El Jardín de los Poetas Ingleses en Lopera (Jaén)

Lopera tiene en el centro del pueblo un castillo singular constituido por un amplio recinto exterior pentagonal, con elementos del siglo XIII muy reconstruidos, y un núcleo central formado por dos hermosas torres del homenaje, unidas por torres de cremallera. La primera alberga una preciosa capilla cubierta de bóveda esquilfada.

A las afueras del pueblo, junto al puente del arroyo Salado, quedan trincheras de hormigón y casamatas de la Guerra Civil con aspilleras para la fusilería, así como las instalaciones para ñas ametralladoras y los refugios para tropa. Completan la muestra otras trincheras en zigzag excavadas en el cerro de las Asperillas. En estos lugares, dos días después de la Nochebuena de 1936, algunos batallones de las Brigadas Internacionales intentaron recuperar el pueblo y cosecharon un completo fracaso.

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El castillo de Lopera./francisco barranco

Entre los brigadistas ingleses muertos figuraban dos intelectuales comunistas procedentes de las universidades de Oxford y Cambridge respectivamente, el poeta y escritor Ralph Fox, de 36 años de edad, que cayó el día 27, y su colega y amigo, el poeta John Cornford, de 21 años de edad, bisnieto de Charles Darwin, que cayó al día siguiente. Los cuerpos nunca se encontraron. Se dice que un dirigente comunista británico le había sugerido a Cornford: “Ve a España y deja que te maten: necesitamos un Byron en el movimiento”.

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Monumento dedicado a los brigadistas en Lopera.

El pueblo ha erigido en memoria de los poetas un sencillo monolito de cemento armado en el jardín del Pilar Viejo, hoy Jardín de los Poetas Ingleses.

El viajero amante de la historia tiene en Jaén otros destinos que merece la pena visitar. Arqueológicos como Porcuna, de bella estampa como Segura de la Sierra o de misterio como Bélmez de la Moraleda.

Los Mallos de Riglos (Huesca)

Como columnas colosales de una desaparecida civilización de gigantes se yerguen los Mallos de Riglos. Estas moles sedimentarias de cantos rodados del Terciario modeladas por la erosión alcanzan los 300 metros de altura.

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Los Mallos de Riglos./eigernordwand

Su color rojizo denota abundancia de arcillas férricas o quizá que aquellos gigantes practicaban sacrificios sangrientos. Ante los Mallos de Riglos nadie permanece indiferente. El deportista ve el desafío de una mole pétrea que invita a la escalada; el ornitólogo o mero pajarero se extasiará ante la abundancia de seres alados que pululan por las numerosas oquedales de las rocas; el excursionista romántico aguardará al atardecer, cuando el sol poniente enciende los colores de los Mallos, como un ascua, como una joya, como un sol que se extingue para mirarse en los ojos de la amada.

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La iglesia de Riglos./Pablo Moratinos

Es una buena ocasión para visitar la cercana ermita románica de San Martín, a la entrada de Riglos, y admirar sus pinturas.

La provincia de Huesca esconde muchos otros atractivos: la estación de Canfranc, que se convirtió en un nido de espías durante la II Guerra Mundial, el municipio de Alquézar, la ciudadela de Jaca o el castillo de Monzón, donde los templarios educaron al futuro monarca de Aragón Jaime I.