Los puertos templarios (Cataluña, Comunidad Valenciana, Baleares, Andalucía, Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco)

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Fueron considerados como los primeros banqueros de la historia por las ingentes encomiendas y posesiones que amasaron. Combatieron en las Cruzadas contra los ‘infieles’ musulmanes durante la Edad Media. También se les atribuye la custodia de reliquias cristianas como la Sábana Santa o el Grial. ¿Realidad o mito? Lo cierto es que los caballeros templarios, que también fueron monjes, tomaron parte en los conflictos bélicos más importantes de su época. Su historia es apasionante y en la península ibérica su participación resultó decisiva, por ejemplo, durante la Reconquista cristiana para frenar el avance moro. Sigue leyendo

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Deià (Mallorca)

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Al final de un tortuoso torrente cerca de Valldemossa y Sóller emerge Deià, con sus casetas de barcas y sus peculiares orillas, que le hacen seguir pareciendo un rincón de la antigüedad clásica. Aparece como un pueblo de piedra que se agrupa en una pequeña colina. Parece un pesebre o un cuadro. A su apariencia de postal le acompaña un pasado de interés para el viajero. Habitada desde la Prehistoria, fueron los árabes quienes, durante la Edad Media, bautizaron a la localidad mallorquina con el nombre de Ad daia e introdujeron los cultivos en terrazas para salvar los desniveles del terreno. Sigue leyendo

Pollentia (Mallorca)

La ciudad romana de Pollentia, denominada en mallorquín Pol.lèntia, está situada al noroeste de la isla de Mallorca, en el municipio de Alcúdia. Se trata de una de las dos ciudades, la otra fue la actual Palma, fundadas por el cónsul Quintus Caecilius Metellus, jefe de la expedición romana que dominó la isla en el año 123 a.C (época republicana) Pollentia es una de las urbes más antiguas y con más pasado del Mediterráneo. Un lugar con historia, sin discusión.

Pollentia, que conoció su momento de apogeo entre los siglos I y II de nuestra era, sobre todo bajo el mandato del primer emperador de Roma, Octavio Augusto, ocupaba entre 16 y 18 hectáreas y contaba con un foro, un puerto y numerosas viviendas. La parte abierta al público está en la zona de Sa Portella, la antigua parte residencial, y comprende un pequeño fragmento de muralla, una zona de talleres y tres mansiones, así como una calle porticada. Como se le suponía a la capital romana de las Baleares.

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Ruinas de la ciudad romana de Pollentia./Olaf Tausch

Además de las tres casas que se pueden visitar (Casa dels Dos Tresors, Casa del Cap de Bronze y Casa Nord-oest), destaca el único fragmento de la muralla romana que se conserva en Pollentia y que data del siglo III. Ahora bien, el elemento más representativo de todo el conjunto es el teatro romano, que fue construido a finales del siglo I y poseía una capacidad para 2.000 personas.

El teatro se encuentra ubicado a las afueras de la ciudad en dirección sur, cerca del sitio donde con toda probabilidad había de localizarse el puerto en época romana. En un principio, fue considerado un teatro griego; sin embargo, excavaciones realizadas en 1995 llevaron a establecer su dotación definitiva.

Esta infraestructura, horadada en la roca aprovechando el desnivel natural del terreno, conserva buena parte de su estructura original, formada por la cávea, la orchestra y la scena. Para ver y disfrutar de los fabulosos restos romanos hallados en el yacimiento, el viajero debe visitar el Museo monográfico de Pollentia, que se encuentra junto a la iglesia de Sant Jaume. En esta galería sobresalen tres esculturas de mármol halladas en el foro, así como una cabeza de bronce femenino.

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Los restos romanos de Pollentia son abundantes./Frank Vincentz

Al foro de Pollentia se accede desde el interior del área de Sa Portella, un espacio abierto que se constituía como el centro cívico, religioso y comercial de la ciudad. El viajero aficionado a la historia puede aquí vislumbrar los restos del templo Capitolino, dedicado a las deidades de Júpiter, Juno y Minerva. En la zona este del templo capitolino se encuentran dos templetes menores y una zona de tabernas que conformaban la parte comercial del foro.

Antes de la dominación romana, Pollentia fue asimismo un importante puerto marítimo fenicio, cartaginés y griego. Luego, musulmán de la antigua Corona de Aragón. A partir del siglo IV, la villa romana inició su decadencia; sobre todo tras las invasiones de vándalos y bizantinos. Se convirtió en una necrópolis.

Cerca de las ruinas, el oratorio de Santa Anna fue construido a finales del siglo XIII con sillares romanos. Pese a su pequeñez, se utilizó en diferentes ocasiones como hospital. Se trata de una de las primeras muestras de la colonización catalano-aragonesa en Mallorca. Si el viajero opta por desplazarse hasta Mallorca, Pollentia es uno de los lugares no turísticos de la isla, alejado del sol, la playa y los guiris tan habituales en las Baleares.

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Los restos de un foro, casas y un teatro son visitables en Pollentia./Olaf Tausch

De la propia Alcúdia en Mallorca, el viajero puede visitar dos puertas originales de la antigua muralla del siglo XIV: la de Xara y la de Sant Sebastià. La villa jugó un papel muy destacado durante la rebelión de las Germaníes de 1521, cuando aquí resistieron las tropas leales a Carlos I. La localidad tiene un bello centro histórico que invita a pasear entre sus casas señoriales. Uno de los lugares para visitar obligados.

El viajero no debe confundir la ciudad romana de Pollentia con Pollensa, el municipio más septentrional de la isla de Mallorca. Esta última ciudad también cuenta con una historia relevante y merecedora de recuerdo, aunque más contemporánea y actual, ya que aquí descansó Winston Churchill, se inspiró en ella Agatha Christie y pasaba los veranos Peter Ustinov, entre otros artistas de renombre.

El influjo del paso de la civilización romana bajo lo que fue su dominio de la provincia de Hispania ha dejado auténticas maravillas en forma de villas, yacimientos, ruinas o monumentos. Junto a Pollentia, otras urbes romanas que aún perduran en nuestra memoria y son visitables son Baelo Claudia, Itálica o Ampúrias. Lugares de excepcional belleza son también La Olmeda, Segóbriga o Carranque.

 

Dónde dormir: Casa Rural Sant Jaume; Calle Sant Jaume 6; 07400  Alcúdia (Mallorca); agroturismo@mallorcanet.com; teléfono: 971721508.

Dónde comer: Restaurante Sa Caseta; Carrer d’Albellons, 8; Alcúdia (Mallorca); teléfono: 971545718.

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Cabrera (Islas Baleares)

Cuenta la leyenda que uno de los grandes generales de la Antigüedad, el cartaginés Aníbal Barca nació en Sa Conillera, uno de los islotes que circundan Cabrera. Sea cierta o no, la verdad es que esta isla adusta, enfrentada a un canal de difícil navegación, llena de cuevas y quebradas se ha convertido a lo largo del tiempo en un lugar inhóspito y maldito, que contrasta, sin embargo, con la belleza de sus paisajes y la rica naturaleza.

Cabrera es uno de esos lugares marcados por el destino. Durante la Edad Media, fue refugio de piratas como el temido Barbarroja, que desde aquí vigilaba las costas mallorquinas. Esto hizo que la isla permaneciera mucho tiempo deshabitada, a pesar de que en época romana tuvo una cierta población y en los siglos paleocristianos incluso un monasterio.

Embarcadero en el puerto de la isla de Cabrera.

Puerto de Cabrera./Chixoy

Tras la batalla de Bailén en la Guerra de la Independencia contra los franceses, Cabrera albergó a unos 5.000 prisioneros entre los que también se contaban quince mujeres. Estos huéspedes permanecieron cinco años en la isla en tan penosas condiciones que la mitad de ellos murió de desnutrición y escorbuto, de disentería y sarna. Un solitario monumento recuerda a estos muertos.

Las penalidades de Cabrera no acabaron aquí, ya que durante la Primera Guerra Mundial el archipiélago fue expropiado por el Estado y convertido en territorio militar. Las islas sirvieron de marco para maniobras, hasta que a partir de los años setenta se sucedieron las campañas para convertir este rincón en un espacio protegido. La presencia militar desde 1916 evitó que en la zona se produjera una invasión turística, lo que ha permitido la conservación de este privilegiado ecosistema hasta hoy día.

Castillo medieval situado en la isla de Cabrera

Todavía se mantienen en pie los restos de un castillo medieval en la isla./xxx

El Parque Nacional Marítimo Terrestre del archipiélago de Cabrera, integrado por la isla de mismo nombre y 18 islotes, constituye una provechosa excursión también para los viajeros que se declaran amantes de la de la naturaleza debido a la belleza de sus fondos marinos y de su paisaje, así como por su riqueza vegetal y ornitológica.

