Real Fuerte de la Concepción (Salamanca)

Desde el aire, su silueta configura una estrella de ocho puntas. Impresiona de veras. A ras de suelo, un buen número de pasadizos, recios muros, baluartes, taludes, fosos, puentes levadizos y escudos reales le dotan de un vigor del que gozó siglos atrás. Impone este lugar no turístico, sin duda. Fue un emplazamiento estratégico durante la Guerra de la Independencia contra Napoleón y los franceses. Tal fue así que los ingleses que tomaron parte en la contienda en alianza con los españoles, al mando del general Wellington, volaron el Real Fuerte de la Concepción durante su retirada. Después de quedar abandonado durante medio siglo y vendido a particulares, en la actualidad la fortaleza se ha recuperado como alojamiento hotelero de lujo.

Los orígenes de este bastión militar defensivo se remontan al siglo XVIII, aunque ya en 1664 el fracasado intento de Felipe IV de tomar Portugal tanteó la construcción de un primer baluarte en la localidad de Aldea del Obispo. Con la entrada de los Borbones en el trono de España, Felipe V de Anjou encargó al ingeniero militar Pedro Moreau y a los arquitectos Manuel y José de Lara Churriguera restituir el poder defensivo del Fuerte de la Concepción, en la ribera salmantina del río Turones. Su finalidad: defender la frontera española y así contrarrestar las plazas fuertes existentes en Portugal de Olivenza, Elvas, Valença do Miño y, sobre todo, de Almeida.

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El Real Fuerte de la Concepción, con forma de estrella, visto desde arriba.

Moreau aprovechó la excavación realizada 70 años atrás y comenzó a levantar la fortaleza con la inestimable ayuda de Manuel de Lara Churriguera, autor de la decoración de la puerta principal, con su impresionante escudo real, que algunos investigadores atribuyen a su hermano José. El resultado fue una fortificación poderosa. Cuatro macizos baluartes pentagonales situados en los ángulos, construidos con taludes de tierra y reforzados por empalizadas de madera y cestones ofrecían un baluarte majestuoso. Su patio de armas alcanzó los 3.600 metros cuadrados. Ahí es nada.

El momento de mayor actividad vivido por el Fuerte de la Concepción se circunscribe al periodo de la Guerra de la Independencia. Los franceses, una vez que ya habían ocupado casi todo el territorio español sobre 1810, con Napoleón al frente, decidieron por tercera vez invadir Portugal para anexionársela al imperio galo. La nueva ruta de asedio discurrió a través del camino real por Salamanca y Ciudad Rodrigo camino de Lisboa. El fuerte se convirtió en campo de batalla en plena Raya fronteriza tras el desembarco de Lord Wellington, que pasaría a ocupar el mando del ejército anglo español.

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Fachada del fuerte reconvertido ahora en hotel de lujo.

A mediados de 1810 los británicos, en su retirada, hicieron añicos el Fuerte de la Concepción. Los cuatro revellines que protegían sus muros fueron destruidos, así como dos de sus baluartes. Otras zonas de la muralla se desmoronaron. El fuerte de San José y el cuartel circular de Caballerizas también fueron volados por los ingleses. Los estragos de la pólvora permanecen en los muros como fiel testigo de aquella contienda para disfrute del viajero apasionado por la historia.

Un año después se revivió otra contienda, en concreto la batalla de Fuentes de Oñoro. Las dos potencias europeas hegemónicas por aquel entonces volvieron a combatir de nuevo en el Fuerte de la Concepción, en un enfrentamiento que se cerró con la victoria de los ingleses y motivó la huida francesa de Almeida y el final de la guerra en Portugal. El 19 de enero de 1812 entró Wellington en la ciudad helmántica de Ciudad Rodrigo. Francia ya cavó su derrota hasta su expulsión definitiva de la Península Ibérica.

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Los ingleses, con Wellington a la cabeza, volaron la fortaleza.

La conclusión de la contienda que echó fuera de nuestras fronteras a los invasores galos marginó al propio fuerte, que en tiempos de Isabel II pasó a manos privadas. Parte de su patrimonio fue expoliado, coincidiendo con el declive de la propia España y un Portugal ya independiente, antaño el mayor imperio del mundo de su época. El inexorable paso del tiempo sumió a este histórico bastión en el olvido y lo conminó al abandono, convirtiéndose en una fantasmal isla de piedra en plena dehesa salmantina.

Hoy, el fuerte rememora aquel pasado de contienda bélica desde la calma y el sosiego que proporciona su reconversión en remozado hotel de unas cuantas estrellas. El establecimiento ha aprovechado a la perfección el recuerdo de aquel pasado para levantar un alojamiento con historia, alejado de los convencionalismos. Es la única fortaleza en forma de estrella, del llamado estilo Vauban, convertida en hotel en toda Europa. Uno más de los serios motivos para viajar a Salamanca o Castilla y León. Y dejarse llevar.

Donde dormir y comer: Posada Real Fuerte de la Concepción; avenida de Portugal, s/n; Aldea del Obispo (Salamanca); teléfono: 923109990.

Plano Fuerte de la Concepción

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2 pensamientos en “Real Fuerte de la Concepción (Salamanca)

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