Montesa (Valencia)

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Montesa, municipio emplazado a unos 60 kilómetros de la capital de Valencia, tiene un notable castillo del siglo XIV que el viajero debería visitar siquiera porque dio nombre a una de las órdenes militares españolas que heredaron miembros y las posesiones de los templarios tras su disolución por parte del Papa Clemente V en 1317. Por de pronto le apetece al viajero llevar a cabo una escapada de fin de semana en la provincia de Valencia, en este pequeño reducto de poso histórico. Sigue leyendo

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El Tolmo de Minateda (Albacete)

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A escasos nueve kilómetros de Hellín, el viajero puede descubrir en su camino el Tolmo de Minateda, un parque arqueológico ocupado desde la Edad del Bronce (1500 a.C.), donde aparecen murallas, poblados y necrópolis que abarcan desde la Prehistoria a la época islámica. Y es que este pequeño promontorio alberga los restos de Eiotana o Elotana, una de las principales poblaciones del Reino de Teodomiro, construida hacia el año 600 de nuestra era. Fue también sede episcopal visigoda hasta que Abderramán III ordenó su destrucción, en el siglo IX. Desde entonces el lugar se conoció como Madīnat Iyyuh, nombre del que procede la Minateda actual. Sin duda, uno de los lugares con historia de España. Sigue leyendo

Alcalá del Río (Sevilla)

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El nombre que gozó durante la ocupación romana da fe del estatus que llegó alcanzar. Y es que, en sus inmediaciones tuvo lugar la trascendental batalla de Ilipa en el año 206 a.C., donde la victoria romana frente a Cartago permitió a los primeros asentarse en la península ibérica y dar paso a siglos de colonización sobre la que denominaron Tierra de conejos. Ilipa Magna fue una importante ciudad romana sobre cuyos restos se sitúa la localidad Alcalá del Río, localizada al norte de la capital sevillana y a la derecha del río Guadalquivir. De los mayores lugares con historia, aunque no tan turísticos, que todavía quedan por Andalucía. Sigue leyendo

Siurana (Tarragona)

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Siurana es única en belleza. Pocos lo pueden dudar. Una treintena de venerables casas de piedra en la cima de un alcor, a las que se accede por un desfiladero vigilado por las ruinas de un castillo árabe, los pies en el torrente del Estopiñá y la mirada perdida en los paisajes del valle del río Siurana. A ellos el viajero debe sumar la peña de la Siuranella, el Salto de la Reina Mora o la Trona, y los acantilados de Arbolí, tan conocidos por los escaladores. En cambio, se ven menos visitantes horizontales, pese a ser uno de los lugares turísticos de Cataluña. ¿Cabe una estampa más romántica? Sigue leyendo

Porcuna (Jaén)

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Su relevancia histórica es de por sí más que notable. Alcanza el sobresaliente. Sobre todo desde el punto de vista político y militar. Porcuna sirvió de cuartel general del ejército de Julio César en la batalla de Munda contra Pompeyo (46 a.C.) Siglos después el municipio fue cercado e incendiado en la toma de Jaén por parte de la Orden de Calatrava. En la decisiva batalla de Bailén del siglo XIX contra los franceses, Porcuna fue base del ejército patrio del general Castaños. Y durante la Guerra Civil resultó bombardeada por ambos bandos. Sin contar otro notable vecino histórico, Boabdil, el último rey de Granada, que permaneció preso aquí. Uno de los lugares con más historia de Andalucía. Sigue leyendo

Chipiona (Cádiz)

Por las excelentes playas de Rota, el viajero llega hasta Chipiona, tierra de moscatel y de litorales yodados. Fenicios, griegos, cartagineses y romanos ya bordearon las costas gaditanas para aprovechar la zona de la desembocadura del Guadalquivir en sus aventuras y trasiegos comerciales. Sobre todo, el paso de los romanos ha dejado imborrables huellas del pasado con restos arqueológicos que se concentran, su mayoría, en la zona de las Canteras y los pagos de El Olivar, El Paraqué, Montijo y La Loma Alta. Un lugar con mucha historia.

Precisamente, de origen romano es el hermoso faro del siglo XIX de Chipiona, levantado, según la tradición, sobre los restos de aquel otro faro romano, edificado en el año 140 bajo las órdenes del cónsul Quinto Servilius Caepion, al que se llamó Turris Caepitonis, de donde vendría el nombre de la ciudad. Tiene 72 metros de altura.

Es este el faro más alto de España, celoso guardián del Guadalquivir. 2017 será el año grande del faro chipionero, y quienes deseen conocerlo más a fondo lo podrán hacer gracias a una visita guiada. Por algo es uno de los principales iconos turísticos de la provincia gaditana. Aunque no el único. Eso sí, el viajero tendrá que subir sus 322 escalones, pero merecerá la pena para disfrutar de una de las vistas más inigualables del Atlántico.

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El Faro de Chipiona es el más alto de España./Antonio M. Romero Dorado

Desde tamaña altura, el viajero tendrá la oportunidad de divisar la vecina provincia de Huelva, Doñana, la bahía de Cádiz, Sanlúcar de Barrameda y la propia Chipiona con su Monasterio de Regla, sus corrales de pesca o las playas de Costa Ballena. Y también podrá contemplar el pecio del buque Weisshorn, que encalló en 1994 durare un fuerte temporal. También de origen romano, el único en funcionamiento del mundo, es otra joya de la que el viajero puede gozar en la península ibérica: la Torre de Hércules, en La Coruña.

En 1964 el Gobierno de Estados Unidos decidió financiar la instalación de cristales en la cúpula del faro para aumentar su potencia y que sirviera de referencia a los barcos y aviones de la vecina base de Rota. En realidad se trata de un faro aeromarítimo cuyo haz de luz alcanza la misma distancia en horizontal y vertical.

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Iglesia de la O de Chipiona./Antonio M. Romero Dorado

Tras el declive de Chipiona con la llegada de los godos en el siglo V y su posterior ostracismo bajo el casi dominio árabe de la península, en el siglo XIII la ciudad fue conquistada por Fernando III El Santo. Aunque fue reconquistada en 1264 por su hijo Alfonso X el Sabio. A finales de siglo, el rey Fernando IV concedió a Guzmán el Bueno, fundador de la Casa de Medina Sidonia, el Señorío de Sanlúcar, del que formaba parte Chipiona.

Con la conquista de América, Chipiona se convirtió en un importante enclave comercial al beneficiarse de su situación geográfica en el Guadalquivir y su dependencia de Sevilla, ciudad que tenía el monopolio del traro con las Indias. En 1702, dentro del contexto de la Guerra de Sucesión, se produjo aquí el desembarco de la flota Anglo-Holandesa, partidaria de los Austrias en su conflicto con los Borbones. Poco más de medio siglo después, Chipiona padeció las inclemencias del maremoto que produjo el terremoto de Lisboa. Cuatro personas murieron y las calles y playas quedaron inundadas.

Tanta historia a sus espaldas permite al viajero una respiración profunda antes de adentrarse en los vestigios patrimoniales de Chipiona. Paseando por el centro de la localidad andaluza se llega al santuario de Nuestra Señora de Regla, en la que se venera la imagen que según la tradición trajo San Agustín cuando huía con sus discípulos de Hipona.

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Castillo de Chipiona./Antonio M. Romero Dorado

De sus monumentos destacan, además, la iglesia de Nuestra Señora de la O o el monumento a la Cruz del Mar, justo el lugar donde el Cristo de la Misericordia detuvo las aguas que iban a invadir la población. Chipiona también alcanza gran parte de su prestigio por haberse convertido en lugar de veraneo por, entre otras excelencias, contar con excelentes playas. Los Duques de Montpensier hicieron de este municipio un lugar de veraneo y balneario para la aristocracia ya en el siglo XIX.

Después de todos estos argumentos, el viajero caerá en la cuenta de que Chipiona merece, al menos, una escapada de fin de semana. Quizá las playas de Bolonia o Caños de Meca se hayan convertido en dos de los lugares más turísticos de la provincia de Cádiz, pero el aficionado a la historia encuentra aquí otros destinos de sumo interés, como San Fernando y su relación con las Cortes de Cádiz o las magníficas ruinas del Templo de Hércules y el paso de personajes celebérrimos como Aníbal o Julio César. Lugares con historia no tan turísticos ni masificados por las muchedumbres.

Dónde dormir: Hotel Gran Capitán; Fray Baldomero González, 3; 11550 Chipiona (Cádiz); info@hostalgrancapitan.com; teléfono: 956370929.

Dónde comer: Restaurante Casa Juan; Av de Andalucía, 3; Chipiona (Cádiz); teléfono: 956370306.

Plano Chipiona

Pollentia (Mallorca)

La ciudad romana de Pollentia, denominada en mallorquín Pol.lèntia, está situada al noroeste de la isla de Mallorca, en el municipio de Alcúdia. Se trata de una de las dos ciudades, la otra fue la actual Palma, fundadas por el cónsul Quintus Caecilius Metellus, jefe de la expedición romana que dominó la isla en el año 123 a.C (época republicana) Pollentia es una de las urbes más antiguas y con más pasado del Mediterráneo. Un lugar con historia, sin discusión.

Pollentia, que conoció su momento de apogeo entre los siglos I y II de nuestra era, sobre todo bajo el mandato del primer emperador de Roma, Octavio Augusto, ocupaba entre 16 y 18 hectáreas y contaba con un foro, un puerto y numerosas viviendas. La parte abierta al público está en la zona de Sa Portella, la antigua parte residencial, y comprende un pequeño fragmento de muralla, una zona de talleres y tres mansiones, así como una calle porticada. Como se le suponía a la capital romana de las Baleares.

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Ruinas de la ciudad romana de Pollentia./Olaf Tausch

Además de las tres casas que se pueden visitar (Casa dels Dos Tresors, Casa del Cap de Bronze y Casa Nord-oest), destaca el único fragmento de la muralla romana que se conserva en Pollentia y que data del siglo III. Ahora bien, el elemento más representativo de todo el conjunto es el teatro romano, que fue construido a finales del siglo I y poseía una capacidad para 2.000 personas.

El teatro se encuentra ubicado a las afueras de la ciudad en dirección sur, cerca del sitio donde con toda probabilidad había de localizarse el puerto en época romana. En un principio, fue considerado un teatro griego; sin embargo, excavaciones realizadas en 1995 llevaron a establecer su dotación definitiva.

Esta infraestructura, horadada en la roca aprovechando el desnivel natural del terreno, conserva buena parte de su estructura original, formada por la cávea, la orchestra y la scena. Para ver y disfrutar de los fabulosos restos romanos hallados en el yacimiento, el viajero debe visitar el Museo monográfico de Pollentia, que se encuentra junto a la iglesia de Sant Jaume. En esta galería sobresalen tres esculturas de mármol halladas en el foro, así como una cabeza de bronce femenino.

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Los restos romanos de Pollentia son abundantes./Frank Vincentz

Al foro de Pollentia se accede desde el interior del área de Sa Portella, un espacio abierto que se constituía como el centro cívico, religioso y comercial de la ciudad. El viajero aficionado a la historia puede aquí vislumbrar los restos del templo Capitolino, dedicado a las deidades de Júpiter, Juno y Minerva. En la zona este del templo capitolino se encuentran dos templetes menores y una zona de tabernas que conformaban la parte comercial del foro.

Antes de la dominación romana, Pollentia fue asimismo un importante puerto marítimo fenicio, cartaginés y griego. Luego, musulmán de la antigua Corona de Aragón. A partir del siglo IV, la villa romana inició su decadencia; sobre todo tras las invasiones de vándalos y bizantinos. Se convirtió en una necrópolis.

Cerca de las ruinas, el oratorio de Santa Anna fue construido a finales del siglo XIII con sillares romanos. Pese a su pequeñez, se utilizó en diferentes ocasiones como hospital. Se trata de una de las primeras muestras de la colonización catalano-aragonesa en Mallorca. Si el viajero opta por desplazarse hasta Mallorca, Pollentia es uno de los lugares no turísticos de la isla, alejado del sol, la playa y los guiris tan habituales en las Baleares.

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Los restos de un foro, casas y un teatro son visitables en Pollentia./Olaf Tausch

De la propia Alcúdia en Mallorca, el viajero puede visitar dos puertas originales de la antigua muralla del siglo XIV: la de Xara y la de Sant Sebastià. La villa jugó un papel muy destacado durante la rebelión de las Germaníes de 1521, cuando aquí resistieron las tropas leales a Carlos I. La localidad tiene un bello centro histórico que invita a pasear entre sus casas señoriales. Uno de los lugares para visitar obligados.

El viajero no debe confundir la ciudad romana de Pollentia con Pollensa, el municipio más septentrional de la isla de Mallorca. Esta última ciudad también cuenta con una historia relevante y merecedora de recuerdo, aunque más contemporánea y actual, ya que aquí descansó Winston Churchill, se inspiró en ella Agatha Christie y pasaba los veranos Peter Ustinov, entre otros artistas de renombre.

El influjo del paso de la civilización romana bajo lo que fue su dominio de la provincia de Hispania ha dejado auténticas maravillas en forma de villas, yacimientos, ruinas o monumentos. Junto a Pollentia, otras urbes romanas que aún perduran en nuestra memoria y son visitables son Baelo Claudia, Itálica o Ampúrias. Lugares de excepcional belleza son también La Olmeda, Segóbriga o Carranque.

 

Dónde dormir: Casa Rural Sant Jaume; Calle Sant Jaume 6; 07400  Alcúdia (Mallorca); agroturismo@mallorcanet.com; teléfono: 971721508.

Dónde comer: Restaurante Sa Caseta; Carrer d’Albellons, 8; Alcúdia (Mallorca); teléfono: 971545718.

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Guadamur (Toledo)

Al sudoeste de Toledo, a través de la carretera C-401, el viajero llega a Guadamur, situado en una cañada, en unos terrenos regados por el río Tajo, cuyos orígenes se remontan a la época árabe como señala su nombre, que significa ‘río de paso’. En el siglo XVI, este pueblo de Castilla la Mancha alcanzó gran importancia económica y cultural debido a su proximidad con la hermosa y monumental Toledo.

Poblada por la tribu celtíbera de los carpetanos, Guadamur tuvo un pasado de dominación romana como atestiguan los restos arqueológicos hallados en la zona y el paso de una calzada de camino a Toledo. Pero Guadamur debe el realce de su pasado al hallazgo en la zona del tesoro de los visigodos, pueblo germánico que conquistó Hispania en el siglo V y dominó la península hasta la llegada de los árabes en el siglo VIII.

Fortaleza de Guadamur

Castillo de Guadamur./Luis Miguel Soto López

En los alrededores de Guadamur, a un kilómetro aproximadamente, se localiza el lugar denominado Guarrazar, donde se descubrió el famoso tesoro de Guarrazar en el siglo XIX, compuesto por varias coronas que pertenecieron a los reyes visigodos Suintila y Recesvinto (siglo VII) Se trata del exponente máximo de la orfebrería visigoda en nuestro país. En la actualidad, la mayoría de piezas se encuentran depositadas en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

El tesoro forma un conjunto que constaba de seis coronas, cinco cruces, un colgante y restos de láminas y cadenas de oro (las que se conservan en el MAN), una corona y una cruz de oro más una gema grabada con la Anunciación, que se conservan en el Palacio Real de la capital de España; tres coronas, dos cruces, eslabones y colgantes expuestos en el Museo Nacional de la Edad Media (en París); así como una corona y una macolla con una bola de cristal de roca que fueron robadas y aún no han aparecido.

Algunas teorías históricas afirman que Guarrazar era un monasterio que sirvió de escondite a una parte del tesoro real de la corte, iglesias y monasterios toledanos (donde se estableció la capital de los visigodos) para evitar su captura por los musulmanes, que invadieron la península y pusieron fin al reinado de los visigodos en el año 711.

Tesoro de Guarrazar (Guadamur)

Corona de Recesvinto hallada en Guarrazar./Luis García

Tras empaparse de esta fascinante historia, le llega el turno al viajero para que trate de conocer en profundidad otros rincones de Guadamur. El castillo (siglo XV), construido por el primer conde de Fuensalida, don Pedro López de Ayala, se emplaza sobre el cerro de la Natividad, una pequeña elevación que domina el territorio circundante. Destruido durante la Guerra de la Independencia y durante las guerras carlistas, a finales del siglo XIX sus propietarios decidieron reconstruirlo.

De planta cuadrangular, con baluartes y defensas en las esquinas y cortinas, la fortaleza conserva una bella torre del homenaje de base cuadrada. En la decoración de los muros, muy sobria, destaca el escudo de los López de Ayala. En este castillo se hospedaron personajes de la talla de Felipe el Hermoso, Juana la Loca, el Cardenal Cisneros o Carlos I.

Cerca del castillo se encuentra la ermita de la Natividad, del siglo XV, con ábside mudéjar y arco de herrería. La iglesia parroquial de Santa María Magdalena (siglo XVI) conserva escasos elementos de su primitiva fábrica debido a las reformas de los siglos XIX y XX. En el interior destacan sus tres naves separadas por arcos de herradura.

Picota de Guadamur

El rollo de Guadamur./Luis Miguel Soto López

La iglesia se ubica en la Plaza de Recesvinto, donde el viajero también podrá contemplar la Picota o Rollo de Justicia. Más interesante resulta la visita a la ermita de San Antón, del siglo XVI, donde se ha instalado un pequeño Museo de Artes y Costumbres Populares con objetos de uso cotidiano de los montes de Toledo.

Si el viajero que anda de turismo por Toledo se muestra interesado por conocer la historia de la mayor reliquia que los visigodos dejaron como legado en nuestro territorio, debe acercase hasta Guadamur y empaparse de su pasado. Los amantes de la historia lo agradecerán.

Guadamur se presenta como un destino ideal para una escapada de fin de semana. Ya no hay excusa para visitar la localidad. Bueno sí, seguir con la huella visigoda en nuestro país dando el salto a Recópolis, en Zorita de los Canes (Guadalajara), el yacimiento de la única ciudad visigoda conocida en Europa.

Dónde dormir: La Hospedería de Guadamur; Costanilla de la Natividad, 3; Guadamur (Toledo); teléfonos: 647787741 y 666407130.

Dónde comer: Restaurante El Rincón de Flores; Plaza de Recesvinto, 4; Guadamur (Toledo); teléfono: 925291418.

Mapa de Guadamur

Las Hurdes (Cáceres)

Hace un siglo escaso la comarca extremeña de las Hurdes era una tierra maldita, un mundo aislado al que solo llevaban caminos de cabras, la comarca más atrasada de Europa, con unos índices aterradores de enfermedades endémicas. Hoy los hurdanos viven con desahogo y han convertido los montes que antes los aislaban en un reclamo turístico con el ingenio de su trabajo. Su historia tiene peso, cuanto menos.

A las Hurdes las puso en primer plano, si usamos una jerga cinéfila, Luis Buñuel con su documental filmado en 1933, Las Hurdes, tierra sin pan. Mucho antes, en un arco temporal comprendido entre el 4.000 a.C. y la época romana, los petroglifos aparecen por toda la comarca. La romanización la incluye dentro de la región de la Lusitania. Con la invasión árabe, Las Hurdes se vieron despobladas. Su abandono continuaría hasta bien entrado el siglo XX, cuando Unamuno o Gregorio Marañón denunciaron las condiciones sanitarias de sus habitantes. Alfonso XIII se vio obligado a visitar la zona en 1922.

El primer pueblo que se topa el viajero si baja del puerto es la aldea de Las Mestas, lar del tío Cirilo, el inventor del ciripolen, una especie de viagra rústico, un chute energético a base de polen y miel. En el lugar sobresale el convento de las Batuecas, que data del siglo XVI, así como la alquería de Riomalo de Abajo. Primera parada.

vista general de la localidad de Las Mestas

La población de Las Mestas./hospederiasdeextremadura.com

Llegando a las Vegas de Coria, pasadas las aguas frías del río Hurdano que van camino del embalse de Gabriel y Galán, hay un olivar con un burro melancólico. Más abajo, si el viajero deja a la derecha la desviación de Cambrón y a la izquierda la de Cambroncino, el paisaje se espesa en pinar, pero encuentra de vez en cuando pañuelos de terreno roturado en los que quieren crecer, con más entusiasmo que medios, unas filas de olivos y un pueblo llamado Caminomorisco por los moros que pasaban camino del destierro en Portugal.

En el vecino pueblo de Casar de Palomero, entre olivos viejos, hay tres barrios, como en la Edad Media: los Barreros, que es judío; el Hanete, árabe; y el de la Ermita del Cordero, cristiano. En el santuario de la Cruz Bendita (siglo XVII) se conserva una reliquia de la Santa Cruz apedreada por los judíos en el siglo XV. Cruzando el río Árrago, el camino prosigue hasta Gata por un valle verde y olivarero.

Gata tiene una iglesia de San Pedro, cerca de la fuente del Chorro; con su escudo de granito de los Reyes Católicos, y calles empedradas y estrechas; de casas antiguas, con balcones y aleros de madera, ristras de pimientos en las ventanas, un poco inclinadas por arriba, como si quisieran darse la mano.

Paisaje verde en las Hurdes.

Parajes de indudable belleza se suceden por toda la comarca extremeña./luis casero

El centro rural más importante de la zona oriental de las Hurdes es Nuñomoral, en pleno corazón del macizo montañoso, del que dependen once alquerías. Una de las más bellas y mejor conservadas es la llamada Casares de las Hurdes, con sus casas de mampostería y pizarra: otras son Casa Rubia, Huetre, Robledo, Heras y Carabusino. Desde la alquería de El Gasco se llega al chorro de la Miacera, la cascada más grande las Hurdes, cuyo volcán del Gasco fue empleado por los romanos para construir hornos.

Para los amantes de la arqueología y el misterio en estos parajes abundan los petroglifos con símbolos mágico-religiosos, como en la Peña Rayá, la Sepultura de la Mora, Carrascales y Fuente del Risco, que inspiran leyendas sobre seres extraños, tesoros escondidos y minas de plata custodiadas por moros encantados. En las cuevas del Teso del Espinar, de Juntanos, de la Mora y de la Seta se han descubierto numerosas ‘piedras de rayo’, es decir, hachas neolíticas que el vulgo atribuye a la caída de un rayo.

Cerca de Casares, el viajero atraído por las excursiones a pie puede alcanzar los picos de Rayado y Bodoya, así como el nacimiento del río Hurdano. También exuberante de naturaleza se hallan los alrededores de Pinofranqueado, uno de los principales pueblos de Las Hurdes. Los orígenes de esta población son antiquísimos, como demuestran los petroglifos de la Edad del Bronce descubiertos en La Zambrana. Cerca de la plaza Mayor se localizan los restos del convento de los Ángeles (siglo XIII), construido por Francisco de Asís y residencia de San Pedro de Alcántara como padre guardián.

En las Hurdes también se forman meandros de indudable belleza

Meandro Melero en la zona de Riomalo./hospederiasdeextremadura

En los alrededores de Pinofranqueado, el viajero puede disfrutar de varias visitas a las diferentes once alquerías que lo conforman: en el paraje del Tesito de los Cuchillos se conserva un petroglifo de la Edad del Bronce; Erías ocupa el emplazamiento de un antiguo castro; mientras, en las inmediaciones de Horcajo se halla la cueva de Riscoventana, que ha dado objetos prehistóricos.

A la ruta que comprende el recorrido por las comarcas serranas de Gata y, sobre todo, las Hurdes, conviene dedicarle, cuanto menos, una escapada de fin de semana. No lejos del lugar, en la misma provincia, el viajero puede disfrutar de las también históricas ciudades de Trujillo, Guadalupe, Yuste, Jarandilla de la Vera o Hervás. Viajar por España nos descubre estos maravillosos lugares con encanto que no tiene precio.

Dónde dormir: Casa rural Luna Mengüante; Calle Congosto 14; 10867 Robledillo de Gata (Cáceres); teléfono: 927671048; luna-menguante2002@yahoo.es.

Dónde comer: Restaurante Alfonso XIII; C/Factoría, s/n; Las Mestas (Cáceres); teléfono: 927434139; recepcion-hurdes@hospederiasdeextremadura.es

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Clavijo (La Rioja)

Asentado en en plena Tierra de Cameros riojana, en un terreno muy quebrado, rodeado de montañas con bosques de encinas y robles, emerge Clavijo, un lugar con mucha leyenda e historia. A escasos 16 kilómetros de Logroño, su fortaleza atalaya desde sus almenas los caminos que conectan Castilla, Navarra y Aragón, el desfiladero del río Leza y los valles de los ríos Iregua y Ebro.

Dentro de los límites del término municipal se asienta el monte Laturce, donde, supuestamente, se celebró en el siglo IX la célebre batalla de Clavijo, uno de los episodios más renombrados de la Reconquista y que cambió el curso de la historia patria. Sin embargo, esta batalla ha sido puesta en duda por expertos en la materia. Sea cierta o no, todo lo que allí pasó fue el principio del fin del poder musulmán sobre la Península.

Vista general de la localidad de Clavijo en La Rioja

El pequeño municipio de Clavijo./BigSus

Según cuenta la tradición, corría el año 814 cuando el emir de Córdoba, Abderramán, solicitó de Ramiro I, rey de Asturias, el ‘tributo de las cien doncellas’ que le había prometido Mauregato (muerto en el año 789), también rey de Asturias, hijo de Alfonso I el Mayor y de una esclava mora. El objetivo de esta demanda no era otro que intentar mantener la neutralidad entre ambas facciones.

El monarca se negó a pagar dicho tributo al emir. La respuesta árabe no se hizo esperar y las tropas sarracenas se entregaron al saqueo y la rapiña. Ramiro I se alzó en armas, como no podía ser menos, ante la afrenta. Cuando las tropas cristianas se enfrentaron al ejército musulmán, conocieron la derrota. Entonces los cristianos se hicieron fuertes en el monte Laturce, en el Collado de Clavijo.

Llegó la noche y con ella el descanso tras la contienda. Ramiro I se retiró a dormir a su tienda de campaña y soñó que se le aparecía el apóstol Santiago y le aconsejaba emprender de nuevo la batalla al día siguiente. Así lo hizo y, ante su sorpresa cuando los cristianos perdían terreno, emergió de la nada el apóstol montado en un caballo blanco y blandiendo una bandera inmaculada del mismo color y una espada.

Vista frontal iglesia de la asunción de Clavijo

Iglesia parroquial de la Asunción./BigSus

Santiago tomó parte por la causa de Ramiro y causó muchas bajas en el enemigo árabe. Según la leyenda, 70.000 moros quedaron tendidos en el campo de batalla y la tierra se tiñó de rojo durante decenios. De ahí el mito que ha trascendido hasta nuestros días: Santiago Matamoros. Pero posiblemente fue una cruenta batalla librada en Albelda, cerca de Clavijo, entre Ordoño I, rey de Asturias, y Musa II, gobernador de Zaragoza, la que dio origen a la leyenda y a la confusión histórica.

La importancia histórica que atribuye la leyenda a Clavijo no conserva muchas semejanzas con el interés monumental que despierta la población. Su casco viejo, encaramado sobre una elevada colina que domina los montes cercanos, presenta un aspecto un poco descuidado. El viajero que lo desee, puede visitar una ermita barroca que conmemora los hechos de la dudosa batalla de Clavijo, así como la iglesia parroquial (siglo XVI), que tiene una bella bóveda de crucería estrellada y un retablo barroco.

Fortaleza de Clavijo en La Rioja

Castillo de Clavijo.

Pero sin duda, el principal reclamo patrimonial e histórico de Clavijo es su castillo (siglo X), del que permanecen ruinas y conserva parte de sus muros con revellines y restos de la torre del Homenaje. Es románico de origen aunque sufrió una completa remodelación en el siglo XIV. Se accede por un arco de herradura califal de reciente factura.

Aunque la historia que le acompaña sea más bien una leyenda que un suceso verídico, al viajero le merece la pena acercarse hasta el castillo para explorar sus ruinas, como así lo hacen algunos de los protagonistas de El escalón 33, una estupenda novela histórica de Luis Zueco, cuya gran parte de la acción discurre por algunos de los mejores castillos que se conservan a lo largo y ancho de nuestra geografía, como el de Calatrava la Nueva o Peñíscola. Altamente recomendable para amantes de la historia y las fortalezas.

Dónde dormir: Casa Tila; C/ Don Marcial 8; 26130 Clavijo (La Rioja); teléfono: 941436796; cruz@casatila.com.

Dónde comer: Centro Social; Plaza Hipólito Ascacíbar; Clavijo (La Rioja); teléfono: 638057354.

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