El ecosistema de la isla comprende unas 500 especies vegetales y unas docenas de especies animales, sobre todo pequeños reptiles y aves. En sus inmediaciones no es raro ver delfines que juguetean con las lanchas. La isla tiene unos 16 kilómetros cuadrados de extensión y presenta una costa tortuosa en la que se suceden calas, cabos, playas arenosas y acantilados con cuevas. De entre ellas destaca Sa Cova Blava.

También resultan interesantes para ver los restos de una factoría de garum, las ruinas de un castillo medieval del siglo XIV destruido por los piratas y una desvencijada ermita. En el Celler, una antigua casona, funciona un interesante museo con todo tipo de testimonios sobre la historia y la naturaleza de Cabrera. Lo más espectacular que exhibe son las piezas arqueológicas halladas en la isla, como ánforas púnicas y romanas o cerámica árabe. Puig des Molins o Mahón dan también fe del importante pasado cartaginés que tuvieron las Baleares en el Mediterráneo.

Parte del embarcadero de la isla de Cabrera.

Cabrera está deshabitada en la actualidad./tripadvisor

En la actualidad la isla está deshabitada, pero conserva un embarcadero en el que amarran las golondrinas (lanchas) visitantes procedentes de la Colònia de Sant Jordi y Portopetro, al sur de Mallorca. Para navegar, fondear o bucear por la costa hay que solicitar autorización en las oficinas de Palma. En la parte de la isla que no puede visitarse sin permiso especial destacan la montaña del Picamosques, la más alta de Cabrera, la ensenada de la Olla, y la punta con el faro de punta Enciola.

El idílico y embriagador entorno natural de la isla de Cabrera es un destino idóneo para el viajero que busca nuevas sensaciones. Además, si hace un poco de memoria, se verá envuelto de un ambiente que aquí sí hizo historia y marcó el devenir del lugar. Abre bien los ojos y los oídos para disfrutar de esta maravilla natural, que puede transformarse también en una escapada romántica de fin de semana:

Dónde dormir: Aparthotel & Hotel Isla de Cabrera; C/ Roció s/n; 07638 Colonia Sant Jordi (Mallorca); teléfono: 971655000.

Dónde comer: Restaurante Casa Manolo; Carrera de Campos a Sa Colònia de Sant Jordi; Ses Salines (Islas Baleares); teléfono: 971649130.

Ruta fenicia y cartaginesa (Ibiza)

Cartago llegó a dominar el Mediterráneo antes de la eclosión de Roma. Y en manos de Aníbal y sus tropas casi acaba con la República en el siglo III antes de Cristo. De haber sido así, nuestra historia, tal y como la conocemos, no sería la misma. Desde luego. Lo que sí nos ha dejado el pasado es que los púnicos o cartagineses escogieron las Baleares como enclave estratégico en sus ambiciones territoriales. E Ibiza fue quizás, una de sus mayores bases de operaciones, aunque antes llegaron los fenicios.

Según señaló Diodoro de Sicilia (siglo I a.C.), en una de las islas Pitiusas existía una ciudad llamada Ebusus, “colonia de los cartagineses”. Según el historiador griego, ésta había sido fundada 160 años antes que Cartago y en ella habitaban, entre otros pueblos, los fenicios. Gracias a Diodoro pudo concretarse la fecha exacta de la fundación del núcleo más antiguo de Ibiza: el año 653 a.C.

Entrada a la necrópolis fenicia y cartaginesa de Puig des Molins en Ibiza.

Entrada a la necrópolis de Puig des Molins./TripAdvisor

La huella fenicia puede apreciarse todavía hoy en día en distintos enclaves de la ínsula, empezando por el que podría haber sido el primer asentamiento fenicio en la isla: Sa Caleta. Fundada con el nombre de Ebosim (topónimo latinizado como Ebusus), está rodeada por una pinada excepto por el lado que asoma al mar. Se trata de un posible poblado del siglo VIII a.C. de cuatro hectáreas que se extendía por la pequeña península.

El viajero debe visitar, asimismo, Puig de Vila (la actual Dalt Vila), donde nació a mediados del siglo VII la primera ciudad del archipiélago balear, y donde los cartagineses instalaron la primera base, desde la que dominaban el importante puerto.

Una de las entradas a la necrópolis fenicia y cartaginesa de Puig de Molins en la isla balear de Ibiza.

Necrópolis de Puig des Molins./TripAdvisor

Un tercer enclave relevante es el Puig des Molins, la mayor y mejor conservada necrópolis fenicia y cartaginesa del Mediterráneo occidental. Este cementerio ocupaba entre 6.000 y 10.000 metros cuadrados en época fenicia, para más tarde, ya en el período cartaginés, convertirse en una auténtica necrópolis que cedió paralela al desarrollo de la urbe.

Bajo el suelo de Puig de Molins se esconden unas 3.000 cámaras subterráneas o hipogeos, muchas de ellas cubiertas por la vegetación total o parcialmente. Aunque solo 340 son visibles desde el exterior. Por eso es preciso recorrer el yacimiento siguiendo el sendero señalizado. También de interés para el viajero resulta visitar, aquí, el Museo Monográfico de Puig des Molins, que se encuentra en la llamada Vía Romana, que sigue el antiguo camino hacia Figueretes. Sus fondos son de gran importancia.

Placa con esfinge hallada en el yacimiento fenicio y cartaginés de la necrópolis de Puig des Molins.

Placa con esfinge hallada en Puig des Molins./Luis García (Zaqarbal)

La necrópolis está declarada Bien de Interés Cultural y, junto con el recinto fortificado de Dalt Vila, el poblado fenicio de Sa Caleta y las praderas de posidonia del Parque Natural de ses Salines, ha sido considerada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Para más información, si el viajero quiere visitar Puig des Molins, puede llamar al teléfono 971301771.

Un estupendo complemento vacacional con el fin de conocer mejor la huella fenicia es visitar el Museo Arqueológico de Ibiza y Formentera, que está situado junto a la catedral. Sus vitrinas exhiben piezas halladas en Sa Caleta y Ebosim. Cuenta con una buena colección de objetos púnicos, entre ellos estaquillas de la diosa Tanit y el dios Baal.

Hipogeos en el yacimiento de Puig des Molins en Ibiza (Baleares)

Algunos de los hipogeos hallados en Puig des Molins./Nanosanchez

De una manera amena y didáctica, el viajero tiene a su disposición este vídeo que le puede aportar algo más de historia y conocimiento. Supone una oportunidad previa de conocer la necrópolis de Puig des Molins; antes de emprender rumbo a las Baleares y descubrirla de primera mano. Por fortuna, Ibiza no solo es fiesta y diversión nocturna:

Dónde dormir: Hotel Montesol; Passeig Vara de Rey, 2; Ibiza (Islas Baleares); teléfono: 971310161.

Dónde comer: La Brasa de Ibiza; Carrer de Pere Sala, 3; Ibiza (Islas Baleares); teléfono: 971301202.

La ruta de los Talayots (Menorca)

Gracias a la cultura talayótica (de talayote, monumento megalítico construido a base de bloques de roca, sin cemento ni argamasa, que recuerda a una torre), la isla de Menorca cuenta con un valioso patrimonio arqueológico muy bien conservado. Y existen varios itinerarios para conocerlo en los 700 kilómetros cuadrados que ocupa la isla balear.

En el área de Mahón, la más monumental, despunta un yacimiento: Talatí de Dalt, de finales del segundo milenio antes de Cristo. En él destacan una gran taula y varias cuevas megalíticas. Con el paso del tiempo, una pilastra acabó directamente apoyada en la piedra capitel, lo que le confiere una imagen mágica.

Poblado talayótico de Ses Paisses./Albireo386

Próximo a Maón se halla Trepucó, con un talayot que supera los 40 metros de diámetro, lo que le convierte en el mayor de las Baleares. Junto a él hay un santuario con la taula más grande de Menorca: 2,40 metros de altura. Aunque el poblado está bastante deteriorado, estos dos monumentos justifican de por sí la visita.

Aún otro enclave merece destacarse en el área de Mahón: Torrellonet Vell. Es obligado verlo, ya que se trata del talayot mejor conservado de la ínsula. Otro récord, el poblado prehistórico más grande del archipiélago, corresponde al poblado de Torre d’en Gaumés, en una colina con vistas al mar. Ocupa más de 60.000 metros cuadrados y se aprecian casas adosadas y cuevas naturales, tres talayots y un santuario con taula con unas murallas de piedra.

Talayot de Tudons.

No lejos de aquí, al sur de la isla, se enclava una de las mejores necrópolis de todo el Mediterráneo: Cales Coves. Y de allí, hay que acercarse hasta la Cova d’en Xoroi, desde donde disfrutar de una puesta de sol sobre el Mare Nostrum como n pocos lugares se obtiene. La siguiente parada del recorrido del viajero le lleva al pasado más remoto de Menorca camino a Ciutadela. Se trata, en realidad, del símbolo de la Prehistoria en la isla: la Naveta dels Tudons.

Este monumento con funciones funerarias, y excepcionalmente conservado, podría ser el edificio más antiguo de Europa. En su interior se han hallado numerosas piezas que ayudan a entender las culturas pre-talayótica y talayótica. No lejos, y en un atractivo entorno rural, está Torretrencada, donde destaca una gran taula. Otro conjunto arqueológico que hay que conocer es el de Torrellafuda. Este enclave, habitado entre los siglos XIV y XIII antes de Cristo, exhibe, entre la abundante vegetación, un talayot medio destruido y, a sus pies, una serie de taulas.

Talayot circular que se ubica en la isla de Mallorca.

Mientras, el sepulcro megalítico de Biniai Nou, a cinco km de Maón, permite al visitante conocer, junto a los dos hipogeos que dan lugar al monumento, los restos humanos más antiguos de toda Menorca (hacia 2300-2200 a.C.) La ruta por la isla también concede al viajero la oportunidad de conocer los pueblos de Es Mercadal, junto a la montaña y el santuario de la Mare de Déu de Toro, la cumbre más alta de Menorca, y Ferreries.

A través de la carretera que conduce a Es Migjorn Gran, el viajero puede acceder al desvío que lleva al poblado talayótico de Son Mercer de Baix. Destaca por los ejemplares de navetas que ha conservado. Después de Ciutadela, mediante la carretera de Son Saura, a seis kilómetros se accede al poblado talayótico de Son Catlar, que destaca por su muralla ciclópea, que alcanza los 800 metros de perímetro.

Talayot de Torrellonet Vell.

Coge asiento, ponte cómodo y presta atención al encanto audiovisual que ofrecen estas imágenes de paz y sosiego, ambientadas en los poblados megalíticos donde de hallan diseminados estas maravillas pétreas.

Dónde dormir: Apartamentos Marivent; Avda. Simon de Olivar, 10; 07760 Ciutadella de Menorca (Menorca); teléfonos: 971277009 y 607440461; jmayans@iies.es

Dónde comer: Restaurante Los Delfines; Delfines S/N; 07769 Ciutadella de Menorca (Menorca); Teléfono: 971388148

Valldemossa (Mallorca)

El principal reclamo histórico de la población de Valldemossa, situada a unos veinte kilómetros de Palma de Mallorca, es su cartuja, que debe su renombre internacional a dos de sus ilustres huéspedes: Frédéric Chopin y George Sand. La villa es un lugar de mucho encanto, con casas de piedra viva, rincones coquetos, montañas al fondo y una serenidad contagiosa.

No fueron los únicos que pasaron una temporada en ella, pues también lo hicieron otros célebres personajes como Rubén Darío, Jorge Luis Borges o Santiago Rusiñol, pero sí fueron los que dejaron en ella una huella imborrable y, de algún modo, la descubrieron al mundo.

Bella panorámica de la localidad de Valldemossa./Kork

El pianista, que llegó a la isla por recomendación médica buscando un clima beneficioso para su salud, y la escritora quedaron cautivados por la belleza de los paisajes de la zona. Ambos produjeron parte de su obra en la ínsula.

La visita a la Real Cartuja de Valldemossa incluye la mayor parte del conjunto monumental, cuyos orígenes se remontan al siglo XIV. Pueden verse la iglesia, la botica, la celda prioral y las celdas 2 y 4, justamente las que ocuparon Chopin y Sand, donde se exponen algunos de sus objetos, como el piano del músico, su máscara mortuoria y varios retratos.

Cartuja de Valldemossa./Maziacs

Lo mejor del monasterio son los paisajes de la sierra de Tramuntana y los frescos de la iglesia, que son de Bayeu, el cuñado de Goya. En el pueblo, antiguo, de calles empinadas, se han establecido algunos pintores.

Forman parte de la visita, además, el claustro y el museo municipal con obras de autores contemporáneos como Miró, Picasso o Tàpies. La visita se puede completar con con un paseo por el palacio del rey Sanç, en cuya torre residió Jovellanos durante su estancia en la isla.

Los hermosos paisajes se combinan con las edificaciones históricas./Berthold Werner

Además del campanario de La Cartuja, otra torre domina los tejados de esta localidad mallorquina: la de la iglesia parroquial de San Bartolomé (siglo XIII). Aquí también se puede conocer la casa natal de Santa Catalina Thomas, aunque su cuerpo incorrupto permanece en el convento de las Canonesas Agustinas de Santa Magdalena de Palma.

Si las fuerzas lo permiten, resulta recomendable acercarse también a Miramar, pueblecito pesquero a cinco kilómetros, que fue la residencia intermitente del archiduque Luis Salvador de Austria, hijo de los grandes duques de Toscana, y, mucho antes, de Ramón Llull.

El municipio mallorquín es residencia de muchos artistas./Gryffindor

Y si el viajero opta por seguir la carretera hacia Deià, cerca de Can Costa, una antigua possessió convertida en restaurante, se encuentra la ermita de la Trinitat, uno de esos rincones por los que no parece haber pasado el tiempo. El oratorio es del siglo XVIII.

Esta semana no iba a ser menos y no olvido incluir un vídeo que muestra en alta definición los encantos de este hermoso rincón balear. Todo un paraje idílico que enamoró a dos artistas de la talla de Chopin y Sand.

fuente: hd4tv

Dónde dormir: El Encinar de Valldemossa; mA-10, km 68,3; 07170, Valldemossa (Mallorca) Teléfono: 971612000; reservas@hotelencinar.com.

Dónde comer: C’an Mario; C/ Uetán, 8; 07170, Valldemossa (Mallorca) Teléfono: 971612122 y 971612122.

Mahón (Menorca)

Es, sin duda, una de las ciudades más atractivas de todo el Mediterráneo. Mahón, la capital de Menorca, emplazada en un bello puerto natural y rodeada por el Parque Natural de s’Albufera d’Es Grau, Illa d’en Colom i Cap de Favàritx, ofrece al viajero un nutrido patrimonio arqueológico y arquitectónico, fruto del paso de púnicos, romanos, moros y cristianos, de la ocupación inglesa (siglo XVIII) y de las fortunas amasadas por los contrabandistas.

Fundada por uno de los generales cartagineses y hermano de Aníbal, Magón (de ahí su toponimia), la ciudad, una vez anexionada por los romanos, fue conocida como Portus Magonis. Mahón sufrió, en el siglo XVI, un gran saqueo por parte de los corsarios de Barbarroja. También resultó tomada por los británicos en 1708 durante la Guerra de Sucesión española y cedida oficialmente a raíz del Tratado de Utrecht.

Puerto de Mahón./Henning Schröder

En el puerto menorquín, con cinco kilómetros de costa, el visitante, amén de hallar unos cuantos bares, restaurantes y terrazas, puede encontrar el castillo de San Felipe (hoy museo militar) En el casco antiguo, en concreto en el entorno de las plazas de Colón, Sant Francesc y Miranda, se concentran casas burguesas, algunas de estilo inglés e iglesias góticas reconvertidas en barrocas.

Centro histórico de la ciudad menorquina./ Hening Schröder

En medio del puerto, el recinto del Lazareto es un monumento de primera categoría. Se trata de una recia fortificación de finales del XVIII que se levantó para protegerse de las pestes y las enfermedades que portaban antaño las embarcaciones que llegaban al puerto.

Una calle típica de Mahón./ quaintwood

S’Esplanada, uno de los centros vitales de Mahón, fue la plaza de armas de un acuartelamiento británico. El conjunto monumental más importante del municipio se encuentra en el solar antiguo de la ciudad. Aquí se levantan la iglesia de Santa María, el ayuntamiento, el edificio de principal de Guardia y, a pocos metros, el convento del Carme.

Parroquia del Carmen.

La primera es, después de la catedral de Ciudatella, el templo más conocido de la isla. Cuando el otomano Barbarroja atacó y saqueó la ciudad, el edificio quedó muy dañado. Su fachada oriental da a la plaza de la Conquesta, que tiene una estatua que representa al rey Alfonso III, quien incorporó la isla al Reino de Aragón.

Los aficionados a los cócteles deben visitar las destilerías del famoso gin mallorquín que se sigue fabricando por el método inglés, consecuencia de la invasión y fugaz ocupación británica de la isla, apenas setenta años, en el siglo XVIII. También encantador resulta el cementerio de los Ingleses. Aquí yacen marineros estadounidenses que fallecieron durante las estancias de los US Navy entre 1818 y 1870.

Vídeo resumen que invita a conocer Mahón: