, Albarracín ya contaba desde el siglo X con una muralla que lo encerraba y separaba del entorno. Hoy sobreviven algunos restos.

Tras el fracaso de conquista por parte de Jaime I en 1220, es Pedro III de Aragón quien la incorpora a la Corona de Aragón en 1300. Fruto de su lustroso pasado, la hermosa localidad aragonesa tiene abundantes monumentos diseminados por todo su casco histórico, que está emplazado sobre las faldas de una montaña.

Entre ellos sobresalen la Iglesia de Santa María, la Catedral (siglo XVI), el Palacio Episcopal, algunas mansiones señoriales como la de los Monterde y una peculiar arquitectura popular donde destacan la casa de la Julianeta, la casa de la calle Azagra, la plaza de la Comunidad y la pequeña y evocadora Plaza Mayor.

Pero el encanto de Albarracín está sobre todo en el trazado de sus calles adaptadas a la difícil topografía del terreno, con escalinatas y pasadizos y en el conjunto de su caserío de muros irregulares, de color rojizo, con entramado de madera, en difícil equilibrio, con aleros que se tocan.

No puedo dejar escapar la ocasión de mostraros un nuevo vídeo que resume algunos de los encantos de este bello pueblo con historia que es Albarracín